Durante nuestra vida, tomamos muchas clases de decisiones. Las decisiones nos llevan a las acciones, y éstas a los resultados. Quiero explicaros un tipo concreto de decisión, sus caracterÃsticas, sus dificultades y sus ganancias. Yo la denomino “El Salto”, con mayúsculas. Se da en el mismo momento en que abandonamos nuestro espacio de confort para aventurarnos en el territorio inhóspito de lo desconocido. Esto es lo que le hace diferente a otras decisiones: no tenemos atado el resultado, entramos directamente y sin red de protección en la incertidumbre.
El Salto es la decisión que inicia el camino que nos lleva a resultados extraordinarios, entendidos éstos como diferentes a los que suelo conseguir habitualmente en cualquier faceta: sentimental, familiar, económica,… Y esto ocurre porque nos mete(mos) de lleno en lo nuevo, lo desconocido, lo infrecuente, aquellos espacios inexplorados por nosotros donde hay resultados diferentes. Paso a explicaros los pormenores.
La emoción que rodea al salto suele ser el miedo, esa sensación tan orgánica que nos bloquea. Si le hacemos caso, obtendremos la “ganancia” que tantas veces nos impide saltar. No me voy a hacer daño. Asà de simple. Aunque si uno se para a pensar, el posible daño está más asociado a lo psicológico que a lo fÃsico. El temor a equivocarse o evitar crÃticas son ejemplos de pensamientos paralizantes al distorsionar en forma de imagen aumentada las consecuencias negativas de arriesgarnos.
Y si el proceso es espinoso, ¿por qué recomiendo El Salto? Porque es una de las mejores maneras de avanzar que tenemos las personas. Conseguimos resultados nuevos a la vez que aumentan nuestras capacidades personales en el intento. Nos sentimos más poderosos, más contentos con nosotros mismos, más alegres. Nos queremos más.
¿Cuándo sé que tengo que saltar? Hay dos opciones. La primera es conocida en el mundo empresarial como “burning platform” y apunta a un cambio rápido y radical debido a circunstancias difÃciles. Lo estamos viviendo de manera cercana en la actual crisis económica que padecemos: las organizaciones cambian para volver a la senda del crecimiento económico. Cambios que seguramente eran igual de necesarios hace un año pero que no se realizaban porque las circunstancias no empujaban a ello. La segunda tiene un origen más interno, no depende tanto de un obstáculo a salvar. No hay caminos señalizados, hay pistas. Generalmente, solemos tener una sensación en el cuerpo, mezcla de razón e intuición, que nos indica el momento. Este es un buen indicador de salto. ConfÃa en ti mismo.
Un buen salto se asienta en tres elementos:
1.  Confianza, entendida como cierta serenidad ante lo que uno está viviendo fuera del espacio de confort.
2.  Poner una emoción positiva, un motor que dé potencia a lo que realices.
3.  Tomártelo con humor, ubicar los errores en el apartado de aprendizaje y no en el apartado de culpabilidad.
