Si hay una relación que nos marca con intensidad, es la que mantenemos con nuestras madres. De alguna forma, son nuestro primer recipiente corpóreo, nuestra primera experiencia con la materia. Nuestras mentes, nuestras ideas y pensamientos comienzan a formarse dentro de su propio cuerpo. Recibimos de ellas, a través de las intrincadas vías neuro-hormonales, todas sus vivencias, sus emociones más profundas, sus alegrías y sus ansiedades. En el cobijo de su útero, bebemos un singular...