Actitud
La actitud tiene que ver con las emociones, el “cómo” más que el “qué”, el modo, el estilo y la forma, el talante y la disposición. Tiene que ver con más cosas, estoy seguro. De hecho es el motor de los cambios reales. Sólo la actitud adecuada nos permite llegar a donde queremos, (bueno, la actitud inadecuada también nos permite llegar, pero seguramente a donde no queremos).
La actitud también está muy relacionada con la libertad. En realidad es la última elección. Soy yo quien decido con que actitud me enfrento a los hechos. Viktor Frankl, el psiquiatra austriaco que estuvo prisionero durante tres años en Auschwitz y otros campos de concentración durante la II guerra mundial, se salvó gracias al poder de la actitud. “… La experiencia vivida en un campo de concentración demuestra que el hombre mantiene su capacidad de elección. Los ejemplos son abundantes, algunos heroicos. El hombre puede conservar un reducto de libertad espiritual, de independencia mental, incluso en aquellos crueles estados de tensión psíquica y de indigencia física... al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud que debe adoptar frente al destino, para decidir su propio camino. Y allí siempre se presentaban ocasiones para elegir. A diario, a cada hora, se le ofrecía la oportunidad de tomar una decisión…” (Frankl, V. “El hombre en busca de sentido”). La decisión de ser una victima de la situación, la que sea, en el caso de los campos de concentración significaba el principio del final. O la decisión puede ser aprender y crecer en esa situación, también la que sea, en el caso de los campos de concentración era la posibilidad de seguir vivo.
Como dice Randy Pausch (el del video) “no podemos cambiar las cartas que nos han dado, sólo decidir como jugar con ellas”. Esa decisión es la actitud. Y vale para todo, desde las cosas cotidianas como conducir el coche o abordar las “crisis vitales” del hijo adolescente, hasta enfrentar un diagnostico de enfermedad grave, hacer un cambio rotundo de vida, empezar una nueva relación (o terminar una vieja relación) o afrontar un complejo proyecto profesional. La actitud, no está en el entorno (no está en las cartas), está en la forma de adaptarnos a ese entorno (en la forma de jugar la partida).
La decisión de vivir con una actitud constructiva o victimista no tiene edad. He visto niños “quejicas” y niños con una alta tolerancia a la frustración, “blindados” a situaciones verdaderamente duras. He visto ancianos abandónicos y derrotistas, y otros con vidas muy parecidas (léase con cartas muy parecidas), optimistas, vitales, atrevidos y llenos de ganas de vivir. No tiene que ver con el sexo. Ni con las creencias religiosas. No tiene que ver con la salud física. Ni con el poder adquisitivo. No tiene que ver con la formación o con el tipo de trabajo.
Sí tiene mucha relación con la autoestima. Sencillamente, porque cuando uno se quiere, no desperdicia su momento presente con una actitud victimista, crítica o quejosa. Simplemente, por amor a uno mismo, por amor propio, uno decide vivir esa situación, por dura que sea de la mejor manera posible, y siempre hay una manera. Bastante complejo puede ser el entorno como para además hacerse daño con la actitud.
Por cierto, el vídeo del profesor Randy Pausch, además de ser un ejemplo de actitud constructiva, es su “última lección” en la televisión. Es además un testamento a sus hijos y a quienes quieran escucharle. Falleció el pasado 25 de julio de 2008.
Etiquetas: autoestima, coaching coach
enlace permanete de este apunte pulsando sobre la hora:
