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15.9.08

Educación para el éxtio

Og Mandino, un experto en temas desarrollo personal sostiene que el éxito se aprende. Yo también lo creo. Y creo que, o se nos prepara para descubrir y hacer crecer nuestro talento y potencial humano, y lograr nuestro éxito. O simplemente se nos “domestica” para saber hacer unas cuantas cosas (algunas muy bien hechas todo hay que decirlo) y no dar problemas. Desde este punto de vista, los resultados se polarizan:

· GRUPO-1: Adultos felices, con una autoestima sana, conscientes y responsables de cómo cada uno de sus actos influye en su entorno medioambiental y social. Que disfrutan con lo que hacen porque aman lo que hacen, ya sea en el ámbito personal o profesional. Toda su conducta es la expresión del amor y libertad que sienten por ellos mismos. Y lo proyectan en su salud, en su imagen, en el contacto que tienen con cada ser vivo, en cada pensamiento y en cada acto, en la gestión de la riqueza, en el cuidado del planeta. Son personas que ríen, que tienen ilusiones, proyectos y sueños, que están dispuestas a “arremangarse” para trabajar y construir una vida mejor. Están posicionados en un paradigma de abundancia, tienen una actitud proactiva ante las circunstancias y transmiten la alegría de estar vivos. A este grupo pertenecen el hombre autorrealizado de Maslow y la persona libre de zonas erróneas de Dyer. Son personas dispuestas que creen en un futuro mejor y trabajan por conseguirlo. Aunque aun son minoría cada vez se descubren más personas interesadas en entrar a este grupo. Porque se puede aprender a pertenecer a este grupo, el éxito se aprende. Estas personas han logrado su éxito fuera de los programas educativos oficiales y habituales. Han empezado por conocerse mejor a sí mismas identificar sus áreas de crecimiento y sus puntos fuertes. Han aprendido de su experiencia personal (de los errores y los aciertos) y han puesto mucha atención en la experiencia de otras personas con las cualidades antes mencionadas. Se han “trabajado” a través de programas de crecimiento personal, lecturas de autoayuda, sesiones de psicoterapia y programas de coaching. Su trabajo ha dado resultados internos y externos. Y cuando estás con ellos transmiten una sensación de seguridad, humildad y triunfo personal.

· GRUPO-2: El otro grupo es más conocido. Es lo que más abunda hoy. El resultado de los programas educativos basados en la memorización de conocimientos y en la “adecuación a la curva normal”. Son programas socializantes donde el objetivo es “domesticar” a la persona, integrarla en el grupo, normalizarla y hacerla semejante a otras. Programas que no mencionan, como si no existieran, temas como las emociones, la materialización o la autoestima. El precio también lo conocemos. “Niños grandes buenos y complacientes” que evitan causar problemas. “Niños rebeldes y adolescentes más allá de los 40” que han hecho de la crítica, la queja y el inconformismo improductivo su seña de identidad. Personas cansadas de vivir una vida tranquila, llena de comodidades y carente de toda ilusión, reto y estimulo. Adictos a sustancias, personas o actividades, que hacen de su dependencia la forma de escapar de si mismos. También son decisiones con una visión de “pan para hoy y hambre para mañana”. Miedo a muchas cosas, más o menos disimulado. Miedo al éxito y sentimiento de extrañeza frente a la felicidad. Actitudes predominantemente reactivas, desde las que esperamos que la solución siempre venga dada por otro. La excelencia como palabra, pero en el fondo da miedo ya que nos aleja de la curva normal. En fin, un panorama estable, que ya es mucho; mediocre que favorece la depresión y la neurosis social.

Mandino en su libro “La universidad del éxito” dice que hay un “éxito personal”, que es el que en realidad cuenta, el importante y el de verdad. Signifique lo que signifique la palabra éxito para el individuo. Y un “éxito social”, donde los demás reconocen nuestro triunfo. A veces podemos confundirnos y triunfar para los demás: estudiamos la carrera universitaria que quieren en casa a pesar de que no nos interesa, buscamos los amigos o la pareja que se espera de nosotros aunque no tengamos mucho en común, cuidamos la salud como lo hace la mayoría aunque eso nos esté matando, hacemos el tipo de vida que se supone debemos tener aunque en el fondo no nos sintamos ni realizados, ni felices. Pero los demás reconocen nuestros esfuerzos y logros, y los valoran. Sentimos que somos como los demás, y nos tranquilizamos. No somos felices, pero nos acostumbramos a la mediocridad emocional, como nos acabamos acostumbrado a la china en el zapato. Al final, esto no funciona.

Sobretodo, porque el éxito y el triunfo tienen que ser personales. Para Og Mandino, “el éxito no es una camisa de fuerza, no es un molde en que debamos ser fundidos. No es algo rígido. Es tan individual como las huellas dactilares o la mirada. Lo único que necesitamos es coraje para ser (y conseguirlo) nosotros mismos”.

Su receta para el éxito incluye:

· Propósito: “Debemos saber que en lo que sea que hacemos, estamos avanzando hacia una meta (eso significa haberla definido previamente). Carecer de objetivo es el peor enemigo del éxito”.

· Es un promedio de aciertos: Es interesante ser consciente de este aspecto. No es, se tiene o no se tiene. “No es una sola pieza, no todas las horas ni todos los días son exitosos. Hay cumbres de éxitos separadas por valles de fracasos… una vida de éxitos tendrá días (incluso años) de temporadas difíciles”.

· Exige un coste: “No se consigue gratis… la alegría del éxito se compensa con el esfuerzo por conseguirlo… existe una incapacidad innata para disfrutar de aquello que no nos hemos ganado. Los divanes de los psicoanalistas están hundidos por el peso de las mimadas mujeres de mediana edad que tienen casi de todo lo que han pedido, pero que curiosamente son incapaces de descubrir ninguna alegría en la vida”.

· Hay que disfrutarlo: “Quizá se haya ganado con lágrimas, pero hay que coronarlo con risas”.

· La espiritualidad: “Es difícil imaginar que nadie se sienta exitoso sin sentirse también relacionado con los grandes propósitos de la vida”.

Otros muchos han tratado el tema del éxito de una manera espléndida. Stephen R. Covey, en “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”. Otro libro práctico y maravilloso es el de Wayne Dyer “Tus zonas erróneas”, también del mismo autor “Diez secretos para el éxito y la paz interior”. En una línea más espiritual “Las siete leyes espirituales del éxito” de Deepak Chopra. Y por último me encanta el cuento lleno de verdades de Alex Rovira “Los 7 poderes”, estos son los cuentos que nos hacen mejores, adultos verdaderos y personas íntegras. Cualquiera de ellos, podrían ser programas completos de asignaturas en las que aprender a sentirnos mejor con nosotros mismos, responsabilizarnos de nuestra felicidad y construir un planeta medioambiental y social más sano y enriquecedor para nosotros y las generaciones futuras.





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