Si te da pereza: ¡hazlo!
Lentamente, la pereza crea hábitos, costumbres e inercias. De una forma suave, fácil y seductora se va instalando en tu vida. Poco a poco, la comodidad empieza a ocupar el espacio de la voluntad, comenzará quitando importancia al valor del esfuerzo y se burlará entre risas de "tu disciplina". Te hará sentir infantil y sus atractivos argumentos para "no hacer nada", "descansar un rato" o "dejar que sean otros los que se ocupen", te parecerán sólidos, rotundos y justificados. Poco a poco, como un huésped amable y adulador, la pereza se instalará en tu vida, irá ocupando espacios y rincones, hasta que llega el día en que te das cuenta como te "roba" lo que no estás viviendo, que tu energía es cada vez menor y que aunque cada vez haces menos, siempre te falta tiempo. En ese momento, el veneno ha empezado a hacer su efecto.
La pereza construye su tela de araña con la comodidad y la postergación. "Aplazarlo para más tarde" o "esperar a otro momento en el que tengas más ganas" suelen ser síntomas de que ya estás en su red.
Como el miedo, la pereza termina paralizándonos y haciéndonos vivir una vida vacía y sin sentido. Pero la parálisis de la pereza es lenta y sutil, muchas veces no le damos importancia porque socialmente se la ve con buena cara, hasta que es demasiado tarde y se convierte en un estilo de vida. En ese momento sus efectos son más profundos y devastadores que los del miedo.
La pereza es la antesala del desencanto, de la mayor parte de las adicciones, de la frustración, la depresión y por supuesto es uno de los indicadores de baja autoestima.
Yo solo conozco un remedio. Pasar a la acción. La acción conjura el hechizo de la desidia y la dejadez. Al principio hay que pasar de una forma un poco forzada, sobre todo si la pereza ya está instalada. Pero pronto notarás los efectos vigorizantes de "hacer cosas", de "terminar con lo postergado", de "introducir cambios en tu vida". La acción te llenará, además de energía, de buen humor y de la sensación de que estás viviendo.
No lo dudes, pasa a la acción porque la pereza es aliada de la desmotivación. Haz aunque sea desordenadamente, pero haz. Empieza precisamente por lo que más pereza te da. Puede ser cualquier cosa: hacer una llamada, empezar una dieta, terminar un informe, ir al médico o ponerte las zapatillas y salir a correr. Levántate del sofá, ponte en pie, deja de perder el tiempo y pasa a la acción. Cuando lo hayas hecho te sentirás mucho mejor.
Como el miedo, la pereza también señala el camino. Tu crecimiento y tu felicidad están detrás de la cortina de humo que es la pereza. Todo lo que has logrado lo has hecho superando tu pereza.
Tenlo claro. Si te da pereza: ¡hazlo!
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Labels: coaching coach, desarrollo personal
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