ABURRIMIENTO

El aburrimiento es uno de los males emocionales de nuestra sociedad. Incluso en esta época de múltiples estímulos y distracciones, de más opciones vitales y profesionales que nunca, estar aburrido es una queja habitual en muchas personas, que se aburren en su trabajo, en su tiempo de ocio o en su relación de pareja. Desde el aburrimiento de no saber qué hacer en unas vacaciones o en un fin de semana, pasando por el aburrimiento de repetir las mismas tareas en el trabajo hasta el aburrimiento de la rutina de la convivencia en la pareja. También la sensación de vacío, como que falta algo, ese estímulo que de repente cambie el hastío por excitación. La espera desesperante de una aventura, una persona o una ocupación nueva que nos rescate de nuestro aburrimiento. Algo o alguien que nos empuje fuera de nuestro espacio de comodidad y nos asegure pasarlo bien sin pasarlo mal. Excitación sin inquietud, el deseo de nuestro tiempo.

El aburrimiento puntual no es peligroso. Hay personas que necesitan sentir continuamente sensaciones positivas, sentirse en efervescencia y toleran poco los momentos sanos de descanso, pausa y meditación. Son momentos que sirven para encontrarse con uno mismo, quizás uno de los miedos de los buscadores de sensaciones. Decía Erasmo que el que conoce el arte de vivir consigo mismo ignora el aburrimiento. El aburrimiento silencioso y cotidiano es el peligroso, el acompañante silencioso, el invitado no deseado, la sensación tortuosa de que se escapa el tiempo lenta e irremediablemente, como arena entre nuestros dedos. Pudrirse emocionalmente es morirse poco a poco. La búsqueda sólo en el exterior de la solución a nuestro aburrimiento está llena de trampas. Sin cambiar nosotros por dentro, sin arriesgarnos a ser, pensar y sentir de diferente formas quedamos expuestos a la aparatosidad de los estímulos que nos bombardean. Como caricatura metafórica de esta idea, matar el aburrimiento de esta manera nos empujaría a vivir en la luminosidad de Las Vegas, en la hiperactividad de Nueva York o en la belleza de París día a día… pero hasta esto nos llegaría a aburrir.

La mejor forma de romper con el aburrimiento comienza con el cambio interno. La solución surge de lo que realmente quieres TÚ, de aquello que te motiva a salir a tu espacio de reto, a cambiar tu forma de ser, pensar y sentir para que eso se refleje en un cambio gradual de lo que te ocurre fuera. Es un cambio engañoso y con fecha de caducidad que ocurran cosas nuevas en tu vida si no van acompañadas de pensamientos y paradigmas nuevos. Una nueva forma de entender tu trabajo, de valorar tu tiempo, de relacionarte con el dinero, de vivir tu sexualidad o de comunicarte con tu pareja. La flexibilidad y la tolerancia hacia ti mismo en el camino hacia tu transformación, como cimientos del cambio para dejar atrás el aburrimiento. Utilizar tu imaginación creativa, tus experiencias positivas y los maestros que te encuentras en tu vida, aquellos que han vencido el aburrimiento antes que tú, como impulsores hacia la vivencia plena de tu existencia y hacia la alegría de vivir.

Frase: “Aburrirse es besar a la muerte”. Ramón Gómez de la Serna

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