CONOCIMIENTO, EXPERIENCIA Y AUTOESTIMA

Conocer no es lo mismo que vivir. El dato contra la vivencia. Saber que la Torre Eiffel es una estructura de hierro que está en Paris, capital de Francia… o verla por primera vez desde la plaza del Trocadero. Leer con tus propios ojos, la inscripción del poeta Paul Valéry en el palacio Chaillot, bajando hacia los jardines de Trocadero, versos que no hablan sólo del edificio sino de la aventura de la vida:

“Depende del que pasa

que yo sea tumba o tesoro

que hable o me calle

esto sólo depende de ti

amigo no entre sin deseo”

El conocimiento como la adquisición y almacenamiento de contenido intelectual. Saber mucho sobre algún tema concreto, almacenar datos y recordarlos a voluntad. Ser una persona culta e ilustrada, lectora de libros, asidua a Google y curiosa por naturaleza. Utilizando el lóbulo temporal de tu cerebro como vasto almacén, donde reside la denominada memoria de datos. La experiencia como participación y vivencia en hechos y situaciones reales que te hacen sentir, experimentar, “catar” la vida. La experiencia donde interviene todo tu cuerpo, todas las células viviendo la realidad del momento y aprendiendo de ella. Oliendo, tocando, escuchando, viendo, sintiendo lo que ocurre. Asimilando el efecto de lo que te está pasando, y te pasa porque estás allí.

Dice Wayne Dyer que toda la gama posible de la experiencia humana es tuya si decides aventurarte en terrenos que a priori no ofrecen garantías. Saliendo del espacio de seguridad, del conocimiento frío al calor de la vivencia. Se te queda corta para avanzar la experiencia de otros, que ya visitaron el Trocadero, que te dijeron lo maravilloso que es y lo que les impactó. Pero fue su experiencia, no la tuya. Si no vas, no lo experimentas y te lo pierdes. Sabes que es una obra magnífica, pero ese saber no te “calienta” porque no entró por tu piel.

Pero la experiencia como mera vivencia puede ser como las luces de popa de un barco, que sólo alumbran hacia atrás, el pasado. Para convertir la experiencia en un elemento enriquecedor también necesitamos la reflexión. Digerir con nuestra inteligencia lo que hemos vivido. Si ha sido un error no convertirlo en fracaso al no entenderlo como una etapa más de nuestra evolución; vivir la experiencia negativa desde la aceptación. Si ha sido un éxito no convertirlo en una embriaguez del ego; vivir la experiencia positiva desde el agradecimiento.

Volvamos a leer de nuevo los versos de Paul Valéry. Deseo que los recuerdes y alumbren tus pasos por el tiempo que se te ha concedido.

Frase: “Confieso que he vivido” Pablo Neruda

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