Hace muchos años, la edad era un valor y las personas mayores todavÃa no eran ni “pobres viejos”, ni “la tercera edad”, entonces eran “venerables ancianos”. Los años, como si de un buen vino se tratara, contaban a favor y la voz de la experiencia era escuchada con veneración y respeto. Hace muchos años, la edad era sinónimo de sabidurÃa y moderación. Tal vez entonces se envejecÃa de otra forma, tal vez habÃa menos demencias y problemas neurodegenerativos. O sencillamente habÃa menos obsesión por retener una parte de la vida que simplemente dejó de existir. De cualquier manera, eran otros tiempos.
La cultura actual ha endiosado los valores de la juventud: su energÃa, su fuerza, su arrogancia, su impaciencia, su atrevimiento, sus caprichos, su frescura, sus locuras y sus risas. Las otras etapas del desarrollo solo cuentan en relación con la juventud. La infancia se considera, primero porque da protagonismo a unos jóvenes padres y segundo porque no hay juventud sin infancia. La edad madura cuenta por la proximidad que tiene con la juventud y la añoranza nostálgica que produce. Y la vejez, bueno, la vejez cuenta mucho menos. Todo lo relativo a la juventud vale y todo lo que se aleja de ella, simplemente vale menos. Es asÃ. Esas son las reglas del juego.
Las cosas sin embargo están cambiando. Los ancianos de hoy no son los ancianos de hace 50 años. Los ancianos del siglo XXI como asegura Tom Peters, viven más, están más sanos, se cuidan como nunca se han cuidado, disponen de tiempo, hacen ejercicio, Internet les está permitiendo ampliar sus redes sociales, son muchos y cuentan en la pirámide de población, tienen inquietudes intelectuales, leen más, se matriculan en la universidad, viajan, no se callan, tienen poder de voto y tienen dinero.
Posiblemente estamos entrando en una nueva etapa. Una etapa en la que se dan muchos factores para que la vejez recupere su dignidad. Donde ser viejo no se tenga que disimular detrás de una agotada juventud. Estamos entrando en un momento histórico donde la vejez ocupa un lugar propio, con valores propios que se suman a los actuales y hacen de la vida un espacio más rico y completo.
Claro que de la misma forma que la juventud es el resultado de la infancia, la vejez es el resultado de cómo se han vivido las etapas anteriores. CuÃdate para asegurarte una vejez digna. Prepárate para ella, como te preparaste para otras etapas de tu vida. Y cuando llegues, si tienes el privilegio de llegar, vÃvela con orgullo. Te ha costado muchos años llegar hasta ahÃ. Toda tu vida ha sido necesaria para llegar a ese momento.
.
.
