Lo cierto es que hay muchos motivos por los que preocuparse. Razones no te van a faltar para pasar un mal rato en las pantanosas y turbias emociones de la preocupación.
Igualmente es cierto que cada vez que te preocupas estás perdiendo lo único que realmente tienes: tu precioso momento presente. El momento presente es efÃmero, fresco, delicado y sutil como un perfume. Está ahà cambiando latido a latido. Haciendo de cada instante una oportunidad para sentirte libre y desplegar tu poder. Cuando te preocupas, con razón o sin ella, estás envenenando tu momento presente.
Dyer describe de una manera muy sencilla las preocupaciones. Afirma que están construidas con la misma materia emocional que la culpa. Pero a diferencia de esta que siempre mira al pasado, a aquello que hiciste, las preocupaciones se proyectan al futuro, ponen la atención en aquello que todavÃa no es. Y paradójicamente, cada vez que te preocupas estás dinamitando el puente para conquistar un futuro tranquilo. Porque ese puente siempre es tu momento presente. Dyer también asegura que ninguna preocupación por fuerte o justificada que esté jamás soluciona nada. Puedes preocuparte mucho, pero eso no hará que cambien las cosas. Porque una cosa son las preocupaciones y otra muy diferente las soluciones.
Covey plantea un ejercicio muy bueno para trabajar con las preocupaciones. Propone que hagas tu lista de preocupaciones todo lo extensa que quieras. Puedes anotar en ella desde el calentamiento global, a la educación de tus hijos. Incluir la crisis financiera o tu relación de pareja. Pon todo aquello que te preocupa. A esa lista Covey la denomina “cÃrculo de preocupaciones.”
El ejercicio continúa trazando un segundo cÃrculo más pequeño dentro del primero. En él sólo vas a incluir aquellas preocupaciones sobre las que tengas una influencia significativa para hacer cambios reales. En realidad, con todas tus preocupaciones tienes influencia, pero con algunas es mayor que con otras. Por ejemplo, no es lo mismo tu capacidad de influencia sobre el calentamiento del planeta, que la que tienes sobre tu salud. Este segundo cÃrculo ya más pequeño, lo denomina “cÃrculo de influencia”.
Lo que Covey propone a continuación es que centres tu energÃa, tiempo, atención y dinero sobre tu cÃrculo de influencia. Sobre aquello en lo que en realidad vas a pasar a la acción. Ya sabes, en lugar de preocuparte, ocúpate. Actúa y sal del la complacencia masoquista y paralizante de las preocupaciones. Recuerda las palabras de Dyer, “ninguna preocupación por sà misma jamás solucionó nada”.
Muchas veces sustituimos la acción resolutiva por la preocupación, como si preocuparse fuera hacer algo. Y no funciona.
Haz lo que tengas que hacer, pero no te preocupes. Cambia lo que tengas que cambiar y deja de sufrir. Cada preocupación te estanca, te inmoviliza y hace furiosos descuentos en tu autoestima. Porque cuando te preocupas tu seguridad personal es menor, te sientes menos capaz, tu miedo se expande y tu autoconcepto languidece.
Curiosamente cuanto más te centras en uno de los dos cÃrculos más crece. Ya conoces la primera Ley de la Autoestima “allà donde pones la atención eso se expande”. Y si te centras en tus preocupaciones, cada vez encontrarás más razones para justificar tu angustia, tu recelo, tu bloqueo y tu sufrimiento. Por el contrario, si te centras en tu cÃrculo de influencia y pasas a la acción, tu seguridad personal, tu confianza y tu autoestima crecerán poco a poco conforme vayas enfrentándote a tus miedos y tus lÃmites.
Tú decides, tú eliges, en eso consiste la libertad y la responsabilidad. Sabes también que las circunstancias no siempre van a ser las que hubieras deseado, incluso puedes encontrarte con verdaderos obstáculos. Pero la actitud para enfrentarte a ellos sà la eliges tú. Porque sino la eliges tú ¿quién la elije?
Recuerda que hoy eres lo que eres en función de los obstáculos que has superado, en función de cómo has transformado en lecciones cada uno de las dificultades. Tu crecimiento es directamente proporcional a tu capacidad para superar tus lÃmites. Hoy puedes hablar porque antes te equivocaste muchas veces. Puedes caminar, correr o bailar, porque antes te caÃste muchas veces. Los humanos aprendemos por ensayo y error. Y si no nos equivocamos no estamos aprendiendo y si no asumimos riesgos jamás nos equivocaremos, con lo cual nos quedaremos estancados.
Cada vez que cruzas el lÃmite de la dificultad creces, cada vez que te centras en el momento presente vives. Al final, tú decides. Se valiente. Tú puedes.
