El cortoplacismo, la búsqueda puntual y sistemática del placer, la tiranía de los impulsos, seguir el camino fácil. La vida sin un sentido a largo plazo es un tobogán hacia las satisfacciones egoístas. Nada en el futuro importa tanto para renunciar al placer inmediato, todo vale para sentirse uno bien ya. Hacer lo conveniente en lugar de lo responsable posterga las consecuencias negativas de nuestro egoísmo a nuestro yo del futuro. ¿Y si se puede lograr algo muy bueno más adelante, renunciando a premios menos valiosos pero más seguros ahora? Somos capaces de inhibir nuestras respuestas impulsivas, somos capaces de planificar acciones que seguidas paso a paso dan lugar a resultados extraordinarios, somos capaces de ceder algo importante de nosotros mismos para negociar con otras personas y llegar a acuerdos enriquecedores y duraderos. Pero, ¿por qué razón hemos de hacer este esfuerzo si parece que uno puede estar bien ya haciendo lo que le venga en gana? En primer lugar porque el placer como fuente principal de nuestro bienestar nos debilita. Nos hace cobardes, inmaduros y adictos...

Aprender a renunciar como parte de nuestro camino en la vida. Dejar ir aquello que ya tuvo su momento, que antes tenía sentido pero ya no lo tiene. Aquello que una vez fue magnífico, intenso, enriquecedor y novedoso pero que ya no lo es. Aprender a dejar ir cuando nuestro ego se niega a aceptar lo que está ocurriendo, a aceptar que lo dejamos ir porque ya no nos hace falta. Renunciar a nuestro ego que se apega a lo que ya no es bueno para nosotros, por miedo, rencor u orgullo. Y la mejor manera de dejar ir y superar nuestro orgullo es agradecer a aquello que soltamos por todo lo que nos dio. Gracias. Adiós. Decidir es renunciar, vaciar para otorgar espacio a lo que ha de venir. Escoger es abandonar, elegir una opción es renunciar a otras. Abandonar no es lo mismo que abandonarse, lo primero puede ser necesario para volver a sentirnos bien o para seguir creciendo. Abandonarse es rendirse, es una de las mayores señales de baja autoestima. Abandonar sobre todo...

El poder es una fuerza incontrolable. Es una mezcla de dominio, licencia y empuje que obnubila al más lúcido y desequilibra al más templado. El poder convierte en manipulador, mentiroso, abusador y frío a quien no se protege de él. No hay ser humano que controle al poder, es el mismo autoengaño que sufre el adicto cuando cree controlar la droga que consume. Quien quiere poseerlo, es poseído. Donde hay poder, hay psicópatas. Nacidos ya así o modelados por el propio poder. Les encanta, se sienten atraídos como la miel a las moscas. Cuántas personalidades psicopáticas camufladas y durmientes salen a la luz en cuanto tocan el poder. Un ascenso, un puesto de responsabilidad, manejar un gran presupuesto, ser nombrado jefe, un golpe de fama o tener más ascendencia que otros en un momento dado es una invitación a que el ego empoderado campe a sus anchas. El poder mal gestionado da lugar a conductas psicopáticas con resultados devastadores para quienes sufren dichas conductas… pero también para los propios psicópatas. Quién recibe el regalo envenenado del poder...

Algo a precio cero es irracionalmente excitante para las personas. Lo gratis atrae poderosamente y parece no haber razones para negarte a aceptar aquello que no aparenta tener coste alguno para ti ¿Si no tienes que pagar por ello, por qué no cogerlo? Es tan potente su hechizo que tu cerebro no es capaz de detectar las desventajas de lo gratuito y sólo admira las ventajas de no pagar. Pero tiene desventajas, bien ocultas eso sí, muchas veces más importantes que las ventajas que te obnubilan. En cuestión de dinero, puede ser tan fuerte en ti el miedo a perder que el coste cero parece borrar de un plumazo dicho riesgo. ¡No hay nada que perder! O eso parece. Elegir una opción peor sólo porque es gratuita no es una buena elección. Generalmente lo mejor mantiene su valor y no se regala, es aquello peor quien necesita de la trampa de lo regalado para hacerse valer. Un segundo par de calcetines gratis no hacen mejor al primer par, en comparación con otro par más caro y...

No todas las personas se relacionan con el estrés de la misma manera. Dependiendo de su personalidad, de su forma de percibirse a sí mismas y a los demás, el modo de responder a las tensiones de su vida es distinta. Os presento varias formas de responder al estrés. La denominada personalidad tipo A se refiere a personas competitivas, muy orientadas al éxito, que disfrutan más el resultado que el proceso para llegar a él. Son hiperactivas, enérgicas y agresivas al relacionarse con los demás. Viven instaladas en la urgencia, sobrecargadas de plazos de entrega, tareas a finiquitar y listas que completar. Su falta de empatía hace que se las perciba como hostiles. Se generan a sí mismas y generan a los demás tensión constante por lo que el estrés suele ser su estado emocional más habitual. Su estrés lo confunden con velocidad, eficacia y contundencia. La denominada personalidad tipo B se refiere a personas relajadas y satisfechas de sí mismas porque la aceptación del mundo tal y como es, es una habilidad que tienen muy desarrollada....

En la vida hay problemas, conflictos, derrotas y decepciones. La vida es tan grande, contiene tantas experiencias que sólo los inconscientes, los ingenuos y los ególatras esperan no tener que enfrentarse nunca a situaciones que les superen, paralicen, descontrolen o desorienten. Desarrollar nuestra fortaleza emocional es uno de los ejercicios más necesarios para prepararnos para la vida, para afrontar todo aquello que sin duda viviremos y que requerirá de nosotros una destreza psicológica notable. La fortaleza emocional es, por tanto, la suma de los recursos psicológicos que nos permiten enfrentarnos a las adversidades y a los retos de nuestra vida y salir airosos de ellos. El primer paso para desarrollar nuestra fortaleza emocional es tener una razón para enfrentarnos a las adversidades. Se trata de encontrar en nuestro interior aquellos motivos que justifiquen el esfuerzo de superar el invierno y llegar a la primavera. Es difícil soportar la tempestad sin la esperanza de un día soleado después. Tener un propósito otorga más fortaleza emocional que ser una veleta que cambia con cada golpe de viento. Con...

Casi todas las personas que tienen éxito son vendedores eficaces, vendedores que saben vender el valor de sus servicios para que otros confíen en ellos y les compren dichos servicios. En esta idea, en el valor que uno pone a lo que hace y ofrece a los demás, se encuentra el primer gran obstáculo para ser un gran vendedor: el miedo a ser rechazado. Para superar dicho miedo, hay un pensamiento central que no debes olvidar. Detrás del cliente hay una persona que tiene derecho a decirte que no. Cuando te dicen no a lo que les vendes, no te están humillando, no te están minusvalorando, no te están juzgando, simplemente ejercen su derecho a negarse a hacer lo que les pides. El primer paso para vender mejor es respetar al cliente como persona. El segundo paso para ser mejor vendedor es tener muy claro por qué quieres vender. La mejor respuesta posible, la que ayuda a que vendas mejor, es que con lo que vendes ayudas a otras personas a conseguir lo que quieren. El...

Compararse con otros es medir tu vida desde las suyas, sentirte mal por envidia ante el posible éxito de los demás y sufrir por lo que tú no tienes. Compararse con otros es padecer y compadecerse por llevar una vida más aburrida, anodina o absurda que los demás… como si la vida de ellos fuese indudablemente mejor que la tuya. Compararse con otros es tener miedo a que te perciban como fracasado, atormentarse por no causar admiración en los demás y ser relegado a un papel secundario. Compararse con otros es sospechar y desconfiar, barruntar que los demás han tenido privilegios y atajos que tú no has tenido. Compararse con otros es obsesionarte con la idea de que tus relaciones son un lastre, un peso muerto que te frena y no te permite llegar a ser quién deberías ser. Compararse con otros es acumular ira porque el mundo, tu mundo, no es como debería ser y acabar desenamorándote de él. Compararse con otros es olvidarse de que realmente ya tienes todo lo que necesitas. Que confundes deseos...

Decía Mark Twain que quien dice la verdad no tiene que acordarse de nada. Porque la verdad existe tal cual, sólo inventamos la mentira usando nuestra imaginación para crear algo que no es real. Y cuantas más mentiras creamos, más irreal es nuestra vida. Lo que se apoya en una mentira, por muy importante que sea para nosotros, puede caer ante el más ligero soplo. Las relaciones, las empresas, las amistades,… muchas veces caen porque se construyeron sobre mentiras. La mentira es un mecanismo de defensa tosco y usurero. Tosco porque es vulgar y poco refinado, porque se coge antes al mentiroso que al cojo. Usurero porque te pide un interés desorbitado para seguir vigente, para mantener la mentira ante la fuerza de la realidad. Pero la realidad es la que es. Nos gustaría que fuese de otra manera, pero es como es. Y necesitamos coraje para afrontarla. Decía San Agustín que la verdad existirá cuando el mundo perezca. La ganancia emocional de la mentira es seductora y corremos el riesgo de caer en sus brazos. Queremos...

¿Y si tu vida ya está bien como está ahora? ¿Y si eres feliz ahora mismo? ¿Y si tienes éxito ya aunque no hayas llegado aún a las metas que te propusiste? Puede pasar que ya esté ocurriendo todo esto en el presente y no lo distingas. Quiero darte unas pistas para que puedas saber si la respuesta es afirmativa a las preguntas que te he hecho al principio. Son señales de que ya estás bien, de que estás triunfando: La primera señal es que estás vivo y tienes salud. Y es el éxito más importante de todos, porque sin salud no hay bienestar ni éxito posible. Recuérdalo siempre: estar sano es una urgencia, una prioridad y un requisito imprescindible para ser feliz. La segunda señal es que vives tu vida siendo tú mismo. Eres fiel a ti mismo, eres coherente con tus valores y tu sentido de la vida, eres comprometido con tu palabra y tus pensamientos. Te responsabilizas de tu bienestar y te quieres tal y como eres. Sabes que tu valor como persona es...