El miedo es la emoción señalizadora de un peligro, el marcador interno que te mantiene alerta ante lo que estás viviendo. Pasar miedo es una sensación displacentera en general y el primer impuso es eliminar dicha sensación y recuperar la seguridad perdida. El miedo a vivir es el temor a los problemas, a los conflictos, al rechazo y al fracaso, ingredientes todos ellos de la vida real. El miedo a vivir es el miedo a dañar y a que te dañen, y en el fondo es el miedo a la muerte como telón innegociable e ineludible de la propia vida. Contra la emoción de miedo la sensación de seguridad es un éxito, es el resultado de tu inteligencia al servicio de tu protección y tu comodidad. La búsqueda de tu seguridad es también la responsabilidad para con la propia salud y bienestar. Pero demasiada seguridad es estancamiento, aburrimiento y hartazgo. El exceso de seguridad, la búsqueda de la inmunidad, es la negación de que vivir es ser vulnerable, estar expuesto a elementos fuera de tu control....

La atención negativa es la victoria del miedo, la búsqueda automática de culpables para digerir sin entender lo que va mal y la sensación de que cualquier error es la antesala del fracaso inevitable. Fijarse habitualmente en lo malo es una señal inequívoca de baja autoestima, de conformismo y fatalismo sobre el propio destino y de parálisis ante los cambios que podrían mejorar tu vida. La atención positiva es la victoria de la consciencia sobre la ignorancia, de la gratitud sobre la rabia y del presente sobre el pasado y el futuro. La atención positiva es pasar del sedentarismo mental al dinamismo, de ser un peón de los propios pensamientos a ser un constructor de los mismos. La atención positiva no es simplemente ser optimista, con la esperanza de que si uno piensa cosas buenas éstas ocurrirán y alejarán lo malo. Eso es superstición, liberándote de la responsabilidad sobre tu vida. Es más bien la búsqueda de un sentido valioso a lo que te va ocurriendo ahora. Es el ejercicio diario de observar lo bueno a...

La palabra demasiado convierte lo bueno en malo. Demasiado conciliador es convertir una visión adaptativa, armoniosa y tolerante del mundo en una visión acomodadiza, huidiza e indecisa del mismo. Demasiado conciliador es evitar los conflictos y olvidarse de uno mismo, un ataque frontal a la propia autoestima, al deseo legítimo de estar bien. Demasiado conciliador hace a la persona perezosa y lenta para con las propias necesidades, mal líder de sí misma y poco eficaz por perderse en los demás, en sus planes y opiniones. La búsqueda compulsiva del consenso se convierte en un tirano que limita la posibilidad de crecer a través de conflictos e independencia. El exceso de amor y unión con los demás torna en insignificante el sentido personal de la vida para fundirse con otros evitando desagrados e incomodidades. Demasiado conciliador es refrenar la propia rabia, aquellos enfados legítimos y protectores que salvaguardan a la persona de abusos y dependencias. El enfado bien encauzado es una fuente de energía necesaria para afrontar retos importantes y por lo tanto perturbadores. El enfrentamiento provoca incomodidad...

No hay atajos para llegar a metas importantes. Sólo los ingenuos, los egocéntricos y los inmaduros pretenden que lo valioso se otorgue como lo leve. El camino para llegar a los objetivos importantes de tu vida es un camino duro y extenso, que requiere de ti una determinación que continuamente se pone a prueba. Tu voluntad es el despliegue de tu potencia emocional, intelectual y conductual para conseguir lo que te propones. Tus emociones, tus pensamientos y tus acciones se conjuran para lograr lo que deseas y si sólo uno de ellos se desalinea del objetivo, éste se pone en riesgo. Hay peligros en el camino que ponen a prueba tu voluntad, dificultades que testan tu compromiso con lo que dices desear y que marcan la diferencia entre anhelar algo que te gustaría conseguir o querer realmente obtenerlo. No es lo mismo que te apetezca a que lo quieras. No es lo mismo que debas hacerlo a que quieras hacerlo. El verbo de la voluntad es el verbo querer. No uses dicho verbo en vano,...

Nuestra inteligencia no es solo una capacidad deliberada y consciente. No es simplemente aplicar una lógica a aquello que queremos resolver. Hay también un tipo de inteligencia que funciona más allá de lo que somos conscientes. Son nuestras intuiciones, aquellas reacciones e “instintos” mentales que nos descubren razones nuevas y valiosas. La inteligencia del inconsciente es aquella que nos ayuda a decidir aún cuando no somos plenamente conscientes de lo que está pasando o sobre qué tenemos que decidir, porque no siempre tenemos el conocimiento y los datos necesarios para tomar una decisión plenamente reflexiva. Decía Einstein que la única cosa realmente valiosa es la intuición. Es una manera de entender nuestra inteligencia que choca con el paradigma de que lo inconsciente, lo emocional, lo instintivo es lo más bajo y oscuro de nuestra vida mental. Como si lo brillante y superior fuese solo el pensamiento racional y reflexivo. La verdad es que ambas inteligencias son necesarias e incluso en muchos momentos se complementan con éxito en la vida real, aquella que es compleja e incierta. Pensar...

Hay niños problemáticos que lo son por inadaptados y desajustados, que se nos muestran conflictivos porque aún no saben ser mejores de lo que son en ese momento. Lo hacen lo mejor que saben pero eso no es suficiente aún. Y demasiadas veces su incapacidad choca con la impaciencia y rigidez de sus educadores. Son niños a contracorriente, que al adulto le parecen retadores y destructores. Son niños que invitan al castigo o peor, a la rendición ante su futuro. Son habituales de la mano dura, cuando nadie ha triunfado gracias a la mano dura sino más bien a pesar de ella. Cuántos niños eligen malos caminos porque no se sienten merecedores de los buenos. A estos niños problemáticos se les educa con las dos manos, una mano firme y otra mano cariñosa. Cuándo usar cada mano es más un arte que una ciencia, y el educador que domina dicho arte vale su peso en oro. Es ese educador que los niños más adelante recordarán como aquel que marcó la diferencia en su vida. Aquel que...

Tenemos 5 emociones básicas, emociones naturales, francas y puras. Emociones básicas que son compañeras desde tiempos inmemoriales y aliadas en nuestra aventura de vivir. La alegría, el asco, la tristeza, el miedo y el enfado no son buenas ni malas, catalogarlas así es reducirlas y subestimarlas. Son parte sustancial de quiénes somos como especie, de nuestras decisiones y del valor que damos a nuestras vidas. El miedo quizás sea la emoción básica más presente en este momento de nuestras vidas y más aborrecida en cuanto que nos genera tensión, ansiedad, angustia e incertidumbre. El miedo es la señal biológica que nos damos a nosotros mismos para avisarnos de que estamos corriendo un riesgo. Es un piloto que se enciende para indicarnos que lo que va a ocurrir entraña una posibilidad de estar en peligro. La valoración de dicho riesgo o peligro, así como de la oportunidad que emana de dicho riesgo, ya no es tanto responsabilidad del miedo como de nuestra parte analítica que ha de evaluar si ese miedo es correcto, exagerado o subestimado. Cuando el...

A veces la verdad nos amenaza de tal manera que preferimos negarla antes que aceptarla. Sentimos que aceptar la verdad generaría tal crisis en nuestras vidas que acabamos eligiendo la ceguera antes que la clarividencia. Con la negación la amenaza desaparece temporalmente, la verdad es esquivada de forma momentánea y ganamos un tiempo de pseudotranquilidad hasta que la verdad vuelve a llamar a nuestra puerta. Si la verdad que negamos en el fondo no es tan importante para nuestra vida, la negación no deja de ser una mentirijilla o una mentira piadosa. Pero si negamos una verdad fundamental para nuestro bienestar el riesgo es muy alto. No subestimemos la capacidad de negación que tenemos los seres humanos. Hemos llegado a negar que la tierra gira alrededor del sol. Negaciones más cercanas a nuestro día a día es negar un deseo, negar una enfermedad, negar una adicción o negar un conflicto. Decía Isaac Asimov que negar un hecho era fácil, pero que el hecho seguía siendo un hecho. La negación es una señal de inmadurez psicológica, un termómetro...

Tu autoestima es un escudo contra los chantajes emocionales. Cuanto más claro tengas esto, cuanto más desarrollada esté tu autoestima, menos oportunidades darás a los chantajistas para amenazarte. Menos capacidad tendrán de utilizar tu miedo, tu sentido del deber o tu sentimiento de culpa para conseguir de ti lo que realmente no quieres darles. Y tienes todo el derecho a no hacerlo. Si es un principio básico respetar a los demás, también lo es respetarte a ti mismo. Aquellos derechos que otorgas a los demás fácilmente, otórgatelos también a ti mismo. Porque muchas veces los chantajistas emocionales atacan tu autoestima, te hacen dudar para que consideres que sus deseos y necesidades son más importantes que los tuyos. Se aprovechan de tu necesidad de aprobación, de que evites sus enfados, de tu miedo al conflicto o de que te hayas cargado con la obligación de que ellos siempre estén bien para chantajearte. Ante el miedo o la culpa ha de prevalecer el amor hacia ti mismo y tu deseo de desarrollarte y convertirte en todo aquello que puedes...

El cortoplacismo, la búsqueda puntual y sistemática del placer, la tiranía de los impulsos, seguir el camino fácil. La vida sin un sentido a largo plazo es un tobogán hacia las satisfacciones egoístas. Nada en el futuro importa tanto para renunciar al placer inmediato, todo vale para sentirse uno bien ya. Hacer lo conveniente en lugar de lo responsable posterga las consecuencias negativas de nuestro egoísmo a nuestro yo del futuro. ¿Y si se puede lograr algo muy bueno más adelante, renunciando a premios menos valiosos pero más seguros ahora? Somos capaces de inhibir nuestras respuestas impulsivas, somos capaces de planificar acciones que seguidas paso a paso dan lugar a resultados extraordinarios, somos capaces de ceder algo importante de nosotros mismos para negociar con otras personas y llegar a acuerdos enriquecedores y duraderos. Pero, ¿por qué razón hemos de hacer este esfuerzo si parece que uno puede estar bien ya haciendo lo que le venga en gana? En primer lugar porque el placer como fuente principal de nuestro bienestar nos debilita. Nos hace cobardes, inmaduros y adictos...