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David del Bosque

No miréis hacia atrás con ira, ni hacia adelante con miedo, sino alrededor con atención.

J. Thurker

Archivo de Septiembre de 2009

Afirmaciones - 1

Lunes, 28 de Septiembre de 2009

Cada pensamiento es importante. Cada pensamiento cuenta. Porque con cada pensamiento estás construyendo tu realidad, como si se tratara de un puzzle.

Todo aquello que dices y piensas, sea verdad o no, es algo en lo que pones tu atención y por lo tanto tu inconsciente empieza el trabajo de materializarlo. Tu inconsciente es un sistema creativo que refleja “fuera” lo que tienes “dentro”.

Louise Hay insiste una y otra vez en el “poder de las palabras”, asegura que las palabras son poderosas, porque tienen el poder de transformar tu realidad. Seguramente ella mejor que nadie explica con un lenguaje sencillo y directo como funcionan las afirmaciones que son una herramienta muy eficaz para utilizar este poder.

Una afirmación es una frase con la que valoramos o describimos algo, a otra persona o a ti mismo. Y siempre estamos haciendo afirmaciones porque nuestra interacción con la realidad es un proceso permanente de valoración. Necesitamos valorar y contrastar la realidad para reaccionar a ella. Interpretamos la realidad y después reaccionamos a esas interpretaciones.

Estas afirmaciones pueden ser positivas, si nos ayudan a estar mejor o negativas si nos hacen sentir mal. Son  afirmaciones positivas “Estoy bien” o “Yo puedo”. Son afirmaciones negativas “Es difícil” o “No soy capaz”.

El inconsciente cuando recibe una afirmación se pone en marcha. Insisto da igual que sea verdad o mentira, que lo digas en serio o en broma, el inconsciente no tiene sentido del humor. Da lo mismo que sea un hecho, un deseo o un temor. Da igual que sea algo que ocurrió en el pasado, que esté pasando en este momento o que pueda ocurrir dentro de un tiempo. En el inconsciente el tiempo no existe: todo es presente y todo es eterno. Durante los sueños, que son territorio inconsciente, podemos comprobar como el tiempo se desarrolla de una forma muy distinta a como lo hemos organizado en los procesos conscientes.

Es importante tener en cuenta esta naturaleza “inocente” del inconsciente. Se lo cree todo, y hace aquello que le sugerimos. El niño interior que llevamos dentro es fundamentalmente inconsciente y nos puede ayudar recordar y comprender que se trata sólo de un niño pequeño y que se comporta como tal, y tenemos que tratarle como lo que es “un niño con un enorme poder”.

La segunda cuestión importante es que como todos los niños, el inconsciente aprende por repetición. Ningún niño, al menos ninguno que yo conozca, aprende cuando le dices las cosas a la primera. Nadie aprendió a hablar a la primera, a caminar a la primera, ni a comer la sopa con cuchara a la primera o atarte los cordones a la primera. Necesitamos que nos repitieran muchas veces el proceso y las acciones, necesitamos muchas correcciones y mucha paciencia, hasta que el aprendizaje se automatizó. Con las afirmaciones pasa lo mismo. Hay que repetirlas muchas, muchas veces. ¿Cuántas? Por lo menos doscientas veces al día y seguir durante varios días hasta que se ha incorporado a nuestra forma de pensar.

La tercera cuestión relativa a las afirmaciones es que hay que prestar atención a lo que sentimos cuando las hacemos. Lo que sentimos es fundamental, sobretodo la intensidad de lo que sentimos, da igual que sea alegría, ilusión, miedo, culpa, vergüenza, tristeza o rabia. La emoción es el combustible que pone en marcha el motor de la materialización. El pensamiento da la dirección, la emoción la velocidad.

Todo aquello que afirmas es una semilla de tu futura realidad. Y cuando plantas una semilla no crece inmediatamente, requiere su proceso hasta que sale el primer brote. Tampoco suele haber mucho parecido entre la semilla que plantas y los frutos que esperas cosechar. Con las afirmaciones sucede igual, empiezas a hacerlas y tienes que respetar el proceso y tener confianza en que está “haciéndose”. Cuando plantas una semilla no vas cada día y desentierras a “ver como va”. Cuando haces afirmaciones también sucede algo parecido, tienes que tener confianza y aunque suele ocurrir que lo que afirmas se parece poco a la realidad que vives en ese momento tienes que seguir afirmando. Algunas personas piensan que esto es una forma de engañarse, pero yo prefiero pensar que es el comienzo del cambio y que ese comienzo arranca con el pensamiento que repito una y otra vez en cada afirmación.

Para que las afirmaciones germinen son necesarias unas cuantas reglas. Una afirmación es un delicado equilibrio de pensamientos, intenciones y emociones. Cada palabra cuenta, cada tiempo verbal, cada adjetivo. Hay que dedicar un tiempo para diseñar bien la afirmación que vas a hacer. No se trata solo de repetir frases como un loro, las palabras han de estar bien pensadas.

Preferiblemente que sean sencillas, cuanto más cortas mejor. El niño entiende los mensajes breves y sencillos mejor, que los largos, abstractos o retóricos. Mejor “Yo puedo” que “Tengo la capacidad de lograr y hacer posibles todos los planes y proyectos que me propongo”.

Concretas y positivas. Hay que ser claros con el inconsciente. Tiene que saber lo que queremos materializar. Las generalizaciones no sirven para resolver cuestiones concretas. Y cuando me refiero a positivas, me estoy refiriendo a que el inconsciente tiene dificultades con el “NO” y las negaciones. Es mucho mejor afirmar “Mi salud mejora cada día” a “Ya no estoy enfermo”. La segunda afirmación lleva un NO y una palabra que no queremos: “enfermo”. Es habitual que el inconsciente entienda esto como “Ya ¿? estoy enfermo”. Con lo que complicamos las cosas.

Tienen que hacerse en tiempo presente. No sirve hacerlas en futuro, eso confunde al inconsciente. Hay que afirmar como si lo que queremos se estuviera produciendo en este momento. Como si ya estuviera aquí. Es mejor “Tengo una casa maravillosa” (aunque ahora viva en una pocilga) que “Tendré una buena casa”.

Es bueno recordar que el poder de las afirmaciones comienza y termina en ti. No puedes hacer que otras personas cambien por mucho que afirmes. Hacer afirmaciones sobre otras personas no sirve de nada y es una pérdida de tiempo. Con afirmaciones no puedes hacer que otra persona sane, se enamore de ti, sea más productiva en el trabajo o se enfade menos. No funcionará. Lo cual es también una garantía para que otras personas no influyan sobre ti y te manipulen con sus afirmaciones.

Recuerda, no es necesario creérselas, solo hay que hacerlas y sentirlas una y otra vez. En estos casos, la repetición es mucho más importante que la fe. Ya sabes al menos 200 veces al día. Si la haces mas veces mucho mejor.

(Continúa en el post de la semana próxima).

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