“Mantienes tu vida en la frontera entre el orden y el caos”. Ese es el planteamiento de Jordan Peterson y yo lo comparto. Tu autoestima, tu salud, desarrollo profesional, economía, relaciones de pareja y todo aquello con lo que construyes tu realidad es una elección entre lo uno o lo otro. Y si no eliges el orden, entonces estás escogiendo el caos. El caos son muchas cosas, lo impredecible,  sorprendente, temido, desorganizado, inestable y siniestro. El caos es la enfermedad, sentir que te falla el cuerpo o la mente, el descontrol de las emociones, la locura. Es despertar de madrugada con ansiedad en mitad de una pesadilla, perder el trabajo y la seguridad económica, la ruina, llegar a tu casa y descubrir el desorden que han dejado los que han venido a robarte. Es el abandono de tu pareja, la mentira y la traición de tu amigo.  El orden es lo previsible, estable, conocido y seguro. El orden es meterte en la cama cada noche sintiendo que todo es como debe de ser. El orden es la justicia, cumplir las promesas, la amistad sincera y contar con los tuyos. Es...

Los impulsos son esas respuestas emocionales inmediatas que nos hacen pasar a la acción de forma automática. Se disparan muy rápidamente y cuando vivimos una experiencia emocionalmente intensa, los sentimientos inundan y contaminan el pensamiento,  empezando a caer por la pendiente de la subjetividad y el descontrol. Todo se tiñe emocionalmente, los afectos condicionan nuestra percepción de la realidad y respondemos conductualmente dependiendo del color emocional del momento. Lo que llamamos emociones son las reacciones físicas a determinadas sustancias bioquímicas que produce nuestro propio organismo. A veces la fuerza emocional es tan fuerte que algunos autores hablan de secuestro emocional. Durante el tiempo que dura este secuestro, el cuerpo se pone en piloto automático, momentáneamente se anula la voluntad y la capacidad de análisis. Estas vivencias emocionales guardan relación con una parte primitiva de nuestro cerebro que nos pone en modo supervivencia. Ante una situación de vida o muerte se activan respuestas automáticas de lucha o huida. Todo se reduce a eso. Y aunque en la actualidad, cultural y tecnológicamente, hemos llegado muy lejos y hemos avanzado a gran velocidad, biológica y evolutivamente seguimos siendo los mismos sapiens de siempre....

La vida no significa nada si no eres feliz. Puedes tener una salud de hierro. Dinero de sobra en tu cuenta corriente. Un trabajo envidiable. Amigos y familia que te adoran. Un físico atractivo…. Y sentirte una persona desgraciada. Ni tus posesiones ni tus logros te harán feliz. Los divanes de los psicoanalistas, las consultas de los psiquiatras y psicólogos están llenas de personas inteligentes y con dinero, que sufren por depresión, ansiedad, angustia de separación, obsesiones y otros cuadros clínicos. Sin la felicidad todo resulta vacío, insípido, amenazante o una carga absurda y agotadora. La felicidad es la clave. Y contrariamente a lo que muchos piensan no es imposible ni compleja. En realidad se trata de nuestro estado natural. La felicidad es el equivalente psicológico a la salud en el plano físico. Lo natural es tener salud, no estar enfermo. La misma regla se aplica a nuestro estado emocional. Lo natural es ser feliz, no estar angustiado. Hay varias cosas sencillas que puedes hacer para recuperar tu felicidad. Aléjate de las personas negativas, cenizas, criticonas, quejosas y envidiosas. Aléjate todo lo que puedas son una mala influencia. Tu peor influencia. Aléjate físicamente. Y...

La autoestima es la relación que tú mantienes contigo. Esa relación es buena cuando el amor es el pegamento que une todas las partes que configuran tu realidad: tus pensamientos, tu conducta, tus otras relaciones con las personas, animales o cosas, tu profesión, la gestión de tu dinero, tu tiempo, tu salud o tu imagen física… En definitiva, todo aquello que consideras forma parte de ti y de la vida que vives. En esos momentos te sientes feliz con tu vida y para ti todo tiene un sentido. Sin embargo, cuando tu autoestima es baja, quiere decir que el miedo se ha convertido en el pegamento de alguna, o todas esas áreas de tu existencia. Y entonces notas que nada termina de encajar, te sientes amenazado y sufres. El amor une y armoniza, consigue que las relaciones fluyan. Gracias al amor aceptas y respetas aunque tu manera de hacer las cosas sea diferente, y confías en las personas, los cambios y el mañana. Por amor cuidas, proteges y mimas todas las partes del puzzle de tu...

Los conflictos forman parte de nuestra interacción con la realidad. Simplemente son la contrariedad que percibimos y sentimos cuando nuestras expectativas no se cumplen, cuando otras personas no nos comprenden y defienden una opinión opuesta a la nuestra, o reaccionan de un modo que nos frustra. Los conflictos son inherentes a las relaciones personales. Sin conflicto no hay relación real, todo es superficial. Otra cuestión en como lo gestionamos. Porque todos, directa o indirectamente, sabemos que una mala gestión del conflicto nos lleva a conductas agresivas y destructivas. Aunque existe la confusión generalizada de que hay que evitarlos a toda costa. Cada vez son más los autores que opinan lo contrario. Aseguran que el conflicto bien gestionado es siempre un desafío personal e interpersonal que nos enriquece y nos ayuda. De hecho las mejores soluciones, las ideas más rompedoras, o incluso las relaciones más fuertes, fueron el resultado de resolver un conflicto juntos. Patrick Lencioni, un experto en relaciones interpersonales, liderazgo y gestión de cambio, es uno de esos defensores del conflicto constructivo. Para él, un conflicto se transforma en una oportunidad solamente cuando se dan ciertas circunstancias y las personas tienen que tener...

La indecisión es el resultado de una contradicción interna. De una lucha entre el deseo y el deber, del pulso entre lo de siempre y lo nuevo, del contraste entre lo que yo opino y lo que opinan los demás. La indecisión se alimenta de la duda, la incertidumbre y el autoengaño, vive con el miedo a la equivocación y al que dirán y es muy sensible al sufrimiento y la ira de terceras personas. La indecisión es el espejismo en el que se confunde al personaje que todos llevamos dentro. Crece y se nutre con el diálogo interno de nuestro Yo Narrador, que nos cuenta historias inquietantes, abrumadoras o falsamente edulcoradas, con las que justifica la parálisis y la porstergación a la hora de pasar a la acción y resolver las cuestiones sobre las que nos mostramos indecisos. El miedo al cambio real y definitivo, las incontables segundas oportunidades y los aplazamientos, son las causas y consecuencias conductuales de la indecisión. El indeciso intenta las cosas muchas veces pero sin hacer cambios efectivos. En realidad cambia...

Cada día hay cientos de ocasiones en las que muchas veces sin darnos cuenta, dejamos que nuestra autoestima se nos escurra entre los dedos y caemos en los abismos del sufrimiento, el abandono y la destrucción. El día a día puede convertirse en una lucha de desgaste frente a la cotidianidad, sobrevivimos haciendo un ejercicio de fonanbulismo, para mantener el equilibrio y no caer en el estrés, la frustración, la ansiedad o la depresión. Aunque la mayoría, tenemos vidas privilegiadas y cómodas, sin embargo, nos limitamos a soportarlas sin gracia ni ilusión, en lugar de disfrutar de ellas. Estamos más atentos a lo que aun nos falta o hemos perdido, que a todo aquello que alimenta nuestro bienestar. Hay muchas gente rodeada de personas con las que pueden contar y que les quieren, pero no valoran o incluso rechazan, y con las que en ocasiones se aburren o evitan compartir la intimidad. De la misma forma que la salud es el estado natural del cuerpo. La felicidad es el estado natural de nuestras emociones. Pero en algún...

Pensamos en el cuerpo como algo cercano pero ajeno a nosotros, de hecho hablamos de algo nuestro, no de algo que seamos. Lo entendemos más como una propiedad que como un signo de identidad. De hecho no decimos “yo soy mi cuerpo”, sino “yo tengo un cuerpo”. Cuando hablamos de atribuciones psicológicas, sí nos identificamos con ellas, por ejemplo decimos “soy inteligente, o soy una persona sensible”. Esta percepción de propiedad sobre el cuerpo, puede llevarnos a pensar que se trata de algo así como un animal doméstico que nos obedece ciegamente, algo que controlamos como el equipo de música o la televisión, mediante el mando a distancia de nuestro pensamiento o nuestra voluntad. Pero no siempre es todo tan sencillo. Hay veces que es el cuerpo el que toma el control de nuestra voluntad, nos arranca de un zarpazo el “mando a distancia” de nuestra mente, nos arrincona y hace que hagamos cosas impensables. Puede ocurrir cuando el miedo nos paraliza y nos impide pensar y reaccionar, porque aunque queramos hacer algo notamos el cuerpo y la...

“Los 10 ladrones de energía” es un escrito que me ha llegado a través de la red, atribuido al Dalai Lama. Son 10 recomendaciones muy sencillas para sentirte bien y no desperdiciar tu poder y energía. Quiero compartirlo contigo porque guardan mucha relación con la autoestima y seguir estos consejos se convierte en un puente a tu felicidad. Estos son: Deja ir a personas criticas y quejosas que sólo hablan de problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un cubo para echar su basura, procura que no sea en tu mente. Paga tus cuentas a tiempo. Al mismo tiempo cobra a quién te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle. Cumple tus promesas. Si no has cumplido, pregúntate por qué tienes resistencia. Siempre tienes derecho a cambiar de opinión, a disculparte, a compensar, a re-negociar y a ofrecer otra alternativa hacia una promesa no cumplida; aunque no como costumbre. La forma más fácil de evitar el no cumplir con algo que no quieres hacer, es decir NO desde...

Cuando tienes dudas o sientes inseguridad al tomar una decisión, es porque no estás escuchando la voz de tu corazón. En tu cabeza hay muchas voces. Están las voces de papa y mama. La voz de tu jefe, de tu pareja, de tus hijos y tus amigos. También hay una voz mucho más difusa e inconcreta pero que resuena con fuerza en muchas personas, que es la voz del “¿qué dirán?”. Y por supuesto están las voces emocionales del miedo, la angustia, la vergüenza, la culpa, la pereza, la tristeza o la rabia. Detrás de todas esas voces está la voz de tu corazón. Tu verdadera Voz Interior, que es algo muy diferente al diálogo interior, este es precisamente el parloteo de las otras voces. La voz de tu corazón no se equivoca nunca y sabe lo que es mejor para ti. Es paradójico que siendo parte de nuestro sistema de guía interior, hemos desaprendido a escucharla. Y digo hemos desaprendido porque sigue estando ahí, sigue hablando y diciéndonos que es lo mejor, por donde tendríamos que seguir...