El miedo es en realidad, la brújula de nuestro crecimiento y señala al “Norte” de nuestro desarrollo.
Lo nuevo nos da miedo, lo desconocido nos da miedo, lo diferente nos da miedo. Sin embargo, ya han sido muchos los escalones del miedo que hemos superado. Sentimos miedo cuando éramos pequeños y dejamos de gatear para ponernos de pie para empezar a caminar. Puede que no lo recordemos, pero la perspectiva de esa nueva altura, nos dio vértigo y resultó enormemente inquietante. La oscuridad en la habitación si nos despertábamos de noche nos daba miedo, en la oscuridad siempre se han escondido los fantasmas y los monstruos. De noche en la cama, con 4 años, la oscuridad nos hacia sentir indefensos, desprotegidos y solos. Ser diferentes en el colegio nos dio miedo, también nos dio miedo no saber si nos preguntaban o volver de vacaciones sin los deberes hechos. Algunos cuentos nos daban miedo, y determinadas personas. Más tarde nos dio miedo no sentirnos aceptados, la visita al dentista, la primera cita amorosa, empezar a convivir en pareja, tener el primer hijo, pasar por el quirófano, solicitar una hipoteca, hablar en público, pedir la separación o un aumento de sueldo.
