nada

30.3.09

Las emociones son pegajosas

En 1995 ocurrió algo curioso. Un libro de contenido científico "La Inteligencia Emocional" obtuvo una inesperada popularidad a escala mundial, se tradujo a todas las lenguas imaginables y se mantuvo largo tiempo como número uno en todas las listas de superventas. Su autor, el psicólogo Daniel Goleman, obtuvo una merecida popularidad y unas fabulosas ganancias. Para colmo, el texto era denso, difícil de comprender y escrito en un estilo árido.

La inteligencia emocional se expresa en cuatro dominios:

  • Capacidad para percibir e identificar las emociones. Es decir, ¿qué estoy sintiendo yo y las personas con las que interactúo?
  • Capacidad para utilizar las emociones dando más eficacia al pensamiento y el razonamiento. Sobre esta capacidad se construyen muchos modelos de motivación, comunicación, liderazgo... Y también esta capacidad se utiliza para activar y potenciar la Ley de la Atracción.
  • Capacidad para controlar las propias emociones. Se refiere fundamentalmente a todo el sistema de autocontrol emocional. Facilitar las emociones que nos hacen sentir bien, y evitar o reducir aquellas emociones dolorosas.
  • Capacidad para comprender las emociones de uno mismo y de los demás. Y aquí el punto clave es la empatía.

Precisamente, con relación a la empatía, hay dos aspectos de los que solo se habla implícitamente pero que son determinantes. Y ambos son dos principios básicos.

El primero de ellos se refiere a que las emociones son en realidad la manifestación de un pensamiento. A veces muy rápido, a veces inconsciente, pero lo que el cuerpo expresa en forma de emoción se activó antes en forma de pensamiento. El interruptor de lo que sentimos está en lo que pensamos. Y si cuidamos lo que pensamos nos sentiremos emocionalmente bien.

La segunda cuestión, es que las emociones son contagiosas. Son literalmente "pegajosas". Todos en alguna ocasión después de una conversación con alguien entusiasta hemos vuelto ilusionados. Y si hemos hablado un rato con alguien depresivo es fácil que salgamos con un sentimiento gris. Cuando nuestra vida en realidad sigue igual que antes de comenzar esa conversación. Lo que ha ocurrido es sencillo, nos hemos llevado pegada la emoción del otro.

Con los niños también se ve muy rápido. En un grupo de niños uno llora y rápidamente llorarán los demás aunque no sepan la razón. Se dice también que el miedo es contagioso, y seguramente nos hace sentir más miedo el miedo de las otras personas que la situación misma. Y por otra parte, todos hemos estado alguna vez en sitios en los que hay que estar con cara de persona formal, y alguien empieza a reír con una risa nerviosa y contenida. No falla, en poco tiempo estaremos haciendo esfuerzos para no reír. Y la risa nerviosa es más "pegajosa".

Es importante darse cuenta de esto porque muchas veces puede que lo que estemos sintiendo no sea nuestro. Sea una emoción prestada, o "pegada", por empatía. Si la emoción es agradable, bueno, te recomiendo que frecuentes más ese tipo de relaciones. Pero si la emoción te hace sentir mal, no lo dudes, "despégala", y deshazte de ella. Y si esto te ocurre frecuentemente con esa persona, tal vez sería conveniente revisar que te aporta esa relación.

Ah! y por supuesto, tú también puedes pegar emociones.

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