“Los 10 ladrones de energía” es un escrito que me ha llegado a través de la red, atribuido al Dalai Lama. Son 10 recomendaciones muy sencillas para sentirte bien y no desperdiciar tu poder y energía. Quiero compartirlo contigo porque guardan mucha relación con la autoestima y seguir estos consejos se convierte en un puente a tu felicidad. Estos son: Deja ir a personas criticas y quejosas que sólo hablan de problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un cubo para echar su basura, procura que no sea en tu mente. Paga tus cuentas a tiempo. Al mismo tiempo cobra a quién te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle. Cumple tus promesas. Si no has cumplido, pregúntate por qué tienes resistencia. Siempre tienes derecho a cambiar de opinión, a disculparte, a compensar, a re-negociar y a ofrecer otra alternativa hacia una promesa no cumplida; aunque no como costumbre. La forma más fácil de evitar el no cumplir con algo que no quieres hacer, es decir NO desde...

Simplificar implica una vida más sencilla, natural, fácil y desapegada de objetos inútiles, compromisos absurdos, relaciones que no te aportan nada y actividades improductivas. Una vida más libre, honesta y coherente contigo y tus necesidades personales. Simplificar, en definitiva, es contar con más tiempo para hacer lo que realmente quieres hacer. Al final, lo que llamamos “la vida” es solo tiempo y tú elijes disfrutarlo o complicarte. Elaine St. James, escribió en el 2002 “Simplifica tu vida” y se convirtió en un éxito de ventas. En el libro describe su experiencia personal y cómo su marido y ella estaban inmersos en la espiral del consumismo, los excesos y el “cuanto más mejor”. Eso les obligaba a realizar trabajos cada vez más exigentes, estresantes y menos gratificantes para pagar todas aquellas cosas acumuladas que en realidad no terminaban de disfrutar. En algún momento, tuvieron la lucidez de hacer algunos cambios y priorizar vivir a tener. Y el resultado de esa experiencia son los 100 consejos que ella propone para hacer la vida más fácil, más cómoda y...

Algunas personas confunden la autoestima con un sentimiento de superioridad y suficiencia que les hace sentir por encima de los demás. Es frecuente identificar el orgullo, la soberbia, la arrogancia, el narcisismo o la vulgar chulería con la auténtica autoestima. Nada más lejos de la realidad, porque esas actitudes son una compensación más o menos elaborada para ocultar una fuerte inseguridad personal. Son el disfraz del miedo al fracaso y la dependencia de reconocimiento y atención de otras personas. Y muchas veces da igual que la atención venga en forma de valoración positiva o de crítica negativa, lo que cuenta es estar en el punto de mira de los otros y que nos alimenten el ego con su atención. Detrás de esas conductas de falsa superioridad suele enmascararse la vergüenza, la culpa, el temor o el sentimiento de infravaloración personal. La soberbia es en realidad, la otra cara de la vergüenza y siempre lleva componentes de desprecio y exclusión. Desprecio a la opinión de los otros, a su consejo, a su éxito, a su felicidad o...