Ahora
Mi primer trabajo cuando terminé la carrera fue con pacientes de cáncer. De esto hace más de veinte años. Fue en un gran hospital de Madrid. El trabajo consistía en buscar variables psicológicas asociadas a la enfermedad. Fue un trabajo pionero en España, el primero de este tipo si la información que tengo es correcta. Entonces el cáncer era la enfermedad tabú por excelencia. Después llego el sida y le cáncer perdió protagonismo. Del cáncer se sabia poco y se le tenía mucho miedo. En ninguna parte del hospital la palabra "cáncer" estaba escrita. Era una palabra maldita, sólo ponía "oncología". Muchos pacientes, ni sabían que era "oncología" y desconocían o negaban que eso que les estaba matando fuera algo llamado cáncer.
Es sorprendente como la muerte es el tema tabú en la medicina (seguramente en la cultura occidental). Pocos médicos entonces querían ser oncólogos; y hoy en pleno siglo XXI, temas como la eutanasia o el suicidio siguen poniendo los pelos de punta a muchos de ellos. Elisabeth Kübler-Ross, la psiquiatra suiza que trabajó con pacientes moribundos, es la primera que hace una aproximación humana de la medicina a la muerte. Los pacientes podían hablar con ella, lo que nadie parecía estar dispuesto a querer escuchar.
Recuerdo que aquellos pacientes, en aquel hospital, abordaban la muerte de dos formas muy diferentes. Unos la negaban o simplemente la sufrían. Otros la aceptaban como otra parte más de su vida. Entre estos dos tipos de personas había una diferencia básica. Y esta diferencia, era independiente de su edad, sexo, creencias, religiosas, formación o estatus económico.
Los que sufrían la muerte, sencillamente no habían vivido su vida. Habían postergado, esperando otro momento y otras circunstancias. Y en ese tramo final, lo no vivido venía a saldar la "vida aplazada".
La vida aplazada está llena de miedo. El miedo a ser uno mismo. A vivir la propia vida. A ser diferente. A la opinión de los demás. A equivocarse. En aquel hospital y con aquellos pacientes, aprendí que lo "no vivido" es lo que en realidad nos angustia en el momento final y lo que envenena el momento presente. El veneno de lo aplazado tiene una entrada suave como un buen vino, pero su efecto es letal como el cianuro.
Los pacientes que habían vivido su vida a su manera, con sus aciertos y sus errores, pero tomando decisiones y asumiendo riesgos, también vivían su muerte. Aprovechaban para despedirse y rodearse de las personas que amaban. Podían hablar con tranquilidad y honestidad de lo que sentían. Se ponían en paz con ellos mismos y preparaban los últimos días como quien prepara un viaje. Algunos decidían hacer "la última locura" de su vida y otros sencillamente volvían a sus pueblos. No parecían angustiados. Y muchos afirmaban haber tenido una buena vida y se mostraban agradecidos.
La postergación es veneno para la autoestima. Cada indecisión o cada acto postergado, pesa sobre nosotros como una enorme carga, la carga de lo no vivido. Y nos vampiriza chupándonos la energía y la ilusión. He visto personas sanas que se sienten sin fuerzas, cansadas y que vivir les supone un esfuerzo agotador, que cuando empiezan a dar salida a lo aplazado, comienzan a sentirse ligeras, más llenas de energía y mucho más felices con ellas mismas y con la vida en general.
Nadie piensa que cada día, cada momento, puede ser el último. Pero realmente puede ser el último. A las personas con las que trabajo, cuando abordamos estos temas hay dos recomendaciones que les sugiero:
La primera tiene que ver con las resistencias: "Si te da miedo o pereza, sencillamente hazlo. No lo postergues, los fantasmas del miedo y la pereza crecen cuando nos quedamos parados".
La segunda tiene que ver con la forma de hacerlo, algunas personas se quedan paralizadas porque no saben como ponerse en marcha. Y siempre me preguntan "¿Cómo lo hago?. Dime cómo lo tengo que hacer". Siempre les respondo lo mismo: "da igual como lo hagas, el "ahora" es el cómo. Simplemente empieza".
.
Etiquetas: autoestima, desarrollo personal
enlace permanete de este apunte pulsando sobre la hora:



3 comentarios:
Ese es mi talón de Aquiles: la procrastinación. La postergación de "lo haré cuando esté más preparado", evitando pensar que, cuanto menos haga, menos preparado estaré.
6 de noviembre de 2008 10:24
El autor ha eliminado esta entrada.
6 de noviembre de 2008 16:43
Un saludo. Enhorabuena por el blog.
8 de noviembre de 2008 18:49
Publicar un comentario en la entrada
Enlaces a esta entrada:
Crear un enlace
<< Página principal