AUTOCONOCIMIENTO

El autoconocimiento es la primera competencia de la Inteligencia Emocional. Y por lo tanto la que abre la puerta al resto de las competencia emocionales. Es decir, sin autoconocimiento es imposible desarrollar cualquiera de las demás competencias. Por lo tanto no tendrás capacidad real de autocontrol, te dejarás llevar por tus impulsos y deseos y la motivación será algo ajeno a ti. En tus relaciones sociales tu empatía será pobre, mezclaras lo que tú sientes con lo que crees que sienten los demás y tus habilidades sociales serán insuficientes y posiblemente inadecuadas.

Todos creemos que nadie nos conoce mejor que nosotros mismos. Y solo es una verdad a medias. Hay muchas cosas propias e íntimas que nadie conoce como tú, hay otros muchos aspectos que tú desconoces de ti.

Un ejercicio muy interesante para tomar conciencia de los diferentes aspectos del autoconocimiento es trabajar con “La ventana de Johari”. Según este modelo la información sobre uno mismo puede ser de cuatro tipos:

 

  1. Hay una parte pública. Donde reside todo aquello yo sé de mí y que los demás conocen porque yo lo muestro y expreso de forma abierta. Esta parte representa nuestro personaje social, con el que nos desenvolvemos con mayor o menor soltura en los escenarios públicos y a la vista de todos. Pero todos sabemos que no solo somos aquello que mostramos públicamente. Tenemos más matices, otros rincones, misterios y dobleces que no están en el escaparate.

 

  1. Existe una zona secreta. Que incluye toda aquella información conocida por mí, pero que me callo, o incluso miento sobre ella cuando me preguntan explícitamente. Estas son “mis cosas”, mis secretos y esos asuntos que no quiero que nadie sepa y me gustaría llevarme a la tumba.

 

  1. Hay además una parte ciega. Aquí se oculta a mis ojos aquello que yo desconozco de mí, que no reconozco, creo que a mí no me sucede, pero que resulta evidente y trasparente para los otros cuando me observan con un mínimo de atención. Mi zona ciega es como si llevara una camiseta con un mensaje impreso en mi espalda que los demás pueden leer sin que yo me de cuenta.

 

  1. Finalmente está la zona inconsciente. Es la más enigmática y obscura de todas, porque está oculta a mis ojos y a los de mis observadores. Entonces siempre nos podemos preguntar, si nadie conoce esta parte, ¿cómo sabemos que existe? Existe porque emerge en las situaciones extremas. En esos momentos de mucha presión, donde nuestra supervivencia y la de los demás está en juego, y en esos momentos sale de nosotros, mostrando nuestras cualidades más nobles y también las más ruines y miserables. Ocurre en las catástrofes como incendios, accidentes o terremotos y también en las experiencias límite compartidas en una guerra o un campo de concentración. Aunque como los humanos somos seres simbólicos y nos gusta alterar la conciencia con sustancias, también puede aparecer en otros contextos sociales cargados de alcohol u otras cosas, o ante la amenaza de perder nuestro puesto de trabajo o un lugar para aparcar el coche. Una cosa es imaginarnos la situación catastrófica, y desde la comodidad de nuestra zona de confort decir yo haría esto o lo otro. Y otra muy distinta es la reacción real en esos momentos. Las personas que pasan por esto suelen expresar “jamás pensé que yo fuera capaz de hacer eso”.

 

Tu autoconocimiento será mejor cuanto más pequeña sea tu parte ciega y cuanto más trabajo personal hagas por ir descubriendo los laberintos de tu inconsciente. Naturalmente para conocerte bien tienes que comenzar abriendo la mente, nada limita más el autoconocimiento que ponerte a la defensiva, tener prejuicios, una capacidad de escucha limitada, una sensibilidad excesiva antes aquellos descubrimientos que no nos gustan, una formar de pensar conservadora y poco creativa, el autoengaño y la negación.

Tu autoestima también es sinónimo de autoconocimiento. Tu autoestima es la relación que tú mantienes contigo. Y no existe relación contigo si no te conoces… Y si además de conocerte eres capaz de comprenderte, aceptarte, confiar en ti y quererte. Felicidades, con seguridad cuentas con una maravillosa autoestima.

Frase: “Y cuando llegué a mis límites, me descubrí” · Jerzy Kosisnki

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Héctor y el secreto de la felicidad”

Héctor es un jóven francés que trabaja como psicoterapeuta en su propia clínica y que cuenta con una posición envidiable. Está cansado de su vida monótona y de no conseguir hacer feliz a sus pacientes y llega a comprender que su infelicidad se produce por ese motivo. Un buen día decide comenzar un cambio en su vida y hacer un viaje recorriendo medio mundo intentando encontrar el secreto de la felicidad, es decir, hacer un estudio sobre lo que le hace feliz a la gente para mejorar su vida profesional.

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