Cuando tienes dudas o sientes inseguridad al tomar una decisión, es porque no estás escuchando la voz de tu corazón. En tu cabeza hay muchas voces. Están las voces de papa y mama. La voz de tu jefe, de tu pareja, de tus hijos y tus amigos. También hay una voz mucho más difusa e inconcreta pero que resuena con fuerza en muchas personas, que es la voz del “¿qué dirán?”. Y por supuesto están las voces emocionales del miedo, la angustia, la vergüenza, la culpa, la pereza, la tristeza o la rabia. Detrás de todas esas voces está la voz de tu corazón. Tu verdadera Voz Interior, que es algo muy diferente al diálogo interior, este es precisamente el parloteo de las otras voces. La voz de tu corazón no se equivoca nunca y sabe lo que es mejor para ti. Es paradójico que siendo parte de nuestro sistema de guía interior, hemos desaprendido a escucharla. Y digo hemos desaprendido porque sigue estando ahí, sigue hablando y diciéndonos que es lo mejor, por donde tendríamos que seguir...

Lo que llamamos el yo, eso con lo que cada persona se identifica, son en realidad varios yoes. Cada persona representa diferentes personajes dependiendo de la situación, el entorno o el condicionamiento social que viva. Es habitual que el yo con el que ejercemos en casa, representando nuestro papel como padres o parejas, muchas veces tenga poco que ver con el yo profesional. Y es probable que con los clientes, los compañeros de trabajo o el jefe tengamos una manera de actuar distinta que con nuestros hijos, hermanos o padres. Cosas que nos enfurecen en casa, en la oficina las aceptamos. Situaciones con las que perdemos los nervios en el coche, nos hacen gracia en casa de unos amigos. Detrás de todos estos yoes, hay dos especialmente relevantes porque determinan lo qué experimentamos y cómo lo vivimos. Son los responsables de lo que creemos que somos y de nuestra realidad. Se trata del Yo Experimentador y el Yo Narrador. El Yo Experimentador, es quien realmente vive la experiencia, siente las sensaciones: el calor tibio del edredón, el sabor...

Para entender las relaciones interpersonales Covei presenta un modelo sencillo pero muy útil para entender el apego y la madurez emocional. Según el autor las personas, y por lo tanto las relaciones que establecen, pasan por 3 momentos evolutivos. El planteamiento que hace Covei es válido tanto para analizar y trabajar con las relaciones personales de pareja, familiares o de amistad, como el las profesionales. El autor describe tres tipos de relación con características diferentes. Relaciones de dependencia o paradigma del tú. En este tipo de relación el sujeto se centra en las otras personas de su entorno y todo lo espera y lo explica desde la otra parte. Piensa y siente que necesita a los demás para ser feliz, cuando está mal está seguro que es por culpa de los otros, y por lo tanto que son ellos los que tienen que resolver sus problemas. Es un tipo de relación centrada en la desigualdad, donde una parte espera todo o casi todo de la otra, las personas que establecen este tipo de relación son dependientes,...

La autoestima es la relación que tú mantienes contigo. Es por lo tanto algo vivo y cambiante que hay que cuidar y trabajar continuamente. Al igual que pasa con tu corazón, que parar significa la muerte, cuando te desocupas de ti, tu autoestima enferma. La relación que tú mantienes contigo es la única relación que siempre te acompañará, por lo tanto es inteligente y sensato que seas la persona de tu vida que más quieres. No se trata de egoísmo, es simple autoestima.   Puedes hacer muchas cosas por mejorar tu relación contigo. Te hago 12 propuestas para que tu autoestima siga viva y con una excelente salud.   Presta atención selectiva. Tu atención tiene un efecto materializador y multiplicador. Por lo tanto, selecciona dónde la pones, a qué le dedicas energía e interés. Pon la atención en aquellas cosas que deseas, que te hacen sentir bien, con las que aprendes y creces. Simplifica tu vida. Tu relación contigo será mejor cuanto más sencilla sea. Deshazte de cosas que terminan siendo un distractor o un obstáculo. Termina con...

El tiempo de reacción es el que transcurre entre la aplicación de un estimulo, por ejemplo una luz que se enciende y el parpadeo en el ojo. Es también el tiempo que tardamos en retirar la mano ente la proximidad de una llama. O el tiempo en responder a una pregunta en un examen. El tiempo de reacción es una medida muy habitual en cualquier experimento de psicología permite ver y entender como las personas, antes los mismos estímulos, la luz, la llama o la pregunta, respondemos en un tiempo diferente. Hay personas que dan respuestas prácticamente inmediatas. Son personas con un tiempo de reacción corto y rápido y un sistema reflejo dispuesto a pasar a la acción. Otras necesitan más tiempo para procesar esa información en alguna parte de su sistema nervioso, entenderla y reaccionar. Son personas con tiempos de reacción más largos y lentos. Lo mismo que reaccionamos a estímulos simples como una luz, un sonido o el calor de una llama, también tenemos un tiempo de reacción para estímulos y situaciones más complejas, como un...

La autoestima es la relación que tú mantienes contigo. También es el reflejo de tus relaciones personales, es decir, cuando tu autoestima es buena, atraes personas a tu entorno con las que compartir la felicidad, os ayudáis, crecéis y os sentís bien. Sin embargo, cuando tu autoestima tiene algún problema, este se expresa en las relaciones que estableces con otros, pueden ser tus amigos, compañeros de trabajo, pareja, familia o personas más lejanas. Así, la manera en como te tratan otras personas, responde las creencias que tienes sobre ti y las lecciones que necesitas aprender en esa experiencia compartida con la otra persona. Tu autoestima la puedes ver reflejada en: El trato: tanto el que das como el que recibes. El trato existente con las otras personas refleja el trato que tú te das a ti. Si te tratas mal o tratas mal a otras personas, no te tiene que extrañar que ese sea el trato que tú recibas. Si tu autoestima es alta y te tratas con cariño sabrás cuidar de ti y escogerás personas...

Siempre es posible reparar la autoestima. Y hablamos de reparación porque la autoestima es el equivalente psicológico de la salud física, es decir, lo natural es contar con una autoestima sana, sentirnos bien con nosotros mismos, conocernos y querernos. Lamentablemente este es uno de esos casos donde lo natural no es lo frecuente. Tal vez por eso, el momento en el que decides reparar tu autoestima suele venir precedido por una crisis. Puede ser una crisis psicológica, por ejemplo un cuadro de ansiedad o tras una depresión, puede tratarse de una crisis de pareja, tras una separación o un desengaño, es habitual hacerse estos planteamientos tras una crisis profesional y tomes conciencia de que tu trabajo ha dejado de interesarte o simplemente has sido despedido. Y en muchas otras ocasiones este paso se da tras una enfermedad importante, donde la proximidad de la muerte hace que tu escala de valores se tambalee y reconsideres tus prioridades. La reconstrucción de tu autoestima pasa por dos momentos y si quieres recuperarla tendrás que pasar por ambos y en el...

La autoestima se puede entrenar y por lo tanto mejorar y desarrollar. Trabajar la autoestima es como ir al gimnasio o hacer dieta, requiere constancia y disciplina para conseguir resultados estables en el tiempo y que terminen formando parte de tu personalidad. Pero sin duda el esfuerzo vale la pena, porque el resultado es una vida feliz. La autoestima es la relación que tú mantienes contigo y por lo tanto la única de la que no puedes escapar. Si esa relación es mala la soledad o no estar ocupado en algo se convierte en una condena. Es como estar todo el día en la compañía de alguien que no soportas, si has vivido esa experiencia alguna vez, sabes muy bien lo desagradable que resulta. Pero si la relación en buena, también es como estar todo el día con alguien que te encanta, seguro que eso lo has vivido y conoces lo gratificante que es. Para que tu autoestima mejore puedes hacer cosas fáciles que te ayudarán a sentirte mejor contigo: Observa tus pensamientos y tu diálogo interno....

La decisión final marca el momento de la verdad. Antes o después, en algún instante, tendrás que tomar este tipo de decisiones. Con ellas arrancas el comienzo de una nueva etapa de tu vida. Siempre suponen un cambio radical y determinante, sin medias tintas, ni tibiezas. Se trata de elecciones sin términos medios donde lo tomas o lo dejas. Y las consecuencias de estas decisiones tienen un impacto rotundo y contundente en ti y en tu entorno. El momento de la verdad, puede ser terminar definitivamente con una relación importante, con la que has compartido años. Tal vez con la que has creado una familia. Pero en ese punto vas a tener que escoger entre las otras personas o tú. Tendrás que decidir entre evitar el conflicto, las lágrimas o las culpas y vivir de acuerdo contigo, asumiendo los resultados, las ganancias, los peligros y las pérdidas. Este tipo de decisiones implican una renuncia y una ganancia. No entienden de matices, al final son blanco o negro. Escoges algo nuevo para terminar con algo viejo. Escoges la libertad...

Ikigai es un término procedente de la cultura japonesa que desde hace unos años está entrando con fuerza en occidente. La razón es que parece guardar relación con una vida larga y feliz. Ikigai significa, más o menos, “aquello por lo que vale la pena vivir”. Ellos lo explican como “lo que te hace levantarte con ilusión cada día” o “el sentido de tu vida”. Según los japoneses “todos tenemos un ikigai” o varios porque es normal que cambie según cambia nuestra vida. Es un concepto conectado con la pirámide de Maslow y la autorealización, con la motivación, el Talento y la Autoestima. Héctor García y Francecs Miralles han escrito sobre este tema y han tenido un gran éxito porque lo explican de una manera sencilla y amena. La cuestión es identificar el Ikigai que todos tenemos. Pero lo mismo que sucede cuando tratamos de identificar nuestro Talento, de hecho ambas cuestiones están muy conectadas, muchas personas están perdidas. Han olvidado o no saben que es eso por lo que vale la pena vivir, en lo que...