La inspiración la entendían los griegos como un estado de gracia concedido por las musas. Una especie de rapto psíquico durante el cual el afortunado entraba en contacto con la fuente del conocimiento universal. Como prueba de semejante viaje espiritual, el elegido ofrecía a los humanos una obra de genuina belleza, auténtica genialidad y, en adelante, veta sagrada y modelo de referencia para el común de los mortales. El inspirado se convertía en un gran...