El poder es una fuerza incontrolable. Es una mezcla de dominio, licencia y empuje que obnubila al más lúcido y desequilibra al más templado. El poder convierte en manipulador, mentiroso, abusador y frío a quien no se protege de él. No hay ser humano que controle al poder, es el mismo autoengaño que sufre el adicto cuando cree controlar la droga que consume. Quien quiere poseerlo, es poseído. Donde hay poder, hay psicópatas. Nacidos ya así o modelados por el propio poder. Les encanta, se sienten atraídos como la miel a las moscas. Cuántas personalidades psicopáticas camufladas y durmientes salen a la luz en cuanto tocan el poder. Un ascenso, un puesto de responsabilidad, manejar un gran presupuesto, ser nombrado jefe, un golpe de fama o tener más ascendencia que otros en un momento dado es una invitación a que el ego empoderado campe a sus anchas. El poder mal gestionado da lugar a conductas psicopáticas con resultados devastadores para quienes sufren dichas conductas… pero también para los propios psicópatas. Quién recibe el regalo envenenado del poder...

Tú no eres quién tú te crees. El EGO es una construcción mental de quién eres, una autoimagen, un YO que hemos fabricado a lo largo de los años con experiencias, creencias, mensajes de nuestros padres, etc. En función de esa construcción generas tu vida. No te vas a librar de él pero si puedes aprender a reconocerlo y poner a tu EGO a dieta. Y puedes lograr acercarte a Quién Realmente Tú Eres. Quién Realmente Eres (QRE), no es racional, es tu verdadera esencia, es todo aquello que harías si no tuvieras miedo, si confiaras en ti, si fueras lo más importante de tu vida, si te aceptaras y aceptaras a los demás, … si no estuviéramos condicionados como lo estamos. El orgullo es ese sentimiento relacionado con la opinión que tenemos de nosotros mismos siendo una sana y lógica satisfacción asociada a los logros académicos alcanzados, a la paella cocinada, al informe realizado, al libro publicado, a cómo has dejado de limpio tu coche, etc. Mientras que en la vanidad hay un interés por lo que los demás...

Entendemos la autoestima como la relación que mantienes contigo mismo. Al igual que si se tratara de la relación con cualquier otra persona, si te hablas bien, te dedicas tiempo, eres cariñoso y amable, te procuras lo mejor, te cuidas, te quieres, te das valor, etc. mantendrás una interacción sana. Tener una sana relación con uno mismo siempre se traduce en felicidad. Cultiva en ella la integridad. Tener integridad implica ser honesto contigo mismo y no engañarte ante una situación. El autoengaño está en la base de muchas de nuestras peores decisiones. Si no somos capaces de valorar la realidad que nos rodea de una manera objetiva es difícil que actuemos en consecuencia y que nuestra respuesta sea adecuada a esa situación. Querer creer que el chico que acabamos de conocer es de fiar y decidir prestarle el dinero que tanto necesita cuando hay señales, que nos negamos a ver, de que quizás nos estafe podría ser un ejemplo de esa ceguera. La mayoría de nuestros problemas están ocasionados porque nos engañamos a nosotros mismos. De hecho, cuando...