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David del Bosque

No miréis hacia atrás con ira, ni hacia adelante con miedo, sino alrededor con atención.

J. Thurker

Archivo de Febrero de 2010

Comportamientos Impulsivos

Lunes, 22 de Febrero de 2010

A todos nos has pasado alguna vez. Tal vez hace unos minutos. Quizás hace muchos años cuando habitabas un cuerpo infantil que parecía tener voluntad propia y te obligaba a conductas y acciones que más tarde te llevaban a preguntarte cómo habías podido hacer algo así.

Nacemos programados con una serie de impulsos que nos empujan y nos motivan de manera inconsciente a hacer determinadas cosas, a buscar la compañía de determinadas personas, a consumir de determinada manera determinados productos. Los actos impulsivos son automáticos, no pasan por el filtro de la conciencia. Y si pasan, son capaces  de burlar, cuando no arrasar, sus sistemas de control. Nacemos con esos impulsos porque forman parte de nuestro equipaje de supervivencia. Son los impulsos vitales. Los llamados instintos. Y en el plano más básico de la vida todo se resuelve en la dicotomía vivir o morir. Y los impulsos nos ayudan a eso, a vivir o a morir. Sí, también hay impulsos de muerte.

Freud decía que  “la represión es cultura”. Y creo que acertaba. Aprender a reprimir esos instintos es lo que nos hace sociales. Lo que garantiza cierta tranquilidad  cuando estamos con otros. La domesticación de nuestros impulsos reduce el riesgo de vivir, matar o morir,  o al menos lo estructura dentro de determinados cauces  más o menos acordados y admitidos. Las guerras son quizás el ejemplo más  evidente de esos otros cauces.

La impulsividad, por lo tanto, guarda mucha relación con la infancia. Y los impulsos siempre van a estar ahí. Tengamos la edad que tengamos porque el niño que fuimos, todos los niños que hemos sido, siguen con nosotros. Tal vez sujetos con fuertes cadenas de principios, reglas, valores, temores o condicionamientos. Tal vez, apenas sujetos por el lazo de la educación y “el que dirán”. Pero el niño que una vez fuimos lleva consigo la sabiduría de millones de años de evolución y la fuerza de la naturaleza y es capaz de desatar lazos y romper cadenas. Nadie está libre de sus impulsos. Afortunadamente.

Sin embargo, los comportamientos impulsivos, con sus reacciones desmedidas y esas respuestas irracionales sobre las que parece que no tenemos ningún control, tienen “mala fama”. No son correctos, ni educados. No tienen en cuenta las necesidades de los otros o las reglas del grupo. En el mejor de los casos y a dosis moderadas, son graciosos por la espontaneidad o el atrevimiento del que son capaces. En el peor de los casos son peligrosos, brutales y mortales. Recordemos que en ellos está la semilla del vivir o morir.

Goleman, uno de los padres de la Inteligencia Emocional, la inteligencia del éxito, considera el autocontrol como una de las competencias clave. Sin autocontrol el resto de las competencias son inestables. En realidad, sin autocontrol toda la vida del sujeto es inestable e impredecible. Goleman utiliza un término que refleja muy bien la impulsividad, habla de “secuestro emocional” o del “secuestro de la amígdala” y lo explica diciendo que se produce en “aquellas ocasiones en que nuestros sistemas de alarma accionan la parte más rápida y primitiva del cerebro, provocando una actuación inmediata con una fuerte carga emocional, que nos conduce finalmente a una situación peor que la inicial”.

¿Qué desata los impulsos? ¿Qué burla los mecanismos de control de la razón?

Es sencillo. El fuerte sentimiento de amenaza, real o imaginario, que la persona percibe. Su reacción es desproporcionada porque la percepción del peligro potencial es desproporcionada. Los impulsivos son inseguros. Puede que bravucones, puede que peligrosos, pero inseguros como niños. Tal vez ahí resida el mayor riesgo, los comportamientos impulsivos son peligrosos porque quienes los llevan a cabo son niños con la fuerza y los recursos de las personas mayores.

Cuando los niveles de tensión suben, cuando el estrés se hace mayor, cuando las personas se sienten presionadas, atrapadas o en peligro, los viejos impulsos pueden desatarse. Desatarlos es la manera que tiene el impulsivo de salir de esa situación de inseguridad y malestar. Se activa el primitivo mensaje vivir o morir al precio que sea, si es preciso matando.

También desatan los impulsos la falta de estímulos, el aburrimiento, la falta se sentido en la vida. Entonces el impulsivo recurre a sus instintos precisamente para salir de ese tedio y la forma de hacerlo es siempre pasar a la acción. No tener una razón para hacer algo, no tener un sentido para vivir, también carga la bomba de relojería de los impulsos. Porque la falta de sentido o la falta de estímulos son una muerte simbólica, de la que él impulsivo tratará de salir con lo recursos que tiene. Sus impulsos.

Dos sugerencias finales.

Si eres una persona impulsiva con menos recursos de control de los que te gustaría tener. O si los demás te perciben con una persona impulsiva y de “arranques”. Bueno, está bien que sepas, que los mecanismos de control siempre se pueden mejorar y hacer que realmente controlen más.

Si no eres una persona impulsiva pero estás rodeado de personas que sí lo son. Tal vez sería bueno que analizaras que haces para atraer este tipo de sujetos, porque algo que es interesante es que los impulsivos no lo son con todo el mundo. Seleccionan con quien lo pueden ser.

En cualquiera de los casos. Recuerda que se trata de aprender a tratar al niño que llevamos dentro.

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