nada

29.9.08

Intención

Algún día podremos medir la intensidad de la intención y la fuerza del pensamiento. Lo podremos medir como hoy medimos la temperatura o la velocidad, y sabemos cuando tenemos fiebre o cuando vamos demasiado rápido. Cuando ese día llegue nos parecerá obvia la relación entre lo que pensamos y como se conduce nuestra vida.

Cada vez más personas son conscientes de sus pensamientos y los tratan con atención y cuidado. Como una mercancía delicada y en algunos momentos como una mercancía peligrosa. Pero aun la mayoría da poca importancia a su intención, a sus pensamientos o sus palabas. Decimos “son sólo palabras”, o “solamente es una idea”. O algo muy habitual “lo digo en broma” (con envoltorio de bromas se han entregado verdaderas bombas).

¿Exagerado? ¿Excesivo? Tal vez, pero mi experiencia clínica de más de 20 años confirma claramente lo que estoy diciendo.

Cada pensamiento tiene un efecto. Cada palabra que decimos o pensamos, de alguna manera nos afecta y afecta a nuestro entorno. Lo he comprobado en cuestiones de salud, económicas o de relación. Lo he comprobado yo y otros muchos profesionales. En realidad no tiene ningún mérito, se puede comprobar en el día a día, es suficiente con observar con la mente abierta y darse cuenta de las consecuencias.

“Allí donde pongo la atención eso se expande”

Esto tendría que ser lo primero que aprendiéramos en la escuela. Es la primera regla de la autoestima a la vez que la formulación de la Ley de la atracción. Es como la fuerza de la gravedad, no hace falta creer en ella, funciona tanto con los que la conocen como con quienes la ignoran. Simplemente se cumple.

Cuando pienso algo, es como cuando ingiero algo. Tiene un efecto en mi organismo. Y de la misma manera que hay alimentos que me sientan bien y alimentos que me sientan mal (y también hay venenos y medicinas, no lo olvidemos), hay pensamientos que me hacen bien y pensamientos que me hacen daño. Sólo los niños pequeños se meten cualquier cosa en la boca, con las consecuencias que eso tiene.

¿Qué pensamientos me hacen daño? Las quejas y las críticas son veneno para la autoestima. Simplemente retirarlas del “catálogo” de pensamientos, sin hacer nada más, y la autoestima mejora significativamente. Es suficiente hacer la prueba unos días para notar los efectos. Cualquier otro tipo de pensamiento relacionado con la culpa, el rencor, las preocupaciones, la vergüenza o el miedo, también es recomendable sacarlo del catálogo. Todos ellos son indicadores de baja autoestima y hacen que siga bajando.

¿Qué pensamientos nos ayudan? La gratitud, la valoración y todos aquellos que transmiten amor.

Al final, detrás de cada pensamiento y cada palabra hay una intención. Pensamientos y palabras son medios. La intención en el fin. ¿Tenemos clara la intención cuando abrimos la boca? ¿Qué intención hay detrás de una queja? ¿Y detrás de una crítica? ¿Y detrás de un gracias? La intención es poderosa. Alinea los pensamientos, favorece emociones y orienta acciones. La intención marca la dirección de nuestra conducta y sin una intención clara estamos perdidos y confundidos.

Parece ser además que la intención no sólo afecta a quien la tiene. Parece que también afecta a la materia física. La física cuántica así lo confirma. Y las controvertidas experiencias sobre el agua del japonés Masaru Emoto también van en esa línea. Su obra “Mensajes del agua” (2003). “Es el resultado de los trabajos de investigación procedentes del análisis del agua de diversos países y procedencias mediante la utilización de resonancia magnética. Esto permite la observación del HADO (energías sutiles relacionadas con la consciencia) y nos lo muestra con magníficas imágenes del agua cristalizada. Cómo ésta se ve influida por diversos factores como la música o la consciencia de las personas. La obra evidencia que los pensamientos y las emociones pueden alterar la estructura molecular del agua y nos hacen comprender la forma tan íntima en que están conectados los seres humanos y el Universo. Es un bello testimonio de que formamos un todo indivisible y abre las puertas a nuevas formas de sanación y conservación de la salud”.

En la misma línea Lynne Mctaggart con “El experimento de la intención” (2008) “nos muestra que los pensamientos e intenciones son mucho más poderosos de lo que pensábamos, pues poseen una energía que pueden cambiar la realidad física. Esto quiere decir que los podemos usar para mejorar nuestras vidas, para curar nuestros cuerpos y para ayudar a pacificar nuestro planeta. Naturalmente, no todos los pensamientos tienen el mismo poder. Por ello la autora nos explica, las técnicas más efectivas para aumentar el poder de nuestros pensamientos e intenciones, para así obtener resultados concretos en nuestras vidas. Además nos invita a participar en el mayor experimento jamás realizado acerca del dominio que la mente tiene sobre la materia”.



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