nada

11.8.08

Actitud

La actitud tiene que ver con las emociones, el “cómo” más que el “qué”, el modo, el estilo y la forma, el talante y la disposición. Tiene que ver con más cosas, estoy seguro. De hecho es el motor de los cambios reales. Sólo la actitud adecuada nos permite llegar a donde queremos, (bueno, la actitud inadecuada también nos permite llegar, pero seguramente a donde no queremos).

La actitud también está muy relacionada con la libertad. En realidad es la última elección. Soy yo quien decido con que actitud me enfrento a los hechos. Viktor Frankl, el psiquiatra austriaco que estuvo prisionero durante tres años en Auschwitz y otros campos de concentración durante la II guerra mundial, se salvó gracias al poder de la actitud. “… La experiencia vivida en un campo de concentración demuestra que el hombre mantiene su capacidad de elección. Los ejemplos son abundantes, algunos heroicos. El hombre puede conservar un reducto de libertad espiritual, de independencia mental, incluso en aquellos crueles estados de tensión psíquica y de indigencia física... al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud que debe adoptar frente al destino, para decidir su propio camino. Y allí siempre se presentaban ocasiones para elegir. A diario, a cada hora, se le ofrecía la oportunidad de tomar una decisión…” (Frankl, V. “El hombre en busca de sentido”). La decisión de ser una victima de la situación, la que sea, en el caso de los campos de concentración significaba el principio del final. O la decisión puede ser aprender y crecer en esa situación, también la que sea, en el caso de los campos de concentración era la posibilidad de seguir vivo.

Como dice Randy Pausch (el del video) “no podemos cambiar las cartas que nos han dado, sólo decidir como jugar con ellas”. Esa decisión es la actitud. Y vale para todo, desde las cosas cotidianas como conducir el coche o abordar las “crisis vitales” del hijo adolescente, hasta enfrentar un diagnostico de enfermedad grave, hacer un cambio rotundo de vida, empezar una nueva relación (o terminar una vieja relación) o afrontar un complejo proyecto profesional. La actitud, no está en el entorno (no está en las cartas), está en la forma de adaptarnos a ese entorno (en la forma de jugar la partida).

La decisión de vivir con una actitud constructiva o victimista no tiene edad. He visto niños “quejicas” y niños con una alta tolerancia a la frustración, “blindados” a situaciones verdaderamente duras. He visto ancianos abandónicos y derrotistas, y otros con vidas muy parecidas (léase con cartas muy parecidas), optimistas, vitales, atrevidos y llenos de ganas de vivir. No tiene que ver con el sexo. Ni con las creencias religiosas. No tiene que ver con la salud física. Ni con el poder adquisitivo. No tiene que ver con la formación o con el tipo de trabajo.

Sí tiene mucha relación con la autoestima. Sencillamente, porque cuando uno se quiere, no desperdicia su momento presente con una actitud victimista, crítica o quejosa. Simplemente, por amor a uno mismo, por amor propio, uno decide vivir esa situación, por dura que sea de la mejor manera posible, y siempre hay una manera. Bastante complejo puede ser el entorno como para además hacerse daño con la actitud.

Por cierto, el vídeo del profesor Randy Pausch, además de ser un ejemplo de actitud constructiva, es su “última lección” en la televisión. Es además un testamento a sus hijos y a quienes quieran escucharle. Falleció el pasado 25 de julio de 2008.

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28.7.08

Autoestima

Vivir es relacionarse. Nos relacionamos con el entorno, con otras personas, con pensamientos, con cosas concretas, con símbolos abstractos, con el pasado, con el futuro… y sobretodo nos relacionamos con nosotros mismos. La autoestima es eso: la relación que mantengo conmigo. De lo próxima que es la perdemos de vista. Esta relación es determinante, porque el resto de las relaciones son el reflejo de la relación que mantengo conmigo y también, las otras relaciones son la proyección de mi autoestima.
Es sencillo. En los demás me veo a mí. Como vivo lo que me voy encontrando a lo largo del camino es el resultado de lo que siento por mí, lo que pienso respecto a mí, lo que hago por mí. Cada interacción con la Vida, es una elección: puedo amarme o hacerme daño. En autoestima no hay opciones intermedias, ni tonos degradados. Y cuando no me amo, me estoy haciendo daño.
Si me llevo bien conmigo, todo funciona. Da igual el entorno, seguramente haya muchas cosas mejorables, pero yo estoy bien. Si mi relación conmigo es mala. Todo se complica. Da igual que tenga una salud de hierro, no la valoraré hasta que la pierda. Da igual que esté con una persona maravillosa, despreciaré sus muestras de comprensión y amor. Da igual que tenga dinero, me parecerá poco. Da igual que viva en un lugar fascinante, sólo veré inconvenientes. Da igual que tenga un trabajo reconocido, yo no lo valoraré. Cuando yo no me quiero, todo da igual. Todo son problemas y dificultades. Mi diálogo interior, lo que yo me digo continuamente, estará lleno de quejas y criticas, signo inequívoco de una autoestima degradada. Nada parece encajar y uno tiene la impresión de encontrarse haciendo algo inadecuado, con las personas inadecuadas, en el momento inadecuado.
Mejorar la calidad de vida, es mejorar mi relación de autoestima. Si verdaderamente me quiero, se terminarán beneficiando, mi entorno, mis otras relaciones, mi cuenta bancaría y mi salud. De la misma forma que cuando no me quiero, termino destruyendo todo lo que me rodea.
El arranque es fácil. Hay que comenzar por aceptarse. Aceptarme en el momento y en el punto en que esté, sea el que sea. La aceptación comienza ahora, no se aplaza a mañana. Arranca en este mismo instante. Aceptarme, no significa gustarme, significa parar la guerra conmigo mismo. Dejar las críticas y las quejas con relación a mí (y al resto del mundo). Firmar la paz. Aceptarme es el primer paso para quererme. Aceptarme es también la puerta de entrada para que mejoren el resto de mis relaciones. Sólo puedo relacionarme verdaderamente con los otros (y lo otro) si me acepto. Aceptarme es el primer paso para des-cubrir (des-tapar, quitar la tapa), lo que realmente Soy, es ir más allá del personaje que represento. Cuando me acepto, dejo de mendigar el “aplauso de mi público imaginario” y empiezo a establecer relaciones autenticas. Ya no intento parecer nada, para sentirme alguien, simplemente Soy yo.
La aceptación me coloca en el momento presente. En el aquí y el ahora. La autoestima requiere un paso más. Confianza. La confianza es levantar la cabeza de lo inmediato y mirar más allá. Ser capaz de darme cuenta de las posibilidades, ver las oportunidades y saber que lo que está por venir, sea lo que sea, me ayudará a sentirme mejor conmigo. A ser más feliz. Sin confianza no hay futuro. La confianza pone luz, luz propia, en la incertidumbre, las dudas o la inseguridad. La confianza abre la apuesta por un mundo mejor, una vida mejor. En definitiva abre la puerta de la felicidad y el amor.
No siempre podemos elegir las circunstancias. Hay muchas cosas que no podemos elegir: el día que hace, la familia de la que procedemos, el color de nuestros ojos o lo que les parecemos a los demás. Lo que siempre puedo elegir es la actitud con la que abordo esas circunstancias. Mi actitud, como mis pensamientos, mis emociones o mis actos son responsabilidad mía. Eso, afortunadamente, si está en mi mano. Y siempre puedo elegir quererme.

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24.7.08

El Miedo

Miedo y peligro son cosas diferentes. Hablamos de peligro cuando existe un riesgo real para mi salud física o mental, para mis relaciones, mis finanzas o mi entorno. Por poner algunos ejemplos: es peligroso conducir a velocidades altas, beber alcohol o consumir drogas, tener relaciones sexuales sin seguridad, la compañía de determinadas personas, no pagar impuestos o destruir el planeta. Muchas de estas cosas peligrosas las hacemos sin ningún miedo.

El miedo tiene que ver con esa sensación paralizante que nos bloquea, que inhibe nuestras capacidades físicas o psicológicas, nos impide disfrutar de la vida y nos lleva a querer escondernos o a atacar de una forma irracional. A algunas personas les da miedo por ejemplo, hablar en público, salir de casa, los ratones, decir “te quiero” o la intimidad. Ninguna de estas conductas suponen un peligro real.

Hablemos del miedo. En realidad es un recurso muy positivo, incluso “un maestro” si tenemos la mente lo suficientemente abierta para escuchar y aprender.

Desde la perspectiva de la autoestima el miedo es varias cosas:

1. Es un indicador de baja autoestima. Aparece cuando no estoy conmigo, cuando me olvido de que en mi vida yo soy lo más importante o simplemente me critico, me juzgo o me comporto como una víctima. El miedo va ganando espacio. El miedo lo va tiñendo todo con tonos amenazantes e inseguros. El miedo es la ausencia del amor y cuando no me amo ese espacio se llena de temor, de torpeza y yo me siento desvalido.

2. Es la distancia entre quien Soy y el personaje social que represento. Todos representamos diferentes personajes en el día a día, pero generalmente confundimos esos personajes con lo que verdaderamente somos. Cuando estoy pendiente la aprobación de mi “público imaginario”, cuando intento “cumplir con mi papel” y me olvido de vivir mi vida, cuando me alejo de mis deseos y lo que realmente quiero, amo y soy..., el miedo crece. Como todos los fantasmas, el miedo se alimenta de lo imaginario, el miedo lo siente mi personaje, pero yo no soy ese miedo. Cuando vivo mi vida desde lo que verdaderamente Soy y dejo a un lado a mi personaje y a mi público imaginario, el miedo sencillamente se diluye, no existe. Y vivo desde la conciencia, la seguridad y el amor.

3. Es lo que no es. Nos produce miedo aquello que no es en el momento presente. Me da miedo perder el trabajo, cuando tengo un trabajo. Que me abandone mi pareja, cuando vivo en pareja. Arruinarme, cuando tengo dinero. Enfermar, cuando estoy sano. Morir, cuando estoy vivo. El miedo es la fantasía anticipatoria de algo que no es real en mi momento actual. Cuando esas situaciones se hacen reales y pierdo el trabajo, me quedo solo, sin dinero o enfermo; ya no siento miedo, tendré otras emociones, pero no miedo. Naturalmente, cuando esté realmente muerto, creo que no habrá tiempo para sentir miedo. ¿Por qué perder el momento presente por algo que no es?

4. Señala el camino. El miedo funciona como una brújula y señala la dirección de nuestro crecimiento. Sí, el miedo señala hacia donde tenemos que dirigirnos. Seguimos hablando de miedo y no de peligro. Si me da miedo cambiar de trabajo, seguramente haya llegado el momento de empezar a buscar otro. Si me da miedo hablar con mi pareja, mi jefe o mi hijo, es una señal infalible de que tengo que hacerlo. Si me da miedo alejarme de mi familia y mis amigos, vivir en otro lugar, empezar una nueva vida, es que con certeza tengo que hacerlo. Cuando cruzamos la “cortina de humo” que el miedo es, al otro lado está la libertad. Cada vez que hago algo que previamente temía, después me siento más seguro. Puedo equivocarme, las cosas tal vez no me salgan como tenia previsto, pero seguir el camino del miedo me da la oportunidad de superarme, de aprender y de creer en definitiva. Además, los arrepentimientos se construyen con cosas no hechas.


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12.6.08

Celebra

Muchas veces desperdiciamos la oportunidad de celebrar nuestros logros intangibles que no están señalados por un acontecimiento específico o un fecha. Comencemos a apreciar esos momentos y celebrarlos, y ello por dos razones: porque las celebraciones son divertidas y porque las celebraciones desempeñan una función importante dentro de la inteligencia emocional. Celebrar integra las experiencias vividas y modifica patrones en el cerebro límbico.
Para que la celebración promueva nuevos comportamientos necesitamos comprenderlos de una manera clara. Muchas de las cosas que celebramos provienen de logros materiales, aunque los mayores triunfos de nuestra vida no tienen que ver con logros tangibles sino intangibles, y es esa naturaleza intangible la que los hace difíciles de reconocer y de celebrar. Ralph Cain, habla de Trofeos Emocionales, y se refiere a aquellos momentos o acontecimientos que atesoramos porque representan la memoria emocional de un triunfo, un momento en que realmente vivimos nuestros valores y las intenciones de nuestra vida. Celebra tus éxitos intangibles.





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28.5.08

Estar aquí y ahora

Esta expresión, originaria de la meditación Zen, pone el énfasis en la importancia de estar concentrado en el presente. Estás allí donde está tu atención. Puede que tu cuerpo esté presente, pero tú estarás en otro lugar; que muy probablemente sólo esté alojado en tu mente, perdido en el transcurso de tus pensamientos.
La mayoría de las personas vive una vida limitada por las ideas de lo que "debería ser" y no se abre lo suficiente como para sentir las experiencias tal como en realidad son, y ello porque no están abiertos a lo nuevo.
Cuando te pasa esto, te pierdes la "intensidad"
de que cualquier experiencia lleva aparejada, y piensas que la vida es repetitiva y monótona.
Esta descripción es aplicable no sólo a las cosas materiales, sino también a las relaciones con nuestros semejantes. No sabemos apreciar a nuestros compañeros/as, pensamos que los conocemos y los condenamos a actuar de acuerdo al hábito y el pasado, sin dejarlos que te sorprendan.
Tan anclado se está en el pasado que no te permites volver a nacer cada día.





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11.3.08

La presencia de ti mismo

Hay muchas maneras de derrochar la energía y terminar exhausto y seco al cabo del día. Una de esas maneras es resistirse al trabajo que se tiene entre manos. Éste se puede hacer con gusto o simplemente a disgusto. Si una parte de ti no desea estar donde estás, ni hacer lo que haces, otra parte tuya acaba agotada y exhausta. De hecho es raro que te sientas cansado cuando estás disfrutando, simplemente porque la energía fluye en la actividad que despierta tu interés.

Alguna vez te habrás visto en un lugar o en una reunión rodeado de gente con la que no te apetecía estar y te habrás preguntado, ¿qué hago yo aquí?. Quizás te apetecía estar en ese momento en otro lugar o con otras personas distintas, o incluso puede que lo que te apeteciera fuera estar solo.

Cualquiera de esas opciones puede ser correcta en tanto que lo que hagas, lo hagas con plenitud. Fijate que hemos hablado de estar solo, como una opción más, pero hay quien teme a la soledad y al silencio; estas no son situaciones que necesariamente afecten negativamente a la autoestima, de hecho estar solo es disfrutar de la presencia de uno mismo; mientras que la soledad es echar de menos a otras personas.

Disfruta de la presencia de ti mismo, no temas estar solo.





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25.2.08

Haz un parentepsis

En la vida no hay premios ni castigos, sino consecuencias.


Robert Green Ingersoll.





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6.2.08

El labertinto de la felicidad.


Alex Rovira ha vuelto a fascinarme. Esta vez escribe junto con Francesc Miralles, a quien no tengo el gusto de conocer, pero que a partir de la lectura del laberinto me interesaré por su obra. El libro es sencillo, directo y rebosa sabiduría e inocencia. Recomendable para los que disfrutan leyendo cosas que siempre supieron pero que en algún momento olvidaron, recomendable también para aquellos que les va esa sensación de “buen rollito” cuando se acaba un capitulo y por supuesto para los que van aplazando el final del libro, disfrutándolo lentamente como si se tratara de un postre especial.
Su lectura hace sonreír con el corazón. ¿Lo que cuenta? Es la historia de cualquiera.Gracias por ser capaz de emocionarme.






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28.1.08

Haz un parentepsis

Sé como el sol del mediodía.

I ching.





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24.1.08

Autoaceptación

Una de las mejores formas de amarte a ti mismo es perdonándote; y no sólo una vez, sino una y otra vez. Lo mismo habría que hacer con los demás. En general, el modo en que tratas a los demás, es la misma regla o modo que te aplicas a tí mismo. Así pues, las relaciones que estableces son espejos y cada juicio que formulas sobre los demás, no hace más que limitarte a ti mismo. Cuando juzgas a los demás en realidad estás diciendo: "no puedo permitirme ser o comportarme de esa manera", limitando la libertad de ser de la forma que deseas ser.

El crecimiento personal, la autoestima, el amor a ti mismo, exige aprender a aceptarte tal como eres. Aun cuando te cueste aceptar parte de tu forma de ser, eso no desaparecerá, al menos, hasta que logres aprender a aceptarlo.





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