DEPRESIÓN Y ACEPTACIÓN

Te hablo de la depresión más grave, la depresión padecida como abandono de uno mismo, de su bienestar, de su éxito, de su felicidad, de sus metas y de sus relaciones. La depresión sentida como una indefensión ante las circunstancias que uno vive, como incapacidad genética para superar las pruebas de la vida y situarse con éxito en el centro de la propia existencia. La depresión como resultado del descenso peldaño a peldaño a un hoyo del que ya no se puede salir, como desfallecimiento y debilidad extrema para dar el próximo paso.

La depresión como vergüenza inaguantable de ser quien se es, de considerarse en esencia ignomioso, degradado e inválido. La depresión como vergüenza ante los propios deseos no manifestados, ante la propia naturaleza no revelada y expresada en lo que uno hace, opina y siente. La depresión como sentimiento habitual de inferioridad ante los demás, ante otros con más derecho a ser ellos mismos, a hacer lo que quieran, a coger lo que deseen y a sentirse bien. La depresión como sumisión y dependencia a fuerzas más poderosas, más autorizadas, más afortunadas que uno mismo, subyugación a poderes que parecen tener derecho sobre tu vida.

La depresión como sentencia autoinflingida de culpabilidad por los propios pecados, errores y faltas. La depresión como delito de ser quien uno es, con imperfecciones que se viven como anomalías sistémicas. La depresión que lleva a la justificación del daño recibido, de la necesidad de ser castigado y de buscar el dolor para pagar la fianza. La depresión como intento de acabar con uno mismo, a través de decisiones y de acciones, con pequeños suicidios diarios.

La depresión como cansancio del propio enfado, del resentimiento y de la cólera que nunca acabó de conseguir justicia, resarcimiento y libertad. La depresión como resultado de estar agotado porque la rabia se convirtió en impotencia. La depresión como rendición de uno mismo, que se declara inútil para vivir su vida. Abandonarse y extinguirse.

La depresión como némesis de la autoestima, que reconoce el derecho a ser quien uno es como derecho fundamental de tu vida. La depresión como intento de asesinato, de matar el amor a la vida tal y como es, tal y como uno es en ella. Se nos concedió el regalo de la vida, el privilegio de existir durante un tiempo, de pasar de no ser a ser y luego no volver a ser. En ese intervalo, en ese suspiro de un momento dentro de la eternidad que estaba antes y estará después nos encontramos viviendo, tal y como somos. De la depresión no se sale siendo el más fuerte, el más rico, el más guapo, el más famoso, el más listo. No se supera cuando cambie el mundo, otras personas, las reglas, el trabajo o la cuenta corriente. De la depresión se sale cuando uno acepta volver a ser él mismo, tal y como era antes de la depresión. La depresión es un abandono en un momento dado de la propia existencia, que no se acepta. Cuando uno acepta que tiene aún su lugar en el mundo esperándole, que siendo quien es tiene los recursos suficientes para ocupar ese lugar y disfrutar del paseo por la vida, que tuvo un inicio con el nacimiento y tendrá un fin con la muerte. Mientras dure ese paseo, sé feliz. Sé tú, acéptate.

FRASE: “Abandonar puede tener justificación; abandonarse no la tiene jamás” Ralph Waldo Emerson

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