Estamos en un momento cultural que confunde la cantidad con la calidad, el más con el mejor. Los límites son cada vez más difusos y confusos y en la época de la superación, el desarrollo personal, el culto al cuerpo y la imagen, se glorifica el abandono y la dejadez como si fueran el remedio al estrés. Son tiempos paradójicos. Seguramente nunca hemos acumulado tanto y posiblemente jamás nos hemos sentido tan vacíos y tan torpes con el manejo de nuestra felicidad. Somos muy sensibles y reactivos a la frustración, nos hemos vuelto cada vez más intolerantes, complacientes, despóticos e infantiles. Y estos tiempos vertiginosos de respuesta rápida, nos llevan a buscar la satisfacción inmediata y cuando no la conseguimos, nos irritamos, entristecemos o perdemos el control. Lo fácil e inmediato son criterios con lo que tomamos muchas decisiones importantes, nos autoengañamos y regateamos con nuestro inconsciente para evitar el esfuerzo y cumplir con la disciplina. La distracción y la dispersión están envenenando la pasión por vivir, el valor por ser nosotros mismos y el principio...

Guardamos ropa que ya no nos sirve, no nos gusta o nos incomoda llevarla, zapatos viejos por su valor sentimental, los apuntes de la carrera por lo mucho que nos llevó que quedaran con ese aspecto final, cosas ni que sabemos que tenemos guardadas, rincones de abandono y acumulación de “trastos viejos” por si en algún momento nos hace de nuevo falta, libros que no hemos leído y que jamás leeremos, helados en el fondo del congelador de hace unos cuantos veranos, bolígrafos que no pintan,… y un sin fin de objetos insulsos, caducos, inservibles e incómodos que llenan estantes y rincones de nuestra casa sin muchas veces saber de su existencia. ¿Te sientes reconocido con esta descripción? Dentro de este acumular hay grados de intensidad. Hay casa realmente atestadas en las que puedes sentir una gran opresión y luego hogares en los que más o menos reina la calma y el orden excepto en el cuarto oscuro. ¿Qué nos dice nuestro entorno de la autoestima que poseemos? ¿qué indica la existencia de una marcada tendencia a acumular? Al...

Hace tiempo que llegó la hora de irte de donde has estado, de donde has disfrutado, de donde has crecido, de donde has aprendido, de donde has amado, de donde has trabajado. Se ha cumplido un ciclo y lo sabes. Las señales empezaron débiles y dispersas para tornarse en rotundas y constantes. Y no eres tonto, ni estás ciego o sordo. Estás forzando la situación porque te resistes a irte. Niegas el hecho de que todo tiene un inicio y un final, te cuesta aceptar el desenlace y dejar marchar lo que ya no da para más. En donde estás ahora sientes demasiado aburrimiento, ya no hay curiosidad ni motivación por seguir creciendo. Es todo más de lo mismo y siempre lo mismo y otra vez lo mismo y una vez más lo mismo. Lo que en otro tiempo fue un reto ahora es automatismo. Tic, tac, tic, tac, tic, tac. Y no eres un robot. La búsqueda es un inicio, te insta a partir a territorios nuevos y te hace sentir vivo. En donde estás ahora...

Autoestima es sinónimo de felicidad. Es imposible ser feliz y no quererse. Y tampoco es posible quererse y ser infeliz. Una cosa lleva a la otra. La felicidad es un equilibrio emocional entre la alegría y la serenidad. La alegría es la parte ligera de la felicidad, guarda relación con la infancia, nos activa y nos empuja a salir fuera de nosotros. La serenidad es la parte profunda, se relaciona con la madurez y el orden, nos calma y devuelve a nuestro interior. Lo de dentro se proyecta fuera. El orden externo es solo un reflejo del propio orden interno. Y a la vez, lo de fuera ayuda a mantener lo de dentro, por eso cuanto más “zen” sea el espacio habitado más fácilmente conectaras con la serenidad. Algunas sugerencias que te pueden ayudar con la serenidad: Haz solo una cosa cada vez. Olvídate de la multitarea. Haz las cosas como un ejercicio de concentración. Si comes, solo comes. Si atiendes llamadas, solo atiendes llamadas. Si estás con otra persona, solo estás con ella. O sí conduces, solamente conduces....

Con frecuencia nos vemos arrollados por una inercia emocional que nos saca del equilibrio. Sufrimos ataques de rabia, crisis de decepción, episodios de una fuerte ansiedad, … en definitiva un gran malestar concentrado en un corto espacio de tiempo para luego volver a la llamada normalidad. ¿Un mal día? ¿se da por culpa de otros? ¿quizás tu jefe te ha sacado de tus casillas? ¿es tu marido que tiene hoy ganas de guerra?...

Decía un escritor que la perseverancia es la virtud por la cual todas las otras virtudes dan su fruto. No hay meta importante que se haya conseguido sin perseverar, no sólo perseverando pero imprescindiblemente perseverando. Ha de haber más ingredientes, más virtudes, más capacidades, por supuesto, pero la capacidad que cataliza a las demás es la perseverancia. ¡Cuántas inteligencias, talentos, aptitudes no florecieron por no ser perseverantes! No escasea la capacidad sino la constancia. Muchas veces la búsqueda de lo fácil y cómodo enmascara falta de autoestima e inmadurez y no es simplemente búsqueda de sencillez. La perseverancia es la diferencia entre el “Yo quiero” y el “a mí me gustaría”. Es la diferencia entre el deseo real y la apetencia fantaseada. La perseverancia distingue al ganador del perdedor, distingue al conseguidor del aspirante, distingue al hacedor del pretendiente, distingue al amante del enamorado, distingue al creador del crítico, distingue al constructor del soñador, distingue al escritor del lector, distingue al líder del solicitante, distingue al protagonista del seguidor, distingue al resultado de la idea. Se...

Al final todo lo harás en función de tus prioridades. Consciente o inconscientemente utilizas una serie de filtros a través de los cuales organizas y ordenas y tu realidad, la valoras, tomas decisiones y haces o no haces cosas. Esos filtros son tus prioridades. Tus prioridades determinan la gestión de tu tiempo y el uso de la agenda, el cuidado de tu alimentación o las visitas al médico, el trabajo que haces, la dedicación al mismo y los resultados que logras, tus amistades, la relación con tu familia o la satisfacción con tu pareja. Y también influyen en tu economía, el lugar en el que vives o tu felicidad. Tus prioridades están en la raíz de tus paradigmas y son la parte práctica con la que gestionas tu realidad. Es interesante reflexionar sobre el orden de importancia de tus actividades, personas o creencias y ser consciente de cuáles son. Pregúntate ¿Qué es lo más importante para ti? ¿Y lo segundo más importante? ¿Por qué? Y así hasta identificar unos diez niveles. Son muchas las cuestiones que pueden terminar convirtiéndose en...

¿Has sentido alguna vez inquietud, estrés, preocupación, impaciencia, intranquilidad, impotencia, angustia o nerviosismo? ¿Sufres ansiedad? La ansiedad es una respuesta normal o adaptativa que guarda relación con el instinto de supervivencia y que prepara al cuerpo para reaccionar ante una situación de emergencia. Se trata de una señal de “alarma del cuerpo” para tratar de adaptarse lo más rápidamente a una nueva situación, a un cambio o a la incertidumbre. Por tanto se trata de una respuesta normal y sana cuando nos prepara de manera proporcional para responder adaptativamente a las circunstancias que te rodean. En cambio, si se da una respuesta desproporcionada e interfiere en tu funcionamiento cotidiano, afecta o te invalida en otras áreas como tu salud, tu trabajo o tus relaciones sociales, con marcados síntomas físicos y psicológicos y se mantiene más allá de los motivos que lo han desencadenado, puede que estemos ante una respuesta patológica. Seguro que conoces algún caso de personas de tu entorno que han acudido al servicio de urgencia refiriendo taquicardias, mareos, dificultad para respirar, nauseas, vómitos, con una aterradora...

Cuando cambia tu estado emocional, tu mundo también cambia. Si estás “depre” todo se vuelve gris, si sientes alegría, todo se vuelve rosa, si sientes preocupación, todo se vuelve negro. Tu estado emocional puede ser tu tirano o tu aliado, tu motivador o tu debilitador, tu facilitador o tu obstáculo. Cómo te sientes, fisiológica y emocionalmente, influye en cómo piensas. Y lo que piensas, lo que decides, aquella parte de tu mente donde reside tu libertad para elegir, tu imaginación y tus ideas del futuro, están influidos por tu estado emocional. Sin libertad emocional no hay libertad real. Por muy buenas intenciones que tengas, por muchas buenas oportunidades que se te presenten, por mucha gente interesante que conozcas, la ausencia de libertad emocional es un lastre. Y recuerda que libertad es independencia y responsabilidad, no es hacer lo que te da la gana. La libertad emocional no es sentir emociones positivas a cada momento, es saber qué sientes a cada momento y saber cómo gestionar dichos estados emocionales. La libertad emocional empieza por saber calibrarte, reconocer...