Hace unos años Elaine St. James y su marido decidieron simplificar su vida.
Se dieron cuenta de que “más” no es sinónimo de “mejor”. Por aquellos años, los ochenta, en pleno yuppismo, fueron conscientes de que complicarse la vida era destino seguro a la infelicidad. Demasiadas responsabilidades, demasiadas cosas, y vivir a un ritmo frenético según lo que se supone hay que hacer no conduce a ninguna parte. Bueno, sí les llevaba a un sitio, pero éste no les gustaba nada. Sus posesiones se habían hecho más importantes que sus vidas, confundían la felicidad con la acumulación de bienes y relaciones, y descubrieron que “tener” no es lo mismo que “ser”.
Casas con muchos metros cuadrados en lejanas zonas residenciales. Grandes y potentes coches de considerable cilindrada y consumo proporcional con el tamaño. Múltiples contactos sociales, con sus respectivas cenas e “inevitables celebraciones”. Trabajos altamente exigentes, muy remunerados, con jornadas maratonianas e importantes tasas de estrés. Vidas familiares más aparentes que reales, amigos que se pierden, sueños que se olvidan…
Elaine St. James, decidió dar un giro a su trayectoria y escribió un libro “Simplifica tu vida”. Yo recomiendo darle un repaso al menos una vez al año y estas son muy buenas fechas. Lo que cuenta es sencillo,de sentido común y debería ser una de esas asignaturas en los primeros años de colegio. Está lleno de consejos prácticos y cotidianos. Y el número uno de todos ellos es “poner orden” y para eso recomienda empezar a liberarse de todas aquellas cosas que acumulamos y nos complican la vida. Cosas a las que estamos apegados por nostalgia, vínculos emocionales o el temor a “si mañana lo necesito”.
¿Por donde empezar? Louise L. Hay, otra que anima a lo mismo, dice que da igual por donde se empiece, mientras se continúe hasta el final. Yo propongo empezar por los armarios, sacando todo aquello que no utilizaste el último año y a ese montón le añades lo que “apenas utilizaste”. Al final deberías quedarte con lo que verdaderamente te pones.
Puedes seguir con los “chismes de cocina”, cosas que compraste, pero de las que no haces uso. La misma regla es aplicable a todos esos “componentes tecnológicos” que no sabes utilizar, que sólo te complican la vida o que sencillamente conservas porque todavía funcionan.
Continúa con los papeles que acumulas, mantén sólo la documentación que realmente es importante o la que te obliga la ley. Conozco personas que conservan los recibos de hipotecas pagadas hace años. Y también están los nostálgicos que conservan facturas amarillentas por el paso del tiempo.
Sigue con todos esos “pongos” que compraste de recuerdo en aquel viaje o que te han regalado. Realmente no te gustan y los conservas no por ti, sino para que quien te los regaló los vea cuando viene a tu casa. Ocupan espacio y acumulan polvo.
Pasa a continuación a ocuparte de los libros. Sí, no es ningún error, todos esos libros que sabes que no vas a volver a leer. Quédate sólo con los imprescindibles: los que aun no has leído, los que volverás a leer y con los que trabajas. Deshazte del resto. Con los libros hay una especie de tabú. Hay libros maravillosos que merece la pena tener y auténticos “plastas” que invaden la biblioteca. Aprende a liberarte de ellos, no dejan de ser cosas. Lo mismo lo puedes aplicar a tu colección de CD’s y DVD’s. Hay música y películas que ya no escuchas o no ves. Que sabes que son un rollo, pero que las mantienes porque en su día las compraste.
Puedes continuar con las carpetas del ordenador. Dedícale tiempo haz limpieza y pon orden. Hay documentación repetida, que no utilizas desde hace años y que conservas en todas tus copias de seguridad. Haz espacio en tu ordenador. Deja solo lo que realmente usas, lo demás lo copias en un CD o lo pones en la papelera de reciclaje.
Sigue con tu agenda de contactos. Otro tabú. Borra direcciones y teléfonos de personas que ya no te interesan o con las que ya no tienes relación. Sacarlas de la agenda es el primer paso para sacarlas de tu vida. Aprende a decir “no” a “compromisos ineludibles” verás que son perfectamente eludibles. Aprende a no coger el teléfono simplemente porque suena, a apagar la TV y seleccionar lo que realmente te interesa, a navegar por Internet sin perderte. Descubrirás que tienes más tiempo para hacer lo que te gusta y estar con quien quieres.
Y puedes ir más allá. Tal vez sea interesante plantearte cambiar o vender el coche. Irte a vivir a una vivienda más de acuerdo con tus necesidades reales, ahora que en tu vida hay menos cosas, ya no necesitas tantos metros. Incluso irte a vivir a otro sitio, a otra ciudad más tranquila, con un tamaño más humano, mejor clima. Es curioso lo diferentes que son los sitios en los que vivimos y aquellos que buscamos cuando nos vamos de vacaciones. ¿Por qué no irte a vivir a uno de estos sitios donde has sido tan feliz? Cuando uno empieza a poner orden fuera… también lo pone dentro. Realmente, podemos hacer el cambio fuera porque ya comenzó dentro. Cambiando pensamientos y creencias cambia nuestra realidad.
Simplifica tu vida. Saca todas esas cosas. Tíralas, regálalas o véndelas. Pero retíralas de tu realidad. Y sencillamente observa como te sientes. Existe una teoría que relaciona la acumulación de cosas con problemas de sobrepeso, trastornos en el sistema inmunológico y el cáncer. Bueno, tampoco me extrañaría que fuera así. No dejan de ser desordenes en el cuerpo y formas de acumular que terminan haciéndonos daño.
Simplifica tu vida y se feliz. Es fácil, lo mereces y puedes.
