Todas y cada una de las experiencias dolorosas que vivimos a lo largo de nuestra vida tienen un sentido final, por ello, resulta indispensable saber gestionar el dolor para poder marcar la diferencia ante las consecuencias que este nos pueda generar. Estas experiencias están íntimamente ligadas a la oportunidad de aprendizaje, tras cada “mala experiencia” hay un potencial infinito de introspección y escucha que debemos escuchar y validar. El dolor es lo más parecido a sentirnos desnudos, vulnerables, frágiles. La experiencia del dolor se convierte en algo personal, único e intransferible, sin embargo debemos estar preparados, ya que la experiencia del sufrimiento es intrínseca al ser humano. Existe una cantidad ilimitada de situaciones que nos pueden generar dolor o sufrimiento. Algunos ejemplos de ello pueden ser: Perdida del trabajo, la aparición de una enfermedad, la pérdida de capacidades cognitivas o motrices, conflictos con seres queridos, rupturas emocionales o la muerte de seres queridos. Al igual que ocurre con el dolor físico, el dolor emocional es, en cierta medida funcional y adaptativo, siempre y cuando no nos dejemos arrastrar por...

En medio del escenario actual, estar tranquilos es un hito en nuestra vida cronológica. Por desgracia, la sociedad, a través de las nuevas tecnologías, apps, programas de televisión etcétera nos insta a buscar la autorrealización fuera de nosotros mismos. Una de las ideas más sonadas de estos últimos tiempos es creer que, el encontrar la pareja perfecta es el único medio para alcanzar nuestra tranquilidad y prosperidad personal. Es curioso, como la inmensa mayoría de personas, sigue teniendo como principal objetivo el encontrar una pareja como solución a los problemas. Tal es el afán de búsqueda, que en ocasiones parece que la vida dependiera de ello. Son muchas las personas que pasan gran parte de su vida saltando de persona a persona sin encontrar en ellas lo que realmente busca, simple y llanamente, estar en contacto con uno o una misma. El hecho de no haber sabido cómo realizar esta peregrinación personal hacia nuestro interior, hace que a veces elijamos a compañeros o compañeras pensando que el amor que lleguemos a sentir por ellas y ellas por...

Los imprevistos y la muy aclamada zona de confort están altamente relacionadas. Como bien indica su nombre, la zona de confort es aquel lugar donde cada uno de nosotros nos encontramos fuera de peligro. El problema de mantenernos en esta zona surge cuando nos volvemos incapaces de reaccionar de manera consciente y serena ante los vaivenes de la vida. Cierto es que la mayaría de imprevistos que acontecen nuestras vidas no son de una gran importancia. Sin embargo en ocasiones el impacto del imprevisto es tan grande que puede llegar a causarnos fuertes estragos a nivel emocional. La vida, por desgracia, tiene la gran cualidad de cogernos desprevenidos y nos obliga a caminar por lo desconocido cuando menos lo queremos o cuando menos lo necesitamos. No obstante, debemos aceptar que la incertidumbre siempre está allí y que de algún modo u otro nos acompaña en este viaje. Es por ello que resulta interesante poder aprender a estar mínimamente preparados para poder mirar al imprevisto de frente y poder superarlo. Tips interesantes para poder hacer frente aquellos acontecimientos inesperados...

En la vida existe una calma prodigiosa, marcada por la paciencia y los propios ritmos de la naturaleza. Sin embargo en nuestro día a día no hay demasiado espacio para poder mimetizarnos con ella; de hecho, resulta una tarea imposible el poder detenernos y actuar en resonancia con nuestra propia existencia. El problema nace cuando la inmensa mayoría de las personas se mueven o actúan a ritmos descompasados. La mayoría de nosotros, de hecho, nos movemos en extremos donde todo se tiñe o se magnifica. Tenemos grandes expectativas, grandes sueños sobre quienes somos, quienes seremos, qué éxitos o virtudes desarrollaremos. Cuanto más esperamos, más nos exigimos, más exigimos y por ende, más nos alejamos y más nos frustramos. Los seres humanos estamos programados para superarnos, conseguir logros y superar los diferentes conflictos que nos propone la vida, sin embargo, debido a la necesidad de la inmediatez nos volvemos poco eficaces a la hora de resolver los verdaderos problemas, ya sean estos familiares, relacionales, laborales o personales. De hecho, solemos dejarnos arrastrar por los problemas de tal modo...

Convivimos en una sociedad difícil, llena de demandas, donde las expectativas de los demás, en la mayoría a de los casos, priman sobre los valores relacionales sanos. La rivalidad, el poder, el miedo o el sufrimiento son algunas de las emociones o sentimientos que nos alejan de la verdadera vivencia del poder relacionarlos, compartir y experienciar la vida sin etiquetas o juicios de valor. Como bien sabemos, los seres humanos somos seres sociales que  necesitamos de la conexión con otros ya que gran parte de nuestra felicidad dependerá del modo en el que se gesten dichas relaciones. Por ello, todos y cada uno de nosotros solemos poner en marcha ciertos mecanismos inconscientes para agradar y formar parte de un grupo. Querer agradar es legítimo, sin embargo querer agradar a todos puede convertirse en una tóxica quimera de nuestra infelicidad. Es importante comprender que si cedemos constantemente ante las expectativas externas, nuestra personalidad sufrirá un impacto emocional severo, ocasionando heridas en nuestra genuinidad y originalidad personal. Nuestro ego es suficientemente poderoso para poder desfigurar o negar lo que realmente...

El ser humano está programado para errar, para equivocarse y para rectificar a través del aprendizaje. Hasta aquí parece estar todo correcto, sin embargo, nada más lejos de la realidad, el aprendizaje es nuestra asignatura pendiente. Muchas veces, cuando algo nos molesta, o nos fastidia o nos irrita, experimentamos una sensación de displacer y acto seguido, nuestra mecánica emocional se pone en marcha para gestionar dicho mal estar. Aquí es donde se produce una pequeña interferencia en el aprendizaje de la autogestión emocional. La mayoría de las veces, “creemos creer” gestionar correctamente dicha incomodidad, alejando nuestra atención del problema e ignorando por completo lo que nos dicen nuestras emociones. Esto es errar y perpetuar un mal aprendizaje. Negando lo hechos o las evidencias de que algo que hemos vivido no nos ha ido bien, avivamos el conflicto latente entre el yo, mi conflicto y el otro, relegando de tal modo la sanación a un lugar recóndito de nuestro ser. Callar no es una opción y bien sabemos que es la primera respuesta que adoptamos. Si guardamos silencio ante algo...

Tanto nuestro presente como nuestro pasado, bañan siempre las cosas, sin embargo, el saber sentir e identificar qué es lo que nos sucede en nuestro interior es más bien una actitud, una actitud de vivir, de profundizar, de caer y de cicatrizar. El poder sentir, es un valor intrínseco del ser humano y es que pese a que en la actualidad las personas hayamos sometido la emoción a la razón, estas no tienen porqué estar separadas. Aprender a escuchar a través de las manos, de la piel o de las miradas, es igual de importante que el poder hacerlo a través del lenguaje y es que, cuando aunamos sentimiento y razón, el mensaje que transmitimos al mundo, es el haber encontrado un equilibrio y una conexión con nuestro centro. Es importante que recordemos siempre que los sentidos sienten y que la vida nos demuestra a cada instante que lo que no podemos ver este mundo, es mucho más importante y poderoso que cualquier cosa que podamos ver y que, a pesar de la madurez que hayamos podido alcanzar,...

Todo ser humano está compuesto por multitud de dimensiones (relacional, física, intelectual, laboral, ocupacional ) etcétera. Para poder mantener un equilibrio entre todas y cada una de las dimensiones que existen, es importantísimo que todas sean escuchadas, atendidas y cuidadas con mesura, sin embargo…¿cuántas veces nos paramos a pensar en cómo podemos equilibrarnos y prestar una atención equitativa a cada uno de nuestros estados? A día de hoy, la inmensa mayoría de las personas ponen un gran énfasis en lo físico, en mejorar y albergar el mayor número de logros y éxitos a nivel laboral, así como también mantener unas exquisitas relaciones sociales. Tanta deseabilidad, tanta atención en lo externo, nos aleja de nuestro núcleo, de nuestro centro, centro dónde albergamos sin lugar a dudas la fuerza necesaria para realizarnos y mejorar en el resto de aspectos de nuestra vida. Cuando focalizamos tanta atención, tan desmesurada a ciertas áreas, dejamos de cultivar nuestra personalidad, nuestro valor como personas. Transitar conscientemente entre dimensiones no es nada fácil, para ser honestos, es más bien complicado. Siempre existirán ciertos momentos donde podamos...

Es muy probable que la inmensa mayoría de las personas hayan utilizado alguna vez la metáfora de la mochila cargada a nuestras espaldas. Para aquellas personas que lo escuchen o lean por primera vez, dicha metáfora alude al significado de un peso subjetivo derivado de la carga emocional y también, por qué no, material. Estas cargas suelen tener caras, tamaños y significados muy diferentes. Algunas pueden expresarse en forma de conflictos no resueltos, otras a través de heridas mal curadas, etcétera. Lo importante en este caso es que dichas experiencias repercuten en nuestro estado de ánimo y en nuestro modo de enfrentarnos al día a día. En el mundo actual, la sobrecarga parece ser algo natural, algo con lo que nacemos y debemos aprender a vivir sin dar muestra de disgusto por ello. La necesidad del ahora, de la inmediatez o del nunca, nos tiraniza convirtiéndonos en esclavos de nuestros propios pasos. Resulta curioso como a través del caminar tomamos conciencia de nuestra lentitud al andar y es que es justo allí, en ese punto muerto, donde...

¿Nunca os habéis levantado con la sensación de saber que el día que acaba de comenzar no va a ser un buen día?. Quizás este amanecer oscuro se deba a que durante un corto, medio o largo periodo de tiempo, hayamos acumulado tal cantidad de sensaciones, sentimientos u emociones de índole negativa que nuestra psique se vea obligada a gestionar dicho colapso a través de una ira desbordante asomando a cada instante ante cualquier oportunidad que se le presente. Supongo que la inmensa mayoría de nosotros, ante tal cruel perspectiva de día intentará activar aquellas llamadas respuestas salvavidas: “quédate en casa y no te muevas de la cama”. Cierto es que todas las opciones deben ser valoradas, sin embargo, el escondernos, mirar hacia otro lado o respondiendo negativamente ante las situaciones que se nos presentan ¿son las soluciones que debemos alentar?. Bien sabemos que no; por lo tanto ¿Cómo podemos amortiguar el impacto negativo de las cosas? Quizás lo realmente importante es aprender a tener en nuestro día a día un pequeño “Kit de rescate emocional” para así poder...