LAS 5 COMPETENCIAS EMOCIONALES BÁSICAS

La educación emocional y el fomento de la inteligencia emocional a cualquier edad y en cualquier entorno, familiar, escolar o laboral, se focalizan en el desarrollo de una serie de competencias. Cuando hablamos de competencias nos referimos a capacidades adquiridas, por medio de las experiencias y la formación, aprendidas y por lo tanto entrenables y desarrollables. Esa es la clave, no hablamos de personalidad o carácter, como excusa para no crecer psicológicamente o como etiquetación para simplificar y catalogar a las personas para siempre. De catalogar a alguien como impulsivo a trabajar su autocontrol, de catalogarle como insensible a desarrollar su empatía, de catalogarle como perezoso a fomentar su automotivación.

La primera competencia emocional básica es la autoconciencia emocional, ser capaces de conocer nuestras emociones e identificar en qué estado emocional nos encontramos. Sin autoconciencia emocional, caminaremos por nuestra vida sin una brújula, perdidos y desorientados. Por ejemplo, ante una sensación interna de rabia, no es lo mismo identificarla como un enfado que como una frustración. La sensación corporal es muy parecida pero se necesita autoconciencia emocional para identificar la diferencia. El enfado tiene que ver con sentirnos perjudicados y la frustración tiene que ver con no conseguir lo que deseamos. Confundir uno con otro puede hacer que ante una frustración normal nos comportemos de forma agresiva al confundirla con un enfado. Y viceversa, cuando algo nos esté dañando realmente nos comportemos de forma demasiado pasiva porque la consideremos una frustración que hay que aguantar.

La segunda competencia emocional básica es el autodominio emocional, referida a ser capaces de controlar nuestros impulsos y responder a situaciones complejas más allá de las reacciones a corto plazo. Las emociones son de naturaleza apasionada e impulsiva, buscan una solución rápida y potente que viene bien en problemas que requieren de dicha “fogosidad”. Pero ya no vivimos en la selva, las dificultades cotidianas y los problemas complejos son laberintos, dilemas y acertijos. Requieren de reflexión y planificación. Sin autodominio, simplificamos tanto nuestra respuesta a los conflictos y dudas que parecemos neandertales aporreando un ordenador.

La tercera competencia emocional básica es la automotivación, que se refiere a la capacidad de cada persona para establecerse objetivos, ilusionarse con ellos y adjudicar los recursos y energía necesarios para lograrlos. La automotivación es la diferencia entre vivir la vida de otros, o la vida desde otros, a vivir nuestra propia vida. Es ponernos retos, objetivos y salir del espacio de comodidad. Es asumir situaciones externas y hacerlas propias sin caer en la rebeldía o en la resignación. Sobre nuestras motivación decidimos nosotros, a veces sobre el qué hacer y otras sobre el cómo hacerlo.

La cuarta competencia emocional básica es la empatía, entendida como la capacidad de ser consciente de los sentimientos, necesidades y preocupaciones de los demás. Es el paso de la independencia emocional, que se ha logrado con las tres primeras competencias, a la interdependencia emocional. Del “Yo soy importante” al “Nosotros somos importantes”. Es reconocer la importancia de los demás para el propio bienestar y la consecución de los propios logros. Es pasar de conseguir estar bien a través de los demás, lo que sería la dependencia, a conseguir estar bien con los demás, que sería la interdependencia.

La quinta y última competencia emocional básica son las habilidades sociales, que se refieren a la capacidad de influir, comunicar, colaborar, resolver conflictos y trabajar en equipo. El ser humano es un animal social, con herramientas propias para desenvolverse en la selva de lo social. Desde liderar una familia, hasta influir en una junta de vecinos o comunicarse con la pareja, las habilidades sociales son la herramienta que utilizamos para tener éxito en nuestras relaciones. Poner en práctica dichas habilidades sociales es saber comunicar, escuchando y expresando, es ser asertivos, manteniendo un equilibrio entre la agresividad y la pasividad, es saber prevenir y resolver conflictos, aprendiendo a negociar y a mediar cuando sea necesario. Es buscar el bienestar dentro de la sociedad.

Frase: “Cada cual tiene la edad de sus emociones” · Anatole France

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RECOMENDACIÓN:

“Cómo desarrollar la inteligencia emocional” · Paz Torrabadella

“Cómo desarrollar la Inteligencia Emocional” enseña a potenciar la autoestima y a actuar de manera positiva ante los obstáculos que amenazan el equilibrio interior. Con la ayuda de este práctico manual, el lector podrá reconocer las conductas negativas y acentuar las positivas y, por ello, mejorará tanto interiormente com en sus relaciones interpersonales. A través de esta completa guía de tests y ejercicios, cada uno puede evaluar por sí mismo su Inteligencia Emocional y aprender a desarrollarla siguiendo unas pautas muy sencillas.

3 Comentarios
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    Anónimo
    Publicado a las 09:14h, 21 febrero Responder

    Me ha servido. Muchas gracias

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    jegarbax@gmail.com
    Publicado a las 04:06h, 30 enero Responder

    Excelente información,muy clara.
    Gracias por ponerla a nuestra disposición.

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    Anónimo
    Publicado a las 21:03h, 19 marzo Responder

    Buenisima información, gracias.

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