Tú puedes

  

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David del Bosque

No miréis hacia atrás con ira, ni hacia adelante con miedo, sino alrededor con atención.

J. Thurker

Archivo de Noviembre de 2009

Angeles y Vampiros.

Lunes, 30 de Noviembre de 2009

Las calles están llenas de ángeles y vampiros.

Otra vez los vampiros se han puesto de moda. Aunque siempre lo han estado porque permanecen agazapados en algún rincón del inconsciente colectivo. Y están en el inconsciente colectivo porque de alguna forma realmente existen.

Ahora son unos vampiros postadolescentes los que captan la audiencia en las salas de cine y en los foros de Internet. Pero en la literatura, las leyendas, los cuentos y el cine, los vampiros han sabido encontrar su lugar.

Detrás de toda simbología vampírica también hay una historia de seducción, terror y transformación, los tres ingredientes presentes en el corazón del cambio. Bueno… y además está lo de la sangre claro. Los vampiros chupan sangre, ese es un detalle importante que conoce todo el mundo.

Tal vez lo original de mi aportación sea que los vampiros no saben que lo son. Ellos mismos están convencidos que son como el resto. Pero no lo son, aunque ellos no lo sepan, hacen cosas que otros no hacen.

Desde ese punto de vista, puede que tú mismo seas uno de ellos, o puede que convivas con uno… o con varios.

El cine y la literatura han construido una imagen muy sangrienta y tenebrosa de los vampiros. Pero yo pienso que están bastante más integrados que otros colectivos y posiblemente el hecho de su naturaleza inconsciente les haya servido de blindaje y los han convertido en una especie protegida.

Tú, como yo, conoces vampiros. Tal vez no sean de los que chupan sangre, pero puede que sean de los que chupan la energía y al cabo de un rato de estar en su compañía te sientes  parasitado, desvitalizado, vacío y agotado. Pueden ser de los que chupan el tiempo y a su lado nada cunde o siempre llegas tarde o te falta tiempo para ti. Están los que vampirizan la salud y desde que los conoces no terminas de recuperarte vas de médico en médico, con síntomas difusos y diagnósticos confusos. Otros vampirizan los amigos y desde que se los presentaste tu compañía ya no les interesa tanto, te llaman menos y te vas sintiendo más sólo. Están los que chupan la alegría, y tras una tarde con ellos, sin que aparentemente hagan nada llegas a casa más triste, más negativo, más quejoso y pesimista. Por no hablar de los que vampirizan tu cuenta corriente y hacen que tu nivel de endeudamiento se dispare porque siempre necesitan más y como al final “solo es dinero” y como para ti lo importante son otras cosas, acabas con números rojos como la sangre. Hay vampiros omnívoros, que chupan todo lo que se les pone por medio y dejan seco hasta el agotamiento a quien se pone a su alcance. Y también los hay de los que sólo se nutren de  cosas muy específicas, sofisticadas y selectas.

Seguro que conoces a alguien. Puede ser un compañero de trabajo que desde que te ayuda parece que cada vez tienes más dificultades, metes más la pata, tienes más cosas que hacer o tu jefe la ha tomado contigo. Tal vez sea un amigo con el que mantienes una relación de la que siempre sales perdiendo algo. O un familiar más o menos próximo que tiene mala suerte, eres su paño de lágrimas y le prestas dinero con frecuenta por que no termina su mala racha. O tal vez tu pareja, puede que convivas con un vampiro desde hace mucho tiempo y estés tan acostumbrado que creas que esa inercia, monotonía y falta de chispa e ilusión sea solo que con los años el “amor se trasforma”. Puedes estar seguro de que te han vampirizado en más de una ocasión.

O tal vez seas tú uno de ellos. Insisto, los vampiros no son conscientes, no hay una intención premeditada de vaciar la cartera, el tiempo, la tranquilidad o la alegría. Simplemente es su forma de subsistencia. Simplemente lo hacen. Algunos incluso luego tienen enormes remordimientos y sentimientos de culpa, otros sencillamente aceptan su naturaleza vampírica y depredadora. Algo común a todos ellos es su seducción. Todos los vampiros a su manera  y sin excepción son muy seductores. Puede ser la sonrisa, la forma de pedirte las cosas, la mirada, la voz, algo químico en como te rozan descuidadamente. Pero tienen ese poder hipnótico que somete tu sistema defensivo y terminas perdiendo algo y enganchado a la carencia y la falta.

También hay ángeles.

Y como en el caso de los vampiros tampoco lo saben. Están en tu día a día. Te cruzas con ellos en el paso de cebra, cuando dejas a tus hijos en el colegio o se sientan contigo a tu lado en el autobús. Su mera presencia hace que te sientas bien, más optimista, más alegre, más lleno de energía. Los ángeles transforman los problemas en oportunidades, desdramatizan las tragedias, están sin que los llames cuando los necesitas y pueden hacer milagros.

También estoy seguro que te habrás cruzado con alguno en algún momento de tu vida. Tal vez te hayas encontrado a alguien que te haya ayudado de una forma especial en un momento de desesperación o  haya cambiado el sentido de tu vida  tras su encuentro o te haya devuelto la alegría, la salud o la ilusión.

Puede ser que tú seas un ángel. Los ángeles no lo saben. No tienen alas, ni aura resplandeciente detrás de la cabeza, al menos yo no se la veo. Tampoco son cruzados de la salvación del planeta o la humanidad. No tienen la intención consciente de salvar al mundo librándolo de todo mal. Simplemente son ellos mismos. Y muchos, cuando hacen milagros, ni se dan cuenta.  Son gente bastante sencilla. Simplemente tienen ese poder y les basta una sonrisa o una mirada para devolverte la paz, para que comiences a recuperar la confianza y empieces a creer que hay salida al final del túnel.

Como los vampiros, los ángeles también son muy seductores. La realidad tiene otros colores en su presencia, tienen el poder de la magia y a su lado todo parece más fácil, todo queda envuelto en la energía del amor y te sientes pleno, seguro y feliz de estar vivo. Los ángeles parece que traen suerte y en su presencia te empiezan a ocurrir cambios que llevabas tiempo esperando, a su lado todo fluye de una manera natural e inesperada.

A partir de ahora, simplemente observa más atentamente que compañías frecuentas, cómo te sientes en tu presencia… y pregúntate si tú no serás uno de ellos.

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