Lo que en el pasado julio empezó siendo un juego por nuestra parte, se convirtió en un reto. Y dio origen a una etapa del blog. Comenzamos a incluir textos más amplios y comenzamos por incluir un vídeo que de alguna manera se relaciona con el tema tratado.
Hizo gracia, gustó y nos animasteis a seguir.
¡Gracias!
Sin aquellas primeras felicitaciones no habríamos continuado con el nuevo formato. El comienzo, aunque fue "tímido", pronto fue animándose. Vosotros nos animasteis con los comentarios y con las cada vez más abundantes peticiones para ser incluidos en el e-mail de invitación al blog.
Durante estos meses hemos comentado muchos temas. Hablamos de miedo y de sus funciones. De autoestima y quisimos subrayar la importancia de esta en nuestra vida diaria. De talento y recordamos que todos tenemos un talento aunque muchos lo han olvidado (confío que a estas alturas, el niño gallego que salía en el vídeo haya conseguido dinero para tener su propio violín, demostró tener talento para tocarlo). Hablamos de amistad y el vídeo del león Christian fue motivo de muchos comentarios cargados de emoción. También el post sobre lo normal fue motivo de comentarios por el vídeo en el que aparecía Nick, con esa enorme sonrisa y con esas ganas inmensas de vivir a pesar de faltarle brazos y piernas. Randy Pausch, quien había muerto recientemente, nos dejó impresionados por su actitud frente al cáncer y su valor y amor a sus hijos, sus sueños y la vida en general. También hablamos de proactividady Steven Jobs, nos dio su clase magistral y nos contó todo como las dificultades se convirtieron en "maestros" que le ayudaron a superarse, crecer y ser mejor. Cuando hablamos de paradigmas e insistimos en que "no vemos la realidad como es, sino como somos nosotros" hubo también numerosas manifestaciones de interés en relación con este concepto. La intención expresándose en los cristales de agua, con los experimentos de Masaru Emoto, fue también muy comentado. Hubo otros temas: empatía, acción, coherencia, autosabotaje...
Gracias por todos esos comentarios. Por los ánimos que nos habéis dado para seguir adelante. Por las llamadas y e-mail cuando tuvimos un problema con el servidor y esa semana no pudimos publicar nuestro blog. Vosotros habéis sido el puente que hizo de un juego, un reto. Sois la razón por la que buscamos superarnos en cada post. Gracias por todas esas muestras de cariño e interés que han sido y son el motor cada vez que nos ponemos a escribir o buscar un vídeo.
Porque la gratitud es energía de materialización, hace posible que lo agradecido se multiplique y activa con fuerza la Ley de la Atracción.
Hace unos años Elaine St. James y su marido decidieron simplificar su vida.
Se dieroncuenta de que "más" no es sinónimo de "mejor". Por aquellos años, los ochenta, en pleno yuppismo, fueron conscientes de que complicarse la vida era destino seguro a la infelicidad. Demasiadas responsabilidades, demasiadas cosas, y vivir a un ritmo frenético según lo que se supone hay que hacer no conduce a ninguna parte. Bueno, sí les llevaba a un sitio, pero éste no les gustaba nada. Sus posesiones se habían hecho más importantes que sus vidas, confundían la felicidad con la acumulación de bienes y relaciones, y descubrieron que "tener" no es lo mismo que "ser".
Casas con muchos metros cuadrados en lejanas zonas residenciales. Grandes y potentes coches de considerable cilindrada y consumo proporcional con el tamaño. Múltiples contactos sociales, con sus respectivas cenas e "inevitables celebraciones". Trabajos altamente exigentes, muy remunerados, con jornadas maratonianas e importantes tasas de estrés. Vidas familiares más aparentes que reales, amigos que se pierden, sueños que se olvidan...
Elaine St. James, decidió dar un giro a su trayectoria y escribió un libro "Simplifica tu vida". Yo recomiendo darle un repaso al menos una vez al año y estas son muy buenas fechas. Lo que cuenta es sencillo,de sentido común y debería ser una de esas asignaturas en los primeros años de colegio. Está lleno de consejos prácticos y cotidianos. Y el número uno de todos ellos es "poner orden" y para eso recomienda empezar a liberarse de todas aquellas cosas que acumulamos y nos complican la vida. Cosas a las que estamos apegados por nostalgia, vínculos emocionales o el temor a "si mañana lo necesito".
¿Por donde empezar? Louise L. Hay, otra que anima a lo mismo, dice que da igual por donde se empiece, mientras se continúe hasta el final. Yo propongo empezar por los armarios, sacando todo aquello que no utilizaste el último año y a ese montón le añades lo que "apenas utilizaste". Al final deberías quedarte con lo que verdaderamente te pones.
Puedes seguir con los "chismes de cocina", cosas que compraste, pero de las que no haces uso. La misma regla es aplicable a todos esos "componentes tecnológicos" que no sabes utilizar, que sólo te complican la vida o que sencillamente conservas porque todavía funcionan.
Continúa con los papeles que acumulas, mantén sólo la documentación que realmente es importante o la que te obliga la ley. Conozco personas que conservan los recibos de hipotecas pagadas hace años. Y también están los nostálgicos que conservan facturas amarillentas por el paso del tiempo.
Sigue con todos esos "pongos" que compraste de recuerdo en aquel viaje o que te han regalado. Realmente no te gustan y los conservas no por ti, sino para que quien te los regaló los vea cuando viene a tu casa. Ocupan espacio y acumulan polvo.
Pasa a continuación a ocuparte de los libros. Sí, no es ningún error, todos esos libros que sabes que no vas a volver a leer. Quédate sólo con los imprescindibles: los que aun no has leído, los que volverás a leer y con los que trabajas. Deshazte del resto. Con los libros hay una especie de tabú. Hay libros maravillosos que merece la pena tener y auténticos "plastas" que invaden la biblioteca. Aprende a liberarte de ellos, no dejan de ser cosas. Lo mismo lo puedes aplicar a tu colección de CD's y DVD's. Hay música y películas que ya no escuchas o no ves. Que sabes que son un rollo, pero que las mantienes porque en su día las compraste.
Puedes continuar con las carpetas del ordenador. Dedícale tiempo haz limpieza y pon orden. Hay documentación repetida, que no utilizas desde hace años y que conservas en todas tus copias de seguridad. Haz espacio en tu ordenador. Deja solo lo que realmente usas, lo demás lo copias en un CD o lo pones en la papelera de reciclaje.
Sigue con tu agenda de contactos. Otro tabú. Borra direcciones y teléfonos de personas que ya no te interesan o con las que ya no tienes relación. Sacarlas de la agenda es el primer paso para sacarlas de tu vida. Aprende a decir "no" a "compromisos ineludibles" verás que son perfectamente eludibles. Aprende a no coger el teléfono simplemente porque suena, a apagar la TV y seleccionar lo que realmente te interesa, a navegar por Internet sin perderte. Descubrirás que tienes más tiempo para hacer lo que te gusta y estar con quien quieres.
Y puedes ir más allá. Tal vez sea interesante plantearte cambiar o vender el coche. Irte a vivir a una vivienda más de acuerdo con tus necesidades reales, ahora que en tu vida hay menos cosas, ya no necesitas tantos metros. Incluso irte a vivir a otro sitio, a otra ciudad más tranquila, con un tamaño más humano, mejor clima. Es curioso lo diferentes que son los sitios en los que vivimos y aquellos que buscamos cuando nos vamos de vacaciones. ¿Por qué no irte a vivir a uno de estos sitios donde has sido tan feliz? Cuando uno empieza a poner orden fuera... también lo pone dentro. Realmente, podemos hacer el cambio fuera porque ya comenzó dentro. Cambiando pensamientos y creencias cambia nuestra realidad.
Simplifica tu vida. Saca todas esas cosas. Tíralas, regálalas o véndelas. Pero retíralas de tu realidad. Y sencillamente observa como te sientes. Existe una teoría que relaciona la acumulación de cosas con problemas de sobrepeso, trastornos en el sistema inmunológico y el cáncer. Bueno, tampoco me extrañaría que fuera así. No dejan de ser desordenes en el cuerpo y formas de acumular, que terminan haciéndonos daño.
Simplifica tu vida y se feliz. Es fácil, lo mereces y puedes.
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Generalmente entendemos por empatía la capacidad de ponernos en el lugar del otro. Bueno, es una impresión bastante acertada. Ponernos en el lugar del otro no solo es entender y saber que le pasa al otro, sino ser capaces de sentir lo que el otro siente, o al menos una aproximación. Todos hemos vivido situaciones de sintonía emocional cuando alguien nos cuenta como ha vivido determinada situación, sea positivo o negativo. Podemos sentir la preocupación del que tiene que hacerse unas pruebas en el hospital por que le han detectado "algo", podemos sentir el miedo que tiene el que va a decirle a su pareja que la relación se ha terminado porque ha conocido a otra persona, podemos sentir la ilusión de la mujer que por fin está embarazada después de haberlo deseado durante mucho tiempo, la alegría de quien planifica un viaje y lo comparte con todo lujo de detalles.
Y de una forma más general todos hemos entrado en casas donde se respira la tensión o el mal rollo nada más abrir la puerta. Todo parece normal, quiero decir que no llegamos en plena pelea, pero la atmósfera es cortante, nos sentimos incómodos por muy atentos que sean con nosotros y lo que el cuerpo nos pide es salir de allí. Y seguramente también hemos entrado en lugares donde uno se siente fenomenal, donde no te dan ganas de irte, donde se respira armonía y bienestar, donde en definitiva, uno se siente muy bien. Y es que las emociones están en el aire, como las ondas de la radio. Las sentimos en el cuerpo, pero van más allá de nuestros cuerpos.
Con los niños la empatía se ve rápidamente. En un grupo de niños, basta que uno llore para que los demás empiecen a llorar sin saber porque. Recuerdo una amiga psicóloga, que cuando tuvo a su hija, me comentaba que lo que mejor le ayudaba a la niña a dormirse era hacer meditación mientras la niña dormía en la cuna.
Y aquel que tenga perro habrá comprobado si tiene un mínimo de sensibilidad que el animal detecta perfectamente nuestro estado de ánimo.
Y eso pasa porque la empatía es una forma de comunicación más antigua que el lenguaje. No necesita soporte de la palabra, es suficiente una mirada a los ojos, una sonrisa o un apretón de manos para sentir lo que siente el otro. Cuando vemos más allá del disfraz del personaje que representamos ese día, sentimos al otro. Eso es empatía. Algunas personas aseguran que el miedo se huele, yo creo más bien que se empatiza con él. Y esa sensación maravillosa que tenemos de ser comprendidos por alguien que apenas nos conoce y que hace que le abramos el corazón y le confesemos lo que hemos guardado celosamente a personas más próximas, es empatía. No depende de lo mucho que se habla, es más, seguramente la palabra sea un obstáculo para empatizar, simplemente consiste en abrirse y sentir.
Las emociones son "pegajosas" y contagiosas. Los emocionalmente reservados valoran como "pegajosos" a los emocionalmente demostrativos. Esto es importante. Porque la empatía es bidireccional. Es decir, yo puedo llevarme pegada la emoción del otro: su enfado, su miedo, su ansiedad, su rabia o su tristeza. Pero también puedo, contagiar al otro de mi emoción, y transmitirle tranquilidad, confianza, seguridad o ilusión. Los buenos vendedores lo hacen. También lo hacen aquellos que trabajan con personas y que las "hacen sentir": maestros, médicos, psicólogos, camareros, recepcionistas, azafatas, ... son muchas las formas de transmitir la emoción, y realmente sigue constituyendo un misterio. Pero para sentir la emoción, ni tan siquiera es necesario que la persona esté presente. ¿Telepatía?, tal vez, para mí es solo empatía. También la emoción la podemos sentir en las cosas de esa persona, en como ha dejado una nota escrita, en como ha preparado una comida, como conduce o como ha envuelto un regalo. La emoción está en todo, si la percibimos somos empáticos, si no sentimos nada, somos "emocionalmente ciegos (o sordos)".
La empatía es una de las competencias de la Inteligencia Emocional y por lo tanto uno de los recursos para alcanzar el éxito y la satisfacción. Guarda relación con la intuición, la anticipación y la capacidad de crear situaciones emocionales armónicas. Y como todas las competencias de la Inteligencia Emocional, la empatía se puede desarrollar y entrenar, lo mismo que cuando hacemos ejercicio físico.
Al final solo cuentan los hechos. La vida se construye acción tras acción. Si no haces nada, no pasa nada. Si haces lo de siempre, pasa lo de siempre. Y por supuesto, recoges lo que has sembrado.
La acción es el factor multiplicador en la fórmula de la materialización. Al final hay que hacer. Hacer es vivir. Y lo no vivido es lo no hecho. Tal vez por eso el arrepentimiento real tiene que ver con lo no hecho. Lo hecho puede llevarnos a cometer errores, incluso a ejecutar acciones de las que nos sintamos culpables. Pero siempre queda la experiencia, y la experiencia es una oportunidad para aprender. Tal vez no se pueda justificar muchas veces, pero siempre se puede explicar. Incluso nos podemos liberar de la culpa a través del perdón o del castigo (que siguen siendo acciones). Pero lo no hecho, crece como un agujero que supura insatisfacción, inseguridad y miedo.
La acción se convierte en la firma de nuestro compromiso. Sí únicamente son buenas palabras, nada es al final. Toda intención que no se convierte en acción, se convierte en decepción. Cada intención no actuada es una promesa incumplida y terminan minando la propia credibilidad y la autoestima. Lo no hecho nos mata como un veneno lento.
Podemos vivir como espectadores de nuestra propia vida. Desde la falsa seguridad que significa no arriesga, mirando la vida pasar, esperando otro momento más oportuno. Aplazando el momento de la acción. No hay momentos más oportunos. El "ahora" es el mejor momento. En realidad, es el único momento. La angustia y la ansiedad siempre traen una pregunta implícita. ¿Qué no estoy haciendo? Y siempre hay una respuesta. Y no querer ver la respuesta es lo que activa el resorte de la ansiedad. La felicidad se construye sobre los hechos, se mide en experiencias y resultados.
Las consultas de los psicólogos y los psiquiatras están llenas de personas que se queja y sufren pero que no asumen los riesgos del cambio real. El compromiso con ellos mismos. Y ante la pregunta ¿Qué vas a hacer? Se limitan a seguir quejándose. Cuando alguien me responde: "es difícil", "no lo sé" o "no puedo hacer nada". Uf! mal pronóstico. Sé que se está saboteando. Que puede que lo intenten hasta el agotamiento, hasta convencerse a sí mismos de lo que afirman. Intentar no es conseguir. Al final me dirán "lo he intentado, lo he intentado con todas mis fuerzas", cuanto desperdicio de energía. Intentar es ponerse en la línea de salida con el freno de mano. Intentar es un mal comienzo. Me encanta la frase de Dyer "mira... hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes".
Hacer es asumir riesgos. La acción lleva implícita la posibilidad de error, de desaprobación social. Pero no hay ganancia sin riesgos. Freud se dio cuenta de que muchos de sus pacientes acudían a consulta no para hacer cambios reales, sino para aprender a convivir con la angustia y el miedo. Lo llamó resistencias. Decían "querer cambiar", pero en realidad lo que estaban pidiendo era "no querer sufrir".
Afortunadamente siempre se puede pasar a la acción. Siempre es posible cambiar. Siempre se puede hacer algo más, algo diferente, algo nuevo. Podemos dejar de ser los espectadores de nuestra realidad para empezar a ser los directores de nuestra vida. Podemos cambiar el guión, podemos obtener resultados reales. Podemos salir de la queja y el sufrimiento y vivir desde la felicidad. Siempre es posible hacer las cosas mejor, salir de la mediocridad y comenzar a vivir de una manera más real.
No permitas que nadie te intente convencer de lo contrario. Tú puedes. Aunque en este momento no sepas cómo. Aunque hasta ahora no lo hayas logrado. Siempre hay una manera diferente. No lo intentes más, simplemente hazlo. Tú puedes.
Dentro de cada uno de nosotros, al margen de la edad cronológica, sigue habiendo un niño/a.
No es correcto.
Dentro de cada uno de nosotros, al margen de la edad cronológica, siguen todos los niños que hemos sido. Eso si es correcto. El que es sólo un bebé y no entiende de esperas y aplazamientos, no le gusta que le digan "no" y es incapaz de vivir por él mismo. El de 4 años, el de 7, el de 10 y el de 14... también el de 17, aunque ya no es tan niño. Son diferentes edades, diferentes cuerpos, diferentes formas de construir la realidad. Dentro sigue estando el que fue feliz, el que se sintió abandonado, el que buscaba complacer a los demás, el que tenía rabietas que le impedían hablar y casi respirar. Está también el que se pasaba horas jugando e inventando mundos maravillosos, el que tenía "amigos invisibles", el que no hacía nada sólo y el que tenía miedo en la oscuridad. Está el que sentía vergüenza y se escondía, el que bailaba y se reía hasta dolerle la barriga. Dentro sigue habiendo un niño curioso, intuitivo, alegre, espontáneo, travieso, imaginativo y que va a lo suyo.
Es frecuente que la ropa que vestimos, el coche que usamos o las conversaciones profesionales, nos impidan ver al Niño/a Interior. Pero sigue ahí. Más allá del maquillaje, la corbata, la titulación o la hipoteca, continúa esperando el Niño/a Interior. Y te está esperando a ti.
Es el Niño/a Interior el núcleo de nuestras emociones. Vinimos a esta vida siendo biología y emoción. Hasta puede que sean la misma cosa. El pensamiento, la palabra, y la lógica, llegaron después. Y según fueron ganando en importancia, lo social fue desplazando lo emocional y el Niño/a Interior fue perdiendo protagonismo, fue quedando al margen, olvidado, como los juguetes con los que jugaba. Pero sigue sigue ahí. Mientras sigas vivo sigue ahí. Es tu parte más genuina. Y necesita tu atención.
Los niños sin atención enferman y mueren. Experiencias en orfelinatos así lo han demostrado. Los adultos con un Niño/a Interior enfermo y mustio, son adultos sin ilusión, que viven desde la inercia y el hábito, deprimidos y angustiados por una vida que no sienten suya, vacíos de sentido y y contenido. Son adultos anestesiados, aburridos, hipoerocupados para escapar de ellos mismo, con miedo de mirar dentro de si mismos, que se distraen, enferman y postergan mientras la vida y las oportunidades se les van de las manos. La Vida y las oportunidades nunca se van, somos nosotros los que no las hacemos nuestras.
Los niños sin amor sufren y desde su sufrimiento hacen sufrir. El miedo y el dolor se convierten en sustitutos del amor. Los manuales de psicopatología son una colección de Niños/as Interiores olvidados. La locura es el terrorismo del Niño/a Interior. Y seguramente las mayores locuras se hacen por amor (o por su falta). Las adicciones son un juego compulsivo y destructivo. El miedo y la ansiedad su grito silencioso. Solo la emoción nos recuerda que existimos. Siento, luego existo. El Niño/a Interior es emoción. Y sin emoción nada es. Sin emoción vivimos como espectadores de una vida que no sentimos nuestra.
Autoestima es recuperar ese Niño/a Interior. Reconocerlo y reincorporarlo en nuestra vida de adultos, es recuperar la felicidad y el sentido que tuvimos hasta que olvidamos a nuestro Niño/a Interior. Hay muchos caminos para ese reencuentro y cada uno debe descubrir el suyo. Siempre habrá resistencias que vencer, en definitiva bajo ellas encerramos al Niño/a Interior. Con seguridad habrá emociones intensas, el Niño/a Interior es emoción.
Lo has sabido siempre: no hay vida real sin contar con el Niño/a Interior. Por eso merece la pena empezar el camino del reencuentro y hacerle un sitio a tu lado en tu día a día. Tu Niño/a Interior te está esperando.