A veces la verdad nos amenaza de tal manera que preferimos negarla antes que aceptarla. Sentimos que aceptar la verdad generaría tal crisis en nuestras vidas que acabamos eligiendo la ceguera antes que la clarividencia. Con la negación la amenaza desaparece temporalmente, la verdad es esquivada de forma momentánea y ganamos un tiempo de pseudotranquilidad hasta que la verdad vuelve a llamar a nuestra puerta. Si la verdad que negamos en el fondo no es tan importante para nuestra vida, la negación no deja de ser una mentirijilla o una mentira piadosa. Pero si negamos una verdad fundamental para nuestro bienestar el riesgo es muy alto. No subestimemos la capacidad de negación que tenemos los seres humanos. Hemos llegado a negar que la tierra gira alrededor del sol. Negaciones más cercanas a nuestro día a día es negar un deseo, negar una enfermedad, negar una adicción o negar un conflicto. Decía Isaac Asimov que negar un hecho era fácil, pero que el hecho seguía siendo un hecho. La negación es una señal de inmadurez psicológica, un termómetro...

Pensamos en el cuerpo como algo cercano pero ajeno a nosotros, de hecho hablamos de algo nuestro, no de algo que seamos. Lo entendemos más como una propiedad que como un signo de identidad. De hecho no decimos “yo soy mi cuerpo”, sino “yo tengo un cuerpo”. Cuando hablamos de atribuciones psicológicas, sí nos identificamos con ellas, por ejemplo decimos “soy inteligente, o soy una persona sensible”. Esta percepción de propiedad sobre el cuerpo, puede llevarnos a pensar que se trata de algo así como un animal doméstico que nos obedece ciegamente, algo que controlamos como el equipo de música o la televisión, mediante el mando a distancia de nuestro pensamiento o nuestra voluntad. Pero no siempre es todo tan sencillo. Hay veces que es el cuerpo el que toma el control de nuestra voluntad, nos arranca de un zarpazo el “mando a distancia” de nuestra mente, nos arrincona y hace que hagamos cosas impensables. Puede ocurrir cuando el miedo nos paraliza y nos impide pensar y reaccionar, porque aunque queramos hacer algo notamos el cuerpo y la...

Nuevo año, nuevos hábitos. O eso intentamos todos, aprovechar el empuje del cambio para avanzar. He encontrado en internet una antigua fábula sobre el estrés que me gustaría compartir en este blog. Dice, “una psicóloga en una charla levantó un vaso con agua. Todos pensaron que preguntaría si el vaso se veía medio lleno o medio vacío, pero no fue así. ¿Cuánto pesa este vaso de agua? - Preguntó. Las variadas respuestas oscilaban alrededor de los 200 ml. A lo que ella reflexionó, el peso absoluto no es lo realmente importante sino el peso relativo. Y este dependerá de cuánto tiempo sostengas este vaso en tu mano.”  No es lo mismo que lo sostengas durante 1 minuto, 5, 10 minutos, 1 día entero que toda una vida. El peso no cambiará, pero sin duda, cuanto más tiempo lo sostengas en tu mano, más pesado y difícil de aguantar será. ¿Qué tiene que ver esta fábula con los hábitos? En concreto, voy a referirme a los hábitos mentales y negativos que mantenemos. Pensar mal un poco genera malestar, pero...

Tu autoestima es un escudo contra los chantajes emocionales. Cuanto más claro tengas esto, cuanto más desarrollada esté tu autoestima, menos oportunidades darás a los chantajistas para amenazarte. Menos capacidad tendrán de utilizar tu miedo, tu sentido del deber o tu sentimiento de culpa para conseguir de ti lo que realmente no quieres darles. Y tienes todo el derecho a no hacerlo. Si es un principio básico respetar a los demás, también lo es respetarte a ti mismo. Aquellos derechos que otorgas a los demás fácilmente, otórgatelos también a ti mismo. Porque muchas veces los chantajistas emocionales atacan tu autoestima, te hacen dudar para que consideres que sus deseos y necesidades son más importantes que los tuyos. Se aprovechan de tu necesidad de aprobación, de que evites sus enfados, de tu miedo al conflicto o de que te hayas cargado con la obligación de que ellos siempre estén bien para chantajearte. Ante el miedo o la culpa ha de prevalecer el amor hacia ti mismo y tu deseo de desarrollarte y convertirte en todo aquello que puedes...

“Los 10 ladrones de energía” es un escrito que me ha llegado a través de la red, atribuido al Dalai Lama. Son 10 recomendaciones muy sencillas para sentirte bien y no desperdiciar tu poder y energía. Quiero compartirlo contigo porque guardan mucha relación con la autoestima y seguir estos consejos se convierte en un puente a tu felicidad. Estos son: Deja ir a personas criticas y quejosas que sólo hablan de problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un cubo para echar su basura, procura que no sea en tu mente. Paga tus cuentas a tiempo. Al mismo tiempo cobra a quién te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle. Cumple tus promesas. Si no has cumplido, pregúntate por qué tienes resistencia. Siempre tienes derecho a cambiar de opinión, a disculparte, a compensar, a re-negociar y a ofrecer otra alternativa hacia una promesa no cumplida; aunque no como costumbre. La forma más fácil de evitar el no cumplir con algo que no quieres hacer, es decir NO desde...

El lenguaje es maravilloso, fascinante, tanto es así que, gracias a él, nos diferenciamos y caracterizamos como especie. Dentro de cada ser humano existen infinidad de lenguajes; existe el lenguaje interno, el externo, el verbal, el no verbal, el consciente, inconsciente y todos y cada uno de ellos tiene la capacidad de cambiar y configurar nuestro presente y también el de los demás. A través del lenguaje los seres humanos somos capaces de expresar y configurar nuestra propia personalidad, el lenguaje es capaz de afectar a nuestras emociones, sentimientos y por supuesto también a sistemas tan anclados como nuestros valores, nuestras capacidades, nuestras carencias y nuestras relaciones. Cierto es que muchos de los patrones lingüísticos que cada uno de nosotros adoptamos en muchas ocasiones, son heredados del contexto cultural, familiar o social donde nos desarrollamos; sin embargo estos datos no tienen ni el peso ni la fuerza suficiente para condicionarnos eternamente. El lenguaje es modificable, plástico y gestionable, tan solo depende de la actitud que adoptemos ante este. Para poder cambiar estos patrones, el primer paso que debemos...

El cortoplacismo, la búsqueda puntual y sistemática del placer, la tiranía de los impulsos, seguir el camino fácil. La vida sin un sentido a largo plazo es un tobogán hacia las satisfacciones egoístas. Nada en el futuro importa tanto para renunciar al placer inmediato, todo vale para sentirse uno bien ya. Hacer lo conveniente en lugar de lo responsable posterga las consecuencias negativas de nuestro egoísmo a nuestro yo del futuro. ¿Y si se puede lograr algo muy bueno más adelante, renunciando a premios menos valiosos pero más seguros ahora? Somos capaces de inhibir nuestras respuestas impulsivas, somos capaces de planificar acciones que seguidas paso a paso dan lugar a resultados extraordinarios, somos capaces de ceder algo importante de nosotros mismos para negociar con otras personas y llegar a acuerdos enriquecedores y duraderos. Pero, ¿por qué razón hemos de hacer este esfuerzo si parece que uno puede estar bien ya haciendo lo que le venga en gana? En primer lugar porque el placer como fuente principal de nuestro bienestar nos debilita. Nos hace cobardes, inmaduros y adictos...

Cuando tienes dudas o sientes inseguridad al tomar una decisión, es porque no estás escuchando la voz de tu corazón. En tu cabeza hay muchas voces. Están las voces de papa y mama. La voz de tu jefe, de tu pareja, de tus hijos y tus amigos. También hay una voz mucho más difusa e inconcreta pero que resuena con fuerza en muchas personas, que es la voz del “¿qué dirán?”. Y por supuesto están las voces emocionales del miedo, la angustia, la vergüenza, la culpa, la pereza, la tristeza o la rabia. Detrás de todas esas voces está la voz de tu corazón. Tu verdadera Voz Interior, que es algo muy diferente al diálogo interior, este es precisamente el parloteo de las otras voces. La voz de tu corazón no se equivoca nunca y sabe lo que es mejor para ti. Es paradójico que siendo parte de nuestro sistema de guía interior, hemos desaprendido a escucharla. Y digo hemos desaprendido porque sigue estando ahí, sigue hablando y diciéndonos que es lo mejor, por donde tendríamos que seguir...

Todas y cada una de las experiencias dolorosas que vivimos a lo largo de nuestra vida tienen un sentido final, por ello, resulta indispensable saber gestionar el dolor para poder marcar la diferencia ante las consecuencias que este nos pueda generar. Estas experiencias están íntimamente ligadas a la oportunidad de aprendizaje, tras cada “mala experiencia” hay un potencial infinito de introspección y escucha que debemos escuchar y validar. El dolor es lo más parecido a sentirnos desnudos, vulnerables, frágiles. La experiencia del dolor se convierte en algo personal, único e intransferible, sin embargo debemos estar preparados, ya que la experiencia del sufrimiento es intrínseca al ser humano. Existe una cantidad ilimitada de situaciones que nos pueden generar dolor o sufrimiento. Algunos ejemplos de ello pueden ser: Perdida del trabajo, la aparición de una enfermedad, la pérdida de capacidades cognitivas o motrices, conflictos con seres queridos, rupturas emocionales o la muerte de seres queridos. Al igual que ocurre con el dolor físico, el dolor emocional es, en cierta medida funcional y adaptativo, siempre y cuando no nos dejemos arrastrar por...