Somos muy vulnerables a la publicidad. Su mensaje llega a nuestro cerebro aunque pensemos que somos más inmunes a ella de lo que en realidad somos. La repetición continua en forma de bombardeo publicitario, la intensidad y la emocionalidad de cada anuncio están diseñados para animarnos a comprar. La publicidad convierte el acto de comprar en un privilegio, en una necesidad o en un derecho. Fusiona compra con egocentrismo porque sabe que es un mensaje...