Muchos de nosotros tratamos de crecer, de mejorar, de conseguir ser felices y de alcanzar el éxito en la vida. ¿Pero qué es eso? Y lo que es más importante, ¿Cómo se consigue? Con los años invertidos en mi propio crecimiento personal y de observar a mis pacientes desde un lugar privilegiado, me doy cuenta de que a veces nos confundimos y caemos en la creencia errónea e inconsciente de que hay que ser mejores para querernos, en lugar de aceptarnos y querernos tal cual somos para poder progresar. Nos marcamos objetivos, retos, propuestas de mejora en diversas áreas de nuestra vida. Debería dejar de fumar, llegar a controlar mi peso, hacer más ejercicio, ponerme con el inglés, tomarme las cosas con más calma, etc. y sin apenas darnos cuenta, usamos eso para dañarnos y sentirnos insuficientes, inapropiados, infelices o decepcionados con nosotros mismos. Lo primero si quieres crecer, lo inevitable si necesitas amarte, lo imprescindible para mejorar tu autoestima es ACEPTARTE. Si no te aceptas en el punto en el que estás, con tus kilos de más, con tu dificultad para ser disciplinado, con tus “crisis de nervios”, … si no te aceptas tal...

Nuestra inteligencia no es solo una capacidad deliberada y consciente. No es simplemente aplicar una lógica a aquello que queremos resolver. Hay también un tipo de inteligencia que funciona más allá de lo que somos conscientes. Son nuestras intuiciones, aquellas reacciones e “instintos” mentales que nos descubren razones nuevas y valiosas. La inteligencia del inconsciente es aquella que nos ayuda a decidir aún cuando no somos plenamente conscientes de lo que está pasando o sobre qué tenemos que decidir, porque no siempre tenemos el conocimiento y los datos necesarios para tomar una decisión plenamente reflexiva. Decía Einstein que la única cosa realmente valiosa es la intuición. Es una manera de entender nuestra inteligencia que choca con el paradigma de que lo inconsciente, lo emocional, lo instintivo es lo más bajo y oscuro de nuestra vida mental. Como si lo brillante y superior fuese solo el pensamiento racional y reflexivo. La verdad es que ambas inteligencias son necesarias e incluso en muchos momentos se complementan con éxito en la vida real, aquella que es compleja e incierta. Pensar...

Los conflictos forman parte de nuestra interacción con la realidad. Simplemente son la contrariedad que percibimos y sentimos cuando nuestras expectativas no se cumplen, cuando otras personas no nos comprenden y defienden una opinión opuesta a la nuestra, o reaccionan de un modo que nos frustra. Los conflictos son inherentes a las relaciones personales. Sin conflicto no hay relación real, todo es superficial. Otra cuestión en como lo gestionamos. Porque todos, directa o indirectamente, sabemos que una mala gestión del conflicto nos lleva a conductas agresivas y destructivas. Aunque existe la confusión generalizada de que hay que evitarlos a toda costa. Cada vez son más los autores que opinan lo contrario. Aseguran que el conflicto bien gestionado es siempre un desafío personal e interpersonal que nos enriquece y nos ayuda. De hecho las mejores soluciones, las ideas más rompedoras, o incluso las relaciones más fuertes, fueron el resultado de resolver un conflicto juntos. Patrick Lencioni, un experto en relaciones interpersonales, liderazgo y gestión de cambio, es uno de esos defensores del conflicto constructivo. Para él, un conflicto se transforma en una oportunidad solamente cuando se dan ciertas circunstancias y las personas tienen que tener...

La persona que se victimiza se considera a sí misma y se comporta como tal, lamentándose por su mala suerte, por la agresión (real o imaginaria) sufrida, culpando a otros de lo que le sucede, quejándose y aclamando un “pobre de mí”. No hay nada que anule más a las personas, o que impida ejercer su poder y crecer en la adversidad, que esa tendencia psicológica a sufrir por lo vivido. Y puede que lo vivido haya sido dantesco, duro, abrumador o simplemente molesto como una violación, un atropello, un diagnóstico aterrador, o tan solo un pinchazo de una rueda antes de una reunión.  Suceda lo que suceda, tú puedes elegir cómo lo vas a llevar. Esa es tu última libertad. Nunca seas una víctima. Pase lo que te pase, no te victimices. Porque hacerlo te ancla en el problema, te quita todas las fuerzas, te hunde en la desesperación, te incapacita para el cambio, pierdes tu responsabilidad, y además atraerás a personas que tienden a machacar y desatar toda su agresividad con personas débiles y vulnerables y así es justo como te sentirás. También puede que te...

Hay niños problemáticos que lo son por inadaptados y desajustados, que se nos muestran conflictivos porque aún no saben ser mejores de lo que son en ese momento. Lo hacen lo mejor que saben pero eso no es suficiente aún. Y demasiadas veces su incapacidad choca con la impaciencia y rigidez de sus educadores. Son niños a contracorriente, que al adulto le parecen retadores y destructores. Son niños que invitan al castigo o peor, a la rendición ante su futuro. Son habituales de la mano dura, cuando nadie ha triunfado gracias a la mano dura sino más bien a pesar de ella. Cuántos niños eligen malos caminos porque no se sienten merecedores de los buenos. A estos niños problemáticos se les educa con las dos manos, una mano firme y otra mano cariñosa. Cuándo usar cada mano es más un arte que una ciencia, y el educador que domina dicho arte vale su peso en oro. Es ese educador que los niños más adelante recordarán como aquel que marcó la diferencia en su vida. Aquel que...

La indecisión es el resultado de una contradicción interna. De una lucha entre el deseo y el deber, del pulso entre lo de siempre y lo nuevo, del contraste entre lo que yo opino y lo que opinan los demás. La indecisión se alimenta de la duda, la incertidumbre y el autoengaño, vive con el miedo a la equivocación y al que dirán y es muy sensible al sufrimiento y la ira de terceras personas. La indecisión es el espejismo en el que se confunde al personaje que todos llevamos dentro. Crece y se nutre con el diálogo interno de nuestro Yo Narrador, que nos cuenta historias inquietantes, abrumadoras o falsamente edulcoradas, con las que justifica la parálisis y la porstergación a la hora de pasar a la acción y resolver las cuestiones sobre las que nos mostramos indecisos. El miedo al cambio real y definitivo, las incontables segundas oportunidades y los aplazamientos, son las causas y consecuencias conductuales de la indecisión. El indeciso intenta las cosas muchas veces pero sin hacer cambios efectivos. En realidad cambia...

¿Te consideras una persona agradecida? ¿Sabes que es ser agradecido? ¿Se trata de dar las gracias como nos enseñan de niños? Entre otras cosas. Profundizando en el agradecimiento como emoción, es una de las más potentes de cara al bienestar, a la felicidad y que más aportan a nuestra autoestima y a nuestra salud. Lo bueno es que, si no lo eres, se puede entrenar, y si lo eres, puedes serlo aún más. En nuestras relaciones personales más íntimas, por ejemplo, con nuestras parejas, hijos o incluso empleados, … existe la tendencia a pedir, a exigir, a esperar de ellos, a dar por hecho, a mandar, a reclamar, … y en todas las áreas, además. Por ejemplo, queremos parejas perfectas que sean excelentes amantes, buenos cocineros, ordenados y limpios, deben ser buenos padres, atentos, cariñosos, trabajadores, etc. ¿Dónde estamos poniendo la atención? La tendencia es ponerla en la falta, en lo que podría o debería haber, en vez de en lo que hay. Agradecer implica valorar positivamente lo que tienes, apreciarlo y seguramente, cuando se trata de hacia otros, hacerlo...

Tenemos 5 emociones básicas, emociones naturales, francas y puras. Emociones básicas que son compañeras desde tiempos inmemoriales y aliadas en nuestra aventura de vivir. La alegría, el asco, la tristeza, el miedo y el enfado no son buenas ni malas, catalogarlas así es reducirlas y subestimarlas. Son parte sustancial de quiénes somos como especie, de nuestras decisiones y del valor que damos a nuestras vidas. El miedo quizás sea la emoción básica más presente en este momento de nuestras vidas y más aborrecida en cuanto que nos genera tensión, ansiedad, angustia e incertidumbre. El miedo es la señal biológica que nos damos a nosotros mismos para avisarnos de que estamos corriendo un riesgo. Es un piloto que se enciende para indicarnos que lo que va a ocurrir entraña una posibilidad de estar en peligro. La valoración de dicho riesgo o peligro, así como de la oportunidad que emana de dicho riesgo, ya no es tanto responsabilidad del miedo como de nuestra parte analítica que ha de evaluar si ese miedo es correcto, exagerado o subestimado. Cuando el...

Cada día hay cientos de ocasiones en las que muchas veces sin darnos cuenta, dejamos que nuestra autoestima se nos escurra entre los dedos y caemos en los abismos del sufrimiento, el abandono y la destrucción. El día a día puede convertirse en una lucha de desgaste frente a la cotidianidad, sobrevivimos haciendo un ejercicio de fonanbulismo, para mantener el equilibrio y no caer en el estrés, la frustración, la ansiedad o la depresión. Aunque la mayoría, tenemos vidas privilegiadas y cómodas, sin embargo, nos limitamos a soportarlas sin gracia ni ilusión, en lugar de disfrutar de ellas. Estamos más atentos a lo que aun nos falta o hemos perdido, que a todo aquello que alimenta nuestro bienestar. Hay muchas gente rodeada de personas con las que pueden contar y que les quieren, pero no valoran o incluso rechazan, y con las que en ocasiones se aburren o evitan compartir la intimidad. De la misma forma que la salud es el estado natural del cuerpo. La felicidad es el estado natural de nuestras emociones. Pero en algún...

Está mal visto cometer un error cuando en realidad es de las mejores herramientas que tenemos de aprender y de cambiar.   Sin ellos y sus consecuencias muchas veces nos quedamos estancados, no arriesgamos, no evolucionamos y por tanto no crecemos.   Cometer errores es sano. Eso sí, a poder ser no siempre los mismos. Para ello con consciencia y reflexión conviene que aprendamos que nos llevó a ello, cómo analizamos la situación en ese momento, que decisiones tomé, cómo me sentí y qué consecuencias obtuve. Y que tuve que hacer para resolverlo o solucionarlo si se pudo o, incluso, si haría algo diferente si me volviera a suceder. Existen resistencias en este proceso de aprendizaje. Una importante que te aleja del crecimiento es la falta de responsabilidad, el echar balones fuera y no analizar la situación desde ti sino desde los otros. Buscar culpables, enfadarte, no aceptar, querer venganza si hay otras personas implicadas, etc. no te va a traer nada bueno. Pregúntate, ¿yo qué?   Por otro lado, victimizarte, lamentarte, quejarte o criticar tampoco te va ayudar, es...