Nuevo año, nuevos hábitos. O eso intentamos todos, aprovechar el empuje del cambio para avanzar. He encontrado en internet una antigua fábula sobre el estrés que me gustaría compartir en este blog. Dice, “una psicóloga en una charla levantó un vaso con agua. Todos pensaron que preguntaría si el vaso se veía medio lleno o medio vacío, pero no fue así. ¿Cuánto pesa este vaso de agua? - Preguntó. Las variadas respuestas oscilaban alrededor de los 200 ml. A lo que ella reflexionó, el peso absoluto no es lo realmente importante sino el peso relativo. Y este dependerá de cuánto tiempo sostengas este vaso en tu mano.”  No es lo mismo que lo sostengas durante 1 minuto, 5, 10 minutos, 1 día entero que toda una vida. El peso no cambiará, pero sin duda, cuanto más tiempo lo sostengas en tu mano, más pesado y difícil de aguantar será. ¿Qué tiene que ver esta fábula con los hábitos? En concreto, voy a referirme a los hábitos mentales y negativos que mantenemos. Pensar mal un poco genera malestar, pero...

Cuantas veces habremos oído en boca de amigos, familiares, parejas, compañeros de trabajo o incluso por nosotros mismos “ yo soy así y ya no voy a cambiar”. Una frase comodín, recurrente, utilizada intencionalmente por aquellas personas que normalmente suelen repetir los mismos malos hábitos, las mismas malas costumbres o las mismas malas conductas, creyendo que por arte de magia, esgrimiendo dicha excusa, sus consecuencias naturales quedan subsanadas, obteniendo el perdón del entorno y de sus más allegados. Para poder hacer frente a este cliché os lanzo la siguiente pregunta ¿Sois vosotros los mismos que hace uno, dos o tres años?...