Autoestima
Es sencillo. En los demás me veo a mí. Como vivo lo que me voy encontrando a lo largo del camino es el resultado de lo que siento por mí, lo que pienso respecto a mí, lo que hago por mí. Cada interacción con la Vida, es una elección: puedo amarme o hacerme daño. En autoestima no hay opciones intermedias, ni tonos degradados. Y cuando no me amo, me estoy haciendo daño.
Si me llevo bien conmigo, todo funciona. Da igual el entorno, seguramente haya muchas cosas mejorables, pero yo estoy bien. Si mi relación conmigo es mala. Todo se complica. Da igual que tenga una salud de hierro, no la valoraré hasta que la pierda. Da igual que esté con una persona maravillosa, despreciaré sus muestras de comprensión y amor. Da igual que tenga dinero, me parecerá poco. Da igual que viva en un lugar fascinante, sólo veré inconvenientes. Da igual que tenga un trabajo reconocido, yo no lo valoraré. Cuando yo no me quiero, todo da igual. Todo son problemas y dificultades. Mi diálogo interior, lo que yo me digo continuamente, estará lleno de quejas y criticas, signo inequívoco de una autoestima degradada. Nada parece encajar y uno tiene la impresión de encontrarse haciendo algo inadecuado, con las personas inadecuadas, en el momento inadecuado.
Mejorar la calidad de vida, es mejorar mi relación de autoestima. Si verdaderamente me quiero, se terminarán beneficiando, mi entorno, mis otras relaciones, mi cuenta bancaría y mi salud. De la misma forma que cuando no me quiero, termino destruyendo todo lo que me rodea.
El arranque es fácil. Hay que comenzar por aceptarse. Aceptarme en el momento y en el punto en que esté, sea el que sea. La aceptación comienza ahora, no se aplaza a mañana. Arranca en este mismo instante. Aceptarme, no significa gustarme, significa parar la guerra conmigo mismo. Dejar las críticas y las quejas con relación a mí (y al resto del mundo). Firmar la paz. Aceptarme es el primer paso para quererme. Aceptarme es también la puerta de entrada para que mejoren el resto de mis relaciones. Sólo puedo relacionarme verdaderamente con los otros (y lo otro) si me acepto. Aceptarme es el primer paso para des-cubrir (des-tapar, quitar la tapa), lo que realmente Soy, es ir más allá del personaje que represento. Cuando me acepto, dejo de mendigar el “aplauso de mi público imaginario” y empiezo a establecer relaciones autenticas. Ya no intento parecer nada, para sentirme alguien, simplemente Soy yo.
La aceptación me coloca en el momento presente. En el aquí y el ahora. La autoestima requiere un paso más. Confianza. La confianza es levantar la cabeza de lo inmediato y mirar más allá. Ser capaz de darme cuenta de las posibilidades, ver las oportunidades y saber que lo que está por venir, sea lo que sea, me ayudará a sentirme mejor conmigo. A ser más feliz. Sin confianza no hay futuro. La confianza pone luz, luz propia, en la incertidumbre, las dudas o la inseguridad. La confianza abre la apuesta por un mundo mejor, una vida mejor. En definitiva abre la puerta de la felicidad y el amor.
No siempre podemos elegir las circunstancias. Hay muchas cosas que no podemos elegir: el día que hace, la familia de la que procedemos, el color de nuestros ojos o lo que les parecemos a los demás. Lo que siempre puedo elegir es la actitud con la que abordo esas circunstancias. Mi actitud, como mis pensamientos, mis emociones o mis actos son responsabilidad mía. Eso, afortunadamente, si está en mi mano. Y siempre puedo elegir quererme.
Etiquetas: autoestima
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