Nuevo año, nuevos hábitos. O eso intentamos todos, aprovechar el empuje del cambio para avanzar. He encontrado en internet una antigua fábula sobre el estrés que me gustaría compartir en este blog. Dice, “una psicóloga en una charla levantó un vaso con agua. Todos pensaron que preguntaría si el vaso se veía medio lleno o medio vacío, pero no fue así. ¿Cuánto pesa este vaso de agua? - Preguntó. Las variadas respuestas oscilaban alrededor de los 200 ml. A lo que ella reflexionó, el peso absoluto no es lo realmente importante sino el peso relativo. Y este dependerá de cuánto tiempo sostengas este vaso en tu mano.”  No es lo mismo que lo sostengas durante 1 minuto, 5, 10 minutos, 1 día entero que toda una vida. El peso no cambiará, pero sin duda, cuanto más tiempo lo sostengas en tu mano, más pesado y difícil de aguantar será. ¿Qué tiene que ver esta fábula con los hábitos? En concreto, voy a referirme a los hábitos mentales y negativos que mantenemos. Pensar mal un poco genera malestar, pero...

Tu crecimiento personal y tu bienestar no siempre se desarrolla en línea recta. En el ser humano son habituales y seguramente necesarios las idas y venidas, los pasos adelante y los pasos atrás. Aprendemos por ensayo y error. Y tan importantes son los aciertos como los fallos. En muy frecuente que cuando estás trabajando un área de tu vida que quieres mejorar, puede ser por ejemplo tu alimentación, la gestión de tus emociones o el control de tus pensamientos. Y llevas un tiempo trabajando duro, siendo cada vez más consciente, aplicando con disciplina lo que has aprendido, viendo los primeros resultados, incluso empezando a sentir esa satisfacción de quién acaricia el éxito. De repente “todo se tuerce” y te das un atracón o comes cosas que sabes te sentarán mal, tus emociones vuelven a desbordarte y ves cómo te acercas peligrosamente a la espiral del sufrimiento o pierdes completamente el control de lo que piensas y comienzas ese discurso destructivo que sabes el daño que te hace. ¿Qué ha pasado? Esa es una excelente pregunta. En realidad solo...

Si nuestro estado de ánimo influye en nuestra postura, ¿puede nuestra postura influir en nuestro estado de animo? Si nos cruzamos con alguien cabizbajo, con los hombros caídos, con los brazos colgados sin balanceo, arrastrando los pies,… ¿no pensarías que se trata de una persona triste, abatida, fracasada y pesimista? La postura inversa esta asociada a un estado de ánimo de felicidad, autoseguridad, y confianza. Con la expresión facial ocurre más de lo mismo. ¿No has simulado alguna vez cara de pena y te has sentido profundamente triste incluso te han dado ganas de llorar? Al analizar los efectos que la postura descrita tiene en el organismo se detectan anomalías como alteraciones musculares, disminución de la capacidad torácica y por tanto de la oxigenación sanguínea, dolores de cabeza y trastornos digestivos entre otros. Razones más que suficientes para tratar de ser consciente de la postura que mantienes, corregirla si es preciso y utilizar la postura para ayudar a generar sentimientos positivos. Si cambias tu postura, también cambiarás tu estado emocional. Cuanto más acostumbres a tu cuerpo a colocarse en una...