¿Te has enfadado alguna vez durante los últimos dÃas? Supongo que sÃ. El enfado es una emoción adaptativa y transitoria, aparece cuando sientes una agresión y desaparece cuando se restaura tu seguridad. En el periodo del enfado, notarás cambios en tu cuerpo, aumentará tu ritmo cardÃaco y tu presión arterial. La adrenalina, generada en unas glándulas situadas encima de tus riñones, te activará y te preparará para el ataque. Recuerda que tu cuerpo es el teatro de tus emociones, éstas no aparecen en el aire ni se gestionan en el limbo. ¡Es en tu cuerpo donde ocurre todo!
DecÃa Aristóteles que cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo. A esto último quiero ayudarte, a que le saques provecho a tus enfados. Es normal que te desahogues hasta un cierto punto, con autocontrol. Y sobre todo, este desahogo es más sano que tragarte el enfado a palo seco, como si no hubiese pasado nada. Para tu estómago es uno de los peores platos posibles, tan malo que te lo “agradecerá” con una úlcera si se lo haces digerir de manera continuada. Te estás autolesionando. La resignación es un suicidio cotidiano, decÃa Balzac.
Tampoco es nada saludable el otro extremo, dejar escapar tu ira sin lÃmite alguno. A veces he escuchado a determinadas personas que, en este punto, me dicen que necesitan soltarlo todo, no dejar nada dentro. Suena a dependencia del enfado, ¿verdad? Como con el exceso de alcohol, tras la “fiesta” viene la resaca. El terremoto que han generado a su alrededor como forma de exteriorizar su enfado, da lugar a daños colaterales que pueden ser difÃciles de reparar. ¿Dónde poner el lÃmite entonces? Yo suelo decir, medio en serio, medio en broma… en el código penal. No hagas ni les digas a los demás lo que no quieras que te hagan o digan a ti.
Maneras positivas de desahogarse, es decir, de encauzar un enfado que está a punto de ofuscarte son todas aquellas relacionadas con la exteriorización de sentimientos y no de acusaciones. Es más efectivo y productivo para ti que digas ¡Me ha dolido! a ¡Me has hecho daño! También ayuda bajar el nivel de activación corporal, con técnicas de relajación, haciendo deporte, aprendiendo a respirar mejor… o instalando un saco de boxeo en el trastero.
Pasado lo urgente, superada la llamada a coger las armas de la adrenalina, vamos a lo importante. La ira es una locura pasajera, sÃ, pero la parte productiva es que hace transparente tu corazón. Salen a la superficie secretos guardados celosamente en algún cajón al fondo del armario cerebral. O asuntos pendientes arrastrados sin resolver desde hace tiempo. Aquà está el verdadero poder del enfado, como un motor de cambio si aceptas serena y valientemente lo que te dice. Que no te extrañe que debajo de un enfado haya un miedo, suele ser lo más normal. Te enfadas con un empleado porque tienes miedo a no llegar a los objetivos financieros marcados. Te enfadas con tu hija porque su suspenso hace que te asuste su porvenir profesional. Te enfadas con quién se ha colado en la fila del cine porque temes que se estén riendo de ti. Y una regla básica que has de recordar es que nos es más fácil aceptar un enfado que un miedo.
Dicho esto, hay una elección en el enfado. ¿A quién le das la llave de tu felicidad? ¿A otros, cuyo delito principal a lo mejor ha sido tocar en la herida sensible provocada por un miedo agazapado? ¿O te vas a hacer responsable de tu bienestar? Yo te recomiendo el camino de la responsabilidad y la valentÃa, tiene mejor meta. Recuerda que nadie te puede hacer sentir mal sin tu consentimiento.
