El lenguaje es maravilloso, fascinante, tanto es así que, gracias a él, nos diferenciamos y caracterizamos como especie. Dentro de cada ser humano existen infinidad de lenguajes; existe el lenguaje interno, el externo, el verbal, el no verbal, el consciente, inconsciente y todos y cada uno de ellos tiene la capacidad de cambiar y configurar nuestro presente y también el de los demás. A través del lenguaje los seres humanos somos capaces de expresar y configurar nuestra propia personalidad, el lenguaje es capaz de afectar a nuestras emociones, sentimientos y por supuesto también a sistemas tan anclados como nuestros valores, nuestras capacidades, nuestras carencias y nuestras relaciones. Cierto es que muchos de los patrones lingüísticos que cada uno de nosotros adoptamos en muchas ocasiones, son heredados del contexto cultural, familiar o social donde nos desarrollamos; sin embargo estos datos no tienen ni el peso ni la fuerza suficiente para condicionarnos eternamente. El lenguaje es modificable, plástico y gestionable, tan solo depende de la actitud que adoptemos ante este. Para poder cambiar estos patrones, el primer paso que debemos...

Más allá del lenguaje como herramienta de comunicación, de utilizar palabras como códigos que nosotros entendemos y otros entienden, hay una teoría lingüística que afirma que el lenguaje determina nuestra manera de organizar, pensar y percibir el mundo. El lenguaje como moldeador de nuestro pensamiento, como cincel que esculpe nuestra realidad. El lenguaje, entonces, es un regalo en forma de llave para abrir nuevos mundos y nuevas oportunidades. Cuantas más llaves, cuantos más lenguajes dominemos, más poder tendremos. Decía Emerson que nadie debería viajar hasta que no haya aprendido el idioma del país que visita porque de lo contrario se convierte voluntariamente en un bebé, indefenso y ridículo. Se refiere a la riqueza cultural, social y personal que genera aprender otros lenguajes. Posiblemente ya no sólo idiomas sino también dentro de nuestro mismo idioma el “lenguaje de la calle”, el lenguaje de los adolescentes, el lenguaje de la música, el lenguaje de la abundancia, el lenguaje de la felicidad o el lenguaje de posiciones políticas diferentes. El poder del lenguaje como refleja esta teoría requiere que abramos...

Vives en una realidad simbólica. Y lo que es real e innombrable lo hemos transformado en una realidad conceptual y abstracta porque codificamos e interpretamos lo que vivimos a través de un lenguaje simbólico. Y así las cosas han dejado de ser lo que verdaderamente son para transformarse en lo que decimos de ellas. Los símbolos son representaciones acordadas socialmente sobre algo. Una bandera identifica a un país y es el símbolo de una cultura. El dinero simboliza el valor económico de las cosas. La cruz simboliza el cristianismo y los cristianos se identifican con ella. Pero la bandera solo es una tela y no el país, el dinero solo papel y no un valor real de las cosas, la cruz solo madera y no una religión. Pero estamos tan inmersos en esa realidad simbólica que confundimos con lo real lo que solo son significados simbólicos, y nos identificamos tanto con ellos y los sentimos tan nuestros, ya se trate de la bandera, el dinero o la cruz por podemos llegar a matar o morir por ellos....