La educación emocional y el fomento de la inteligencia emocional a cualquier edad y en cualquier entorno, familiar, escolar o laboral, se focalizan en el desarrollo de una serie de competencias. Cuando hablamos de competencias nos referimos a capacidades adquiridas, por medio de las experiencias y la formación, aprendidas y por lo tanto entrenables y desarrollables. Esa es la clave, no hablamos de personalidad o carácter, como excusa para no crecer psicológicamente o como etiquetación...