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David del Bosque

No miréis hacia atrás con ira, ni hacia adelante con miedo, sino alrededor con atención.

J. Thurker

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Tu capacidad de concentración

Lunes, 6 de Septiembre de 2010

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Voy a seguir hablándote un poco más de tu hardware cerebral. Quiero centrarme esta vez en una capacidad psíquica concreta: tu capacidad de concentración. Imagina que has de leer un libro, por razones académicas, laborales, o por simple afición a la lectura. Tienes la voluntad de leer. Pero el libro es denso y voluminoso. Con el deseo no basta, hay que hincarle el diente. Eso significa que tu atención se focaliza en la actividad que estás leyendo y se aparta de otras actividades o situaciones que podrían distraerte.

La concentración es una mezcla de rayo láser, que apunta con gran precisión, y de burbuja, que te aísla del “ruido” exterior. Para conseguir este resultado, varias partes de tu cerebro se ponen en acción de forma conjunta y ordenada. Hay que otorgar energía psíquica a la atención, hay que seleccionar los estímulos que consideras relevantes y descartar los irrelevantes o hay que inhibir aquello que pueda perturbar tu concentración. Es difícil redactar un documento en el ordenador sabiendo que el facebook está al alcance de un par de clicks del ratón, ¿verdad?

Cuando estás en un momento de concentración elevado, notas que tu aparato mental está aferrado a la tarea que realizas en ese momento. Tu mente y tu cuerpo se llevan bien, conectan y se dedican a trabajar juntos sin malgastar energía. Seguro que este estado de máxima concentración del que te hablo lo has sentido más de una vez. Gracias a la concentración sincronizas tu cuerpo y tu mente. Esta sincronización provoca que aquello a lo que prestas tu atención mejore, ya sea estudiar, escuchar a alguien o divertirte viendo una película. Por el contrario, la distracción produce efectos negativos, a saber, cometes errores por no atender los detalles. O presentas dificultad para organizarte. O evitas las tareas que requieren un esfuerzo continuado. O empiezas dichas tareas pero no las finalizas, no las rematas.

En dichas dificultades puede haber una causa neurobiológica, debido a un daño orgánico más o menos grave y/o una causa emocional, como la inquietud o el nerviosismo. Sea como fuera, conocer la causa de los problemas de concentración te ayudará a ponerles remedio. Ten en cuenta que el antónimo de la concentración, la distracción, suele ser señal de que por alguna razón no podemos sacar todo el jugo a nuestro potencial psíquico, con el coste que ello supone en sobreesfuerzo para la tarea que realicemos y en resultados más mediocres. Albert Camus decía que la capacidad de atención en un hombre debe ser constantemente espoleada por la provocación.

Cuando la falta de concentración se debe más a causas emocionales que a orgánicas, un buen truco para reducir la distraibilidad es que te autoprovoques con metas difíciles y novedosas, con retos intelectuales en el trabajo, en tus estudios,… Al realizar una tarea complicada, nuestro cerebro maneja una gran cantidad de información relevante, que no le permite procesar al mismo tiempo la información que le distrae. Incluso en estas situaciones, las personas más distraídas son capaces de focalizar su atención sin perder la concentración. ¡Y además se enfrentan a retos, ganancia doble!

Quizás el ejemplo de dificultad de concentración más de moda en nuestros días es el Déficit de Atención con Hiperactividad. Permíteme que exponga algunos datos que pueden interesarte. Es un déficit más probable en niños que en niñas, la proporción está en 3 a 1. También se diferencia en que las chicas presentan más síntomas de inatención que de hiperactividad o impulsividad, a diferencia de los chicos. Este déficit no se corrige por sí solo con la edad, más bien lo que ocurre es que los síntomas más evidentes, el exceso de movimiento y la impulsividad se frenan, pero continúan las dificultades de atención. Les sigue costando leer un libro o atender a una conferencia. El déficit de atención no implica deterioro intelectual ni es una condena de por vida a fracasos, grandes personalidades cono Einstein o Da Vinci lo padecieron y eran bastante inteligentes y productivos.

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