No hay ganancia sin riesgo. Seamos conscientes o no nos movemos continuamente en el territorio de lo incierto. Lo que llamamos lo "normal", "lo conocido" o "lo seguro", es una diminuta y frágil burbuja mental dentro del "campo de todas las posibilidades" y todas las posibilidades, son muchas. Y lo incierto, lo desconocido, lo misterioso o lo enigmático, es enorme y... nos da miedo.
El miedo es en realidad, la brújula de nuestro crecimiento y señala al "Norte" de nuestro desarrollo.
Lo nuevo nos da miedo, lo desconocido nos da miedo, lo diferente nos da miedo. Sin embargo, ya han sido muchos los escalones del miedo que hemos superado. Sentimos miedo cuando éramos pequeños y dejamos de gatear para ponernos de pie para empezar a caminar. Puede que no lo recordemos, pero la perspectiva de esa nueva altura, nos dio vértigo y resultó enormemente inquietante. La oscuridad en la habitación si nos despertábamos de noche nos daba miedo, en la oscuridad siempre se han escondido los fantasmas y los monstruos. De noche en la cama, con 4 años, la oscuridad nos hacia sentir indefensos, desprotegidos y solos. Ser diferentes en el colegio nos dio miedo, también nos dio miedo no saber si nos preguntaban o volver de vacaciones sin los deberes hechos. Algunos cuentos nos daban miedo, y determinadas personas. Más tarde nos dio miedo no sentirnos aceptados, la visita al dentista, la primera cita amorosa, empezar a convivir en pareja, tener el primer hijo, pasar por el quirófano, solicitar una hipoteca, hablar en público, pedir la separación o un aumento de sueldo.
Son muchas las cosas que nos han dado miedo y que hemos superado. Eso es posible porque el miedo es solo la otra cara de la moneda. La moneda de la superación. Y en su reverso está el deseo.
El deseo nos resulta estimulante y excitante. El deseo es aventura y riesgo. Las mayores locuras se comenten en nombre del deseo. Y en nombre del deseo se recorren las mayores distancias. El deseo no conoce el cansancio. El deseo nos apasiona, nos hace hervir la sangre y nos empuja a la acción. No mide las consecuencias, solo le interesan los resultados. Y saca lo mejor y lo más mezquino de cada persona.
Al final el crecimiento y la superación es una cuestión de balance. Si el deseo es mayor pasarás a la acción. Si el miedo pesa más, te paralizarás.
Como toda moneda, es un símbolo. Como toda brújula, un medio. Sin el Amor y la Conciencia, no vale nada y nos sentiremos perdidos. Pero también es cierto que todo miedo vencido y superado, nos hace sentir más libres, más seguros y mejores.
La cuarta función del miedo es enseñarte el camino. Si te da miedo: ¡hazlo!
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