Guardamos ropa que ya no nos sirve, no nos gusta o nos incomoda llevarla, zapatos viejos por su valor sentimental, los apuntes de la carrera por lo mucho que nos llevó que quedaran con ese aspecto final, cosas ni que sabemos que tenemos guardadas, rincones de abandono y acumulación de “trastos viejos” por si en algún momento nos hace de nuevo falta, libros que no hemos leído y que jamás leeremos, helados en el fondo...