nada

28.7.08

Autoestima

Vivir es relacionarse. Nos relacionamos con el entorno, con otras personas, con pensamientos, con cosas concretas, con símbolos abstractos, con el pasado, con el futuro… y sobretodo nos relacionamos con nosotros mismos. La autoestima es eso: la relación que mantengo conmigo. De lo próxima que es la perdemos de vista. Esta relación es determinante, porque el resto de las relaciones son el reflejo de la relación que mantengo conmigo y también, las otras relaciones son la proyección de mi autoestima.
Es sencillo. En los demás me veo a mí. Como vivo lo que me voy encontrando a lo largo del camino es el resultado de lo que siento por mí, lo que pienso respecto a mí, lo que hago por mí. Cada interacción con la Vida, es una elección: puedo amarme o hacerme daño. En autoestima no hay opciones intermedias, ni tonos degradados. Y cuando no me amo, me estoy haciendo daño.
Si me llevo bien conmigo, todo funciona. Da igual el entorno, seguramente haya muchas cosas mejorables, pero yo estoy bien. Si mi relación conmigo es mala. Todo se complica. Da igual que tenga una salud de hierro, no la valoraré hasta que la pierda. Da igual que esté con una persona maravillosa, despreciaré sus muestras de comprensión y amor. Da igual que tenga dinero, me parecerá poco. Da igual que viva en un lugar fascinante, sólo veré inconvenientes. Da igual que tenga un trabajo reconocido, yo no lo valoraré. Cuando yo no me quiero, todo da igual. Todo son problemas y dificultades. Mi diálogo interior, lo que yo me digo continuamente, estará lleno de quejas y criticas, signo inequívoco de una autoestima degradada. Nada parece encajar y uno tiene la impresión de encontrarse haciendo algo inadecuado, con las personas inadecuadas, en el momento inadecuado.
Mejorar la calidad de vida, es mejorar mi relación de autoestima. Si verdaderamente me quiero, se terminarán beneficiando, mi entorno, mis otras relaciones, mi cuenta bancaría y mi salud. De la misma forma que cuando no me quiero, termino destruyendo todo lo que me rodea.
El arranque es fácil. Hay que comenzar por aceptarse. Aceptarme en el momento y en el punto en que esté, sea el que sea. La aceptación comienza ahora, no se aplaza a mañana. Arranca en este mismo instante. Aceptarme, no significa gustarme, significa parar la guerra conmigo mismo. Dejar las críticas y las quejas con relación a mí (y al resto del mundo). Firmar la paz. Aceptarme es el primer paso para quererme. Aceptarme es también la puerta de entrada para que mejoren el resto de mis relaciones. Sólo puedo relacionarme verdaderamente con los otros (y lo otro) si me acepto. Aceptarme es el primer paso para des-cubrir (des-tapar, quitar la tapa), lo que realmente Soy, es ir más allá del personaje que represento. Cuando me acepto, dejo de mendigar el “aplauso de mi público imaginario” y empiezo a establecer relaciones autenticas. Ya no intento parecer nada, para sentirme alguien, simplemente Soy yo.
La aceptación me coloca en el momento presente. En el aquí y el ahora. La autoestima requiere un paso más. Confianza. La confianza es levantar la cabeza de lo inmediato y mirar más allá. Ser capaz de darme cuenta de las posibilidades, ver las oportunidades y saber que lo que está por venir, sea lo que sea, me ayudará a sentirme mejor conmigo. A ser más feliz. Sin confianza no hay futuro. La confianza pone luz, luz propia, en la incertidumbre, las dudas o la inseguridad. La confianza abre la apuesta por un mundo mejor, una vida mejor. En definitiva abre la puerta de la felicidad y el amor.
No siempre podemos elegir las circunstancias. Hay muchas cosas que no podemos elegir: el día que hace, la familia de la que procedemos, el color de nuestros ojos o lo que les parecemos a los demás. Lo que siempre puedo elegir es la actitud con la que abordo esas circunstancias. Mi actitud, como mis pensamientos, mis emociones o mis actos son responsabilidad mía. Eso, afortunadamente, si está en mi mano. Y siempre puedo elegir quererme.

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24.7.08

El Miedo

Miedo y peligro son cosas diferentes. Hablamos de peligro cuando existe un riesgo real para mi salud física o mental, para mis relaciones, mis finanzas o mi entorno. Por poner algunos ejemplos: es peligroso conducir a velocidades altas, beber alcohol o consumir drogas, tener relaciones sexuales sin seguridad, la compañía de determinadas personas, no pagar impuestos o destruir el planeta. Muchas de estas cosas peligrosas las hacemos sin ningún miedo.

El miedo tiene que ver con esa sensación paralizante que nos bloquea, que inhibe nuestras capacidades físicas o psicológicas, nos impide disfrutar de la vida y nos lleva a querer escondernos o a atacar de una forma irracional. A algunas personas les da miedo por ejemplo, hablar en público, salir de casa, los ratones, decir “te quiero” o la intimidad. Ninguna de estas conductas suponen un peligro real.

Hablemos del miedo. En realidad es un recurso muy positivo, incluso “un maestro” si tenemos la mente lo suficientemente abierta para escuchar y aprender.

Desde la perspectiva de la autoestima el miedo es varias cosas:

1. Es un indicador de baja autoestima. Aparece cuando no estoy conmigo, cuando me olvido de que en mi vida yo soy lo más importante o simplemente me critico, me juzgo o me comporto como una víctima. El miedo va ganando espacio. El miedo lo va tiñendo todo con tonos amenazantes e inseguros. El miedo es la ausencia del amor y cuando no me amo ese espacio se llena de temor, de torpeza y yo me siento desvalido.

2. Es la distancia entre quien Soy y el personaje social que represento. Todos representamos diferentes personajes en el día a día, pero generalmente confundimos esos personajes con lo que verdaderamente somos. Cuando estoy pendiente la aprobación de mi “público imaginario”, cuando intento “cumplir con mi papel” y me olvido de vivir mi vida, cuando me alejo de mis deseos y lo que realmente quiero, amo y soy..., el miedo crece. Como todos los fantasmas, el miedo se alimenta de lo imaginario, el miedo lo siente mi personaje, pero yo no soy ese miedo. Cuando vivo mi vida desde lo que verdaderamente Soy y dejo a un lado a mi personaje y a mi público imaginario, el miedo sencillamente se diluye, no existe. Y vivo desde la conciencia, la seguridad y el amor.

3. Es lo que no es. Nos produce miedo aquello que no es en el momento presente. Me da miedo perder el trabajo, cuando tengo un trabajo. Que me abandone mi pareja, cuando vivo en pareja. Arruinarme, cuando tengo dinero. Enfermar, cuando estoy sano. Morir, cuando estoy vivo. El miedo es la fantasía anticipatoria de algo que no es real en mi momento actual. Cuando esas situaciones se hacen reales y pierdo el trabajo, me quedo solo, sin dinero o enfermo; ya no siento miedo, tendré otras emociones, pero no miedo. Naturalmente, cuando esté realmente muerto, creo que no habrá tiempo para sentir miedo. ¿Por qué perder el momento presente por algo que no es?

4. Señala el camino. El miedo funciona como una brújula y señala la dirección de nuestro crecimiento. Sí, el miedo señala hacia donde tenemos que dirigirnos. Seguimos hablando de miedo y no de peligro. Si me da miedo cambiar de trabajo, seguramente haya llegado el momento de empezar a buscar otro. Si me da miedo hablar con mi pareja, mi jefe o mi hijo, es una señal infalible de que tengo que hacerlo. Si me da miedo alejarme de mi familia y mis amigos, vivir en otro lugar, empezar una nueva vida, es que con certeza tengo que hacerlo. Cuando cruzamos la “cortina de humo” que el miedo es, al otro lado está la libertad. Cada vez que hago algo que previamente temía, después me siento más seguro. Puedo equivocarme, las cosas tal vez no me salgan como tenia previsto, pero seguir el camino del miedo me da la oportunidad de superarme, de aprender y de creer en definitiva. Además, los arrepentimientos se construyen con cosas no hechas.


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21.7.08

Haz un parentepsis

Lo mejor que podemos hacer en favor de quienes nos aman es seguir siendo felices.

Emile Chartier.

Filósofo y ensayista francés.







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14.7.08

Haz un parentepsis

Los demás ven en ti justamente lo que tú proyectas, y, lo que tú les das, es lo que ellos te entregan.

Jessica Tate.





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7.7.08

Haz un parentepsis

La vida es muy simple. Recibimos lo que hemos dado.

Louise L. Hay.

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